“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia”. El seguir a Jesús, ser su discípulo y vivir conforme a sus enseñanzas nos implica esfuerzo. Esta lucha, esa cruz, lejos de entristecernos, nos llenarán de paz y de alegría.
Las palabras de Jesús que la iglesia nos propone en el Evangelio de hoy nos hablan de Juan el Bautista, de quien el Señor afirma que es un profeta y más que un profeta, porque “no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que él”.
Es un gran elogio a Juan, es más mayor que los grandes profetas y reyes de Israel porque “todos los Profetas y la ley profetizaron hasta Juan”.
Este Reino desde Juan “padece violencia”; el mismo Bautista está encarcelado por haber dado testimonio de la verdad. Y esa realidad se mantiene hasta el día de hoy. El seguir a Jesús, el pisar en donde él pisó, el ser discípulo de Cristo y vivir conforme a sus enseñanzas nos implica esfuerzo.
El mismo Señor cuando nos invita a seguirlo nos avisa que “si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga”. Como nos recuerda San Josemaría “esa fuerza no se manifiesta en la violencia contra los demás: es fortaleza para combatir las propias debilidades y miserias, valentía para no enmascarar las infidelidades personales, audacia para confesar la fe también cuando el ambiente es contrario”. Esta lucha y este esfuerzo, lejos de entristecernos, nos llenarán de paz y de alegría porque nos facilitarán estar más cerca de Dios.
(Frases extractadas de https://opusdei.org/es-py/gospel/2023-12-14/).