Revista Pausa

La osadía de ser mujer política

Compromiso, vocación o destino: distintas razones las llevaron a abocarse a la gestión pública. Conversamos con cuatro parlamentarias sobre los desafíos de disputar un espacio predominantemente masculino.

El escenario que habitan frecuentemente es un campo de batalla. Son varias las armas que usan para que no las callen o las dejen fuera. Pero hoy las encontramos descontracturadas, en espacios seguros, hablando de todo lo que implica ser mujer política en Paraguay.

Para entender el desafío que significa disputar un espacio masculinizado como es el poder, podríamos remontarnos a 1961, cuando, después de 35 años de que los países de América Latina aprobaran el sufragio femenino, Paraguay dio el sí a la ley n.º 704 de Derechos Políticos de la Mujer, convirtiéndose así en el último país de la región en hacerlo.

En los siguientes periodos ya hubo mujeres parlamentarias; una de las primeras fue la activista por los derechos humanos Carmen Casco de Lara Castro. A pesar de que el voto femenino activo fue aceptado durante la dictadura de Alfredo Stroessner, recién a partir de la caída del régimen comenzó la incansable batalla de las mujeres por acceder a los espacios políticos, según los registros del Centro de Documentación y Estudios (CDE).

En 1991 los partidos políticos empezaron a incorporar las cuotas de participación en sus estatutos, y cinco años después se aprobó la nueva ley electoral que establecía el 20% para las mujeres en las listas primarias de los partidos.

La presencia femenina en el Congreso Nacional apenas llegaba a 5,3% en 1993. En la actualidad, el número ascendió a un 16%, que sigue siendo muy bajo en comparación con los demás países de la región y con lo recomendado por los organismos internacionales. Y, a pesar de los intentos por conseguir una ley de paridad, finalmente en el 2019 la Cámara de Diputados modificó el proyecto original, eliminando el cupo de 50% para las mujeres y estableciendo campañas de concienciación para mayor participación.

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<p>Esperanza Martínez, médica y senadora de la nación por el Frente Guasu. Hace unos días asumió la presidencia del Partido Participación Ciudadana, desde donde quiere rescatar la política como una herramienta social y hacer énfasis en la organización y en la formación de cuadros.</p>

Esperanza Martínez, médica y senadora de la nación por el Frente Guasu. Hace unos días asumió la presidencia del Partido Participación Ciudadana, desde donde quiere rescatar la política como una herramienta social y hacer énfasis en la organización y en la formación de cuadros.

Ninguna de las conquistas ha sido un regalo de quienes ejercen el poder. Las mujeres militantes, con aspiraciones políticas, han tenido que organizarse, reclamar y luchar por conseguir sus derechos. Es más, muchas veces debieron demostrar dos veces sus capacidades y méritos.

“Los compañeros varones se sienten interpelados por nuestra presencia. Tienden a desvalorizarnos constantemente. Siempre estamos como rindiendo cuentas y prácticamente tenemos que ser perfectas”, cuenta Esperanza Martínez, médica y senadora nacional por el Frente Guasu. Cualquier debilidad que pueda tener una candidata o parlamentaria, dice Esperanza, la atribuyen al género, pero cuando se trata de los hombres no se utiliza esa misma lógica.

“¿Alguien se pregunta la calidad democrática en la representación masculina? Sin embargo, a la hora de debatir sobre los cupos femeninos sí nos preocupamos”, cuestiona Kattya González, abogada y diputada de Central por el Partido Encuentro Nacional.

Kattya es una de las 12 mujeres entre los 80 miembros de la Cámara de Diputados. Actualmente, en la Cámara Baja ninguna de ellas ocupa un lugar importante en las comisiones que existen.

“¿Por qué no hemos tenido hasta ahora una presidenta en el Congreso?”, se pregunta Blanca Ovelar, quien junto a Esperanza suma ocho senadoras de 45. “Vos podés discutir, pero en las reuniones estratégicas donde hay temas candentes, una queda fácilmente en segunda línea, por más que tengas agudeza mental para analizar la realidad y decir tu opinión”, señala. Ella entiende que sus compañeros no van a ceder fácilmente y que tiene que pelear por conseguir su espacio.

Esperanza considera que esos lugares les corresponden legítimamente. “Cuando ellos sienten que una disputa la política, que ha sido siempre masculina, comienzan los conflictos y las dificultades. Las representaciones o los roles en la organización son puntos de discusión permanente”, indica. Martínez no solo se refiere al Congreso de la nación, sino también a la concertación a la que pertenece, porque a pesar de tener una posición progresista, finalmente termina primando la cultura patriarcal en la que estamos inmersos todos.

¿Por qué no?

Bajo el lema No puedes ser lo que no puedes ver, el documental Miss Representation explora la subrepresentación femenina en los puestos de poder de Estados Unidos y cómo, además, los medios de prensa no contribuyen a dar imágenes más positivas y menos violentas de las mujeres.

En un primer momento quizá no había muchas mujeres políticas que pudieran servir de inspiración para nuestras actuales parlamentarias, pero varias de ellas conocieron la militancia política por medio de sus padres, opositores al régimen stronista. Otras sintieron el compromiso y la sed de justicia por medio de sus profesiones, iniciando una militancia gremial en la salud, la educación y el derecho.

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<p>Celeste Amarilla, abogada y diputada de Asunción por el Partido Liberal Radical Auténtico. Amarilla suele ser foco de noticias en la prensa nacional, pero dice que nunca se sintió atacada. Al contrario, nota que actualmente existen más cronistas mujeres que tratan mejor la información.</p>

Celeste Amarilla, abogada y diputada de Asunción por el Partido Liberal Radical Auténtico. Amarilla suele ser foco de noticias en la prensa nacional, pero dice que nunca se sintió atacada. Al contrario, nota que actualmente existen más cronistas mujeres que tratan mejor la información.

Celeste Amarilla formó parte de la fundación de la Juventud Liberal Radical Auténtica y atravesó varios ciclos para animarse a ser candidata. “En una primera etapa, cuando era joven, pensé que no me correspondía por ser mujer. En una segunda pensé que, a pesar de que me correspondía y tenía derecho, no me iban a dar. Y en una última instancia, ya sabía que podía pero no estaba tan interesada porque prefería mi comodidad”, detalla. Sin embargo, asumió el reto y hoy es diputada de Asunción por el Partido Liberal.

Al principio, Celeste estaba muy preocupada; la verdad es que no sabía cuánto tiempo iba a aguantar, según relata. Entendía que iba a arriesgar muchas cosas. Pero finalmente hoy está cómoda y agradece que desde su lugar, al que sabe que muchas quieren llegar y que quizás nunca lo harán, puede demostrar su valor y el de sus compañeras.

Por su parte, la primera vez que Kattya se subió a su curul no fue en la sesión del Congreso, sino cuando fue concejal de Villa Elisa y los otros ediles se confabularon para, por mayoría, determinar que ella no hablara. Pero no se dejó intimidar; incluso, después de ese periodo lideró una lista como candidata a intendente de Villa Elisa y todas sus concejales eran mujeres.

“Tengo mis propios medios de defensa: un carácter extrovertido, soy histriónica y no me callo. Pero aquella mujer que a lo mejor no tiene mi mismo carácter, también debería contar con los mecanismos institucionales para luchar por sus derechos, por sus espacios, porque no todas tenemos que ser así”, dice González, quien también estuvo al frente de la Coordinadora de Abogados del Paraguay, donde denunciaba la corrupción del Poder Judicial.

Esperanza Martínez empezó su participación gremial siendo estudiante de Medicina y luego, ya como médica, formó parte del movimiento del Hospital de Clínicas en los 80. “En un país pobre como el nuestro no basta con conocer científicamente la manera de afrontar los problemas de salud y enfermedad, sino que en realidad pasa mucho por las condiciones sociales y económicas históricas que tiene la sociedad paraguaya”, menciona. Allí se dio cuenta de que no bastaba un trabajo individual y se involucró en la salud pública.

Martínez fue ministra de Salud en el Gobierno de Fernando Lugo, una de las gestiones mejor recordadas de ese periodo. “El día del golpe parlamentario, cuando fui a mi casa, con mi esposo, mi compañero de varios años y mis hijos, tomé la decisión de que a partir de ahí en adelante con más razón iba a abocarme a trabajar en política. En el Paraguay se necesita construir una alternativa política de cambio real y no solamente de alternancia”, señala.

Blanca Ovelar fue la primera candidata a la presidencia del Partido Colorado, y reconoce que fue una decisión bastante audaz. “Fue una apuesta política arriesgada en un partido sumamente tradicional, machista hasta el extremo, de una estructura vertical donde la participación de la mujer siempre fue periférica”, afirma. Rememora que su candidatura fue silenciosamente resistida por muchos líderes de su partido.

En esa época había diferentes jefas de Gobierno en la región, como Michelle Bachelet en Chile, Cristina Kirchner en Argentina y Dilma Rousseff en Brasil, por lo que existía la esperanza que en nuestro país también se diera este cambio. Tenía intenciones de marcar una diferencia: ya en su rol de ministra de Educación conoció la realidad social del país en cuanto al acceso a la educación y a otros derechos básicos. Pero entendía que se enfrentaba a un montón de obstáculos que se magnificaban por el hecho de ser mujer.

El equilibrio entre lo público y lo privado

En la investigación Las mujeres y la política en Paraguay, Lilian Soto y Gabriela Schvartzman conversaron con diferentes actores políticos tanto masculinos como femeninos. Ellos dieron a conocer que muchas mujeres se excluyen de la política porque creen que es un asunto muy lejano a sus vidas. Otro de los motivos lo atribuyeron a los roles de género, que confinan a las mujeres al ámbito privado, el hogar, como responsables de las tareas domésticas y de cuidado.

“La vida cotidiana de una familia gira en torno a la tarea que desempeña la mujer, eso le deja muy poco tiempo para dedicarse a la política. Y si decidís abocarte a eso, es mucha la carga emocional que te transfieren”, asegura Kattya. En su caso, tiene un matrimonio en el cual se distribuyen muy bien las tareas de cuidado de sus hijos.

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<p>Kattya González, abogada y diputada de Central por el Partido Encuentro Nacional. Para ella la política es la búsqueda de la felicidad colectiva. Sabe que no llegará a ver los cambios por los que lucha, pero disfruta del proceso, se siente como la gota que perfora la piedra, no por su fuerza, sino por su perseverancia.</p>

Kattya González, abogada y diputada de Central por el Partido Encuentro Nacional. Para ella la política es la búsqueda de la felicidad colectiva. Sabe que no llegará a ver los cambios por los que lucha, pero disfruta del proceso, se siente como la gota que perfora la piedra, no por su fuerza, sino por su perseverancia.

“Es muy importante el sacrificio y la comprensión de nuestros hijos, padres y compañeros de vida, que de alguna manera tienen que ser muy solidarios con nuestras decisiones personales con relación a nuestra vida política”, agrega Esperanza, quien con su marido siempre logró compartir de manera igualitaria las responsabilidades que conlleva una familia.

“Las mujeres administramos nuestra casa. Somos madres, esposas, hijas, hermanas, y todos esos roles juntos nos plantean demandas que no podemos delegar. El amor es indelegable”, reflexiona Ovelar.

Entonces, para compaginar esas dos vidas, la política y la familiar, las parlamentarias generan pequeños espacios de calidad para compartir con los suyos y compensar las ausencias que muchas veces tienen por el trabajo del día a día. “Es el desafío de todas las mujeres y debería ser también de todos los hombres: dedicar horas a trabajar y que, en las otras, podamos dar calidad a nuestras familias en términos de que sean espacios para conversar, conocer sobre sus vidas, acompañarlos en sus triunfos y fracasos”, considera Esperanza.

Para Kattya es imprescindible hablar con sus hijos y explicarles también sobre su labor. “Estas son válvulas de escape: la realización profesional y personal es algo fantástico en la vida de un ser humano”, manifiesta.

Violencia diaria

Una de las mayores trabas que encuentran muchas mujeres políticas a la hora de ejercer sus cargos es que sus compañeros ni siquiera las tratan como personas, siguen reduciéndolas a la categoría de objetos.

Kattya recuerda que el diputado Miguel Cuevas a la hora de referirse a sus compañeros lo hacía como “señor diputado”, pero cuando se dirigía a una de ellas utilizaba calificativos como “mamita, mi amor, mi reina”. “Para muchos de ellos, somos una cosa, un adorno, un ornamento. He sufrido violencia dentro de la Cámara, una violencia política, que está reglada y condenada por la ley n.° 5777 pero no está sancionada. Entonces, de qué nos sirve la condena lírica sin sanción. Así cuesta muchísimo erradicar”, alega González.

“Utilizan por ejemplo el chiste como descalificación, pero en realidad es una manera indirecta de colocar la desigualdad de oportunidades, una situación no asumida todavía por la gran mayoría de la sociedad paraguaya”, sostiene Esperanza.

“Todo el tiempo tratan de cosificarte. Quieren desviar la atención de lo que estás diciendo. Si no saben cómo rebatirme políticamente, deberían callarse. Yo no me meto con sus cosas personales”, opina Amarilla.

“Muchas veces subestiman la concepción que tenés sobre temas de Estado. Hay ciertos tópicos en los que ellos creen que sus opiniones pesan más. No es fácil, porque entrás a un ambiente desigual, donde necesitás demostrar mucha más competencia para igualarte”, expone Ovelar, a quien le ha tocado ceder en ciertos temas en los que sabía que su posición era la correcta o la ideal.

Tanto Kattya como Celeste comparten la mala experiencia de que se han metido con sus vidas personales e íntimas. “Siempre estamos expuestas a que jueguen con nuestra sexualidad, que todo el tiempo está comprometida cuando una ejerce un determinado cargo”, subraya la abogada.

Empatía y solidaridad para seguir

La palabra ha sido una herramienta clave que han encontrado las parlamentarias para que no las pasen por encima, aquella que transporta ideas y argumentos. Pero no basta solo con expresarse, también es necesario mirar más allá de una misma.

“Nosotras debemos tener unidad en la diversidad, eso es algo que hay que construir. Si las mujeres que estamos en los espacios no nos unimos, a pesar de nuestras diferencias, entonces va a ser difícil marcar una hoja de ruta al machismo”, declara Kattya. También cree que es necesario conocer los protocolos y medidas que las protegen, desmontar a través del conocimiento las falacias que sostienen quienes quieren descalificarlas.

“Necesitamos políticas de apoyo y de sinergia. Escucharnos e identificarnos, hacer ese ejercicio que construye lazos. Hoy tenemos muchísimos casos difíciles de abordar como el acoso y también nos falta empatía”, recalca.

En ese sentido, Esperanza hace énfasis en la solidaridad entre las mujeres, en el encuentro y en las formas de sanar colectivamente: “Nosotras venimos de una tradición comunitaria y tenemos que valorar eso. Más allá de lo que podamos hacer de forma individual, necesitamos que la sociedad vaya produciendo cambios en su conjunto”.

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<p>Blanca Ovelar, docente, psicóloga y senadora de la nación por la Asociación Nacional Republicana. Ovelar cree que en su partido existen muchas mujeres capaces que deberían estar ocupando cargos públicos y a las que alienta a que disputen el poder real.</p>

Blanca Ovelar, docente, psicóloga y senadora de la nación por la Asociación Nacional Republicana. Ovelar cree que en su partido existen muchas mujeres capaces que deberían estar ocupando cargos públicos y a las que alienta a que disputen el poder real.

Una mirada integral

La importancia de la presencia de las mujeres y otras identidades en el Congreso no solamente tiene que ver con una cuestión de representación, sino también para poder legislar de manera integral e incluir todas las perspectivas o cuestiones particulares sobre ciertos sectores a la hora de promover una política pública.

En palabras de Blanca, como la mujer entiende el sentido de urgencia que requieren algunas situaciones, es capaz de dimensionar la enorme necesidad de un Estado más presente y cómo los requerimientos de derechos básicos chocan con la burocracia reinante. “Veo a los hombres más indiferentes a la necesidad del otro. Nosotras somos más compasivas y empáticas ante el sufrimiento del otro”, expone.

Para ella, el mundo que manejan los hombres está lleno de desigualdades, de violencia y problemas con el medioambiente. Por lo que cree que necesitamos una mejor gobernanza a nivel global y para eso es importante el aporte de las mujeres, que será clave en la búsqueda de justicia social.

Kattya, por su parte, sostiene que estando dentro de la Cámara de Diputados se puede constatar la violencia estructural que empieza desde el presupuesto: “Si mirás la incidencia del Presupuesto General de la Nación a programas que tengan que ver con el fortalecimiento de los derechos de la mujer, vas a encontrar que nunca vamos a saldar las deudas que tenemos, porque hay una violencia presupuestaria de la cual no se habla”.

En nuestro país los números de pobreza, violencia y exclusión tienen rostro de mujer y comprender esto, conforme argumenta Esperanza, es clave para plantear legislaciones o políticas que sean transformadoras de la realidad. “Tenemos que entender que si queremos cambiar las situaciones de desigualdad e injusticia social en su conjunto, debemos tener en cuenta las cuestiones particulares que afectan a las mujeres”, finaliza.

Quizás no compartan las mismas ideologías, pero tienen fuertes intenciones de incidir positivamente en la sociedad paraguaya. Todas buscan devolver a la política su sentido real: el colectivo. Para ellas es importante también reivindicar la clase política, que, consideran, está tan devaluada. En algún futuro, ojalá, bromearon entre risas, de este círculo salga la futura presidenta del país.

Dirección de arte y estilismo: Gabriela García Doldán / Dirección de producción: Bethania Achón / Producción: An Morínigo / Fotografía: Javier Valdez / Make UP: Romina Valinotti, Alejandra Carreras y Natalia Echeverría para Romi Valinotti Make Up / Hair: Lorena Dávalos para Romi Valinotti Make Up / Prendas: Mango / Agradecimientos: Hotel Guaraní.

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