12 abr. 2026

La hipocresía y la muerte

Carolina cuenca

Mucho se habla de los dobles mensajes y de la hipocresía de nuestros formadores de opinión y de los líderes sociales en varios campos. Por ejemplo, en el relacionado con la publicidad, donde se nos induce constantemente al vicio, al consumismo y a la violencia y luego esa misma publicidad auspicia programas y eventos que tratan con preocupación el aumento del vicio, del consumismo y de la violencia. ¡Uf!...

Es así. La hipocresía está a la orden del día entre nosotros. Es casi un mecanismo de defensa para quienes no se animan a encarar sus preguntas fundamentales ante la realidad que les interpela y se ponen esta máscara de cinismo o de sabetodología light que les ahorra la preocupación de profundizar.

Ante la muerte violenta de una persona vinculada a la narcopolítica como fue Magdaleno Silva, por ejemplo, uno que entra en el juego de la hipocresía se puede colocar en el lado más soberbio del péndulo y reclamar coherencia, hasta festejar la cosa, como han hecho algunos (recuerdo a aquellos que hablan con la boca llena de los “hombres escombro” y luego ellos... ¡qué hipocresía!); pero también la hipocresía puede estar en la base de los pésames más sentidos. No hablo de sus familiares, aclaro, sino de nosotros, los que estamos sentados muchas veces en el banquillo de la sabetodología light como si nunca llegara a pasarnos en primera persona.

Lo mismo ocurre con la violencia sexual que está en el origen de varios dramas familiares y laborales, y afecta la vida de tantos niños etiquetados con superficialidad como “no deseados” o “explotados” o “manipulados”.

¿Quién nos enseña a ir un poco más allá en nuestras apreciaciones de la realidad? Tampoco se trata de negarla o imponernos un silencio incómodo ante ella. Me refiero a que hay como una nostalgia en el interior del ser humano cuando lo que se nos da como criterio para juzgar estos hechos no nos permite arriesgar las propias comodidades para interrogarnos más a fondo sobre lo que está ocurriendo.

Me pregunto, sinceramente, ¿no será que al reducir nuestras relaciones y conductas a simples reacciones químico-afectivas, empujamos a la deshumanización más cruel?

Más cruel, sí, pero no solo porque haya disparos y violaciones de por medio, lo cual ya es gravísimo y horrible, sino por la enorme indiferencia e indolencia que se va desarrollando. Estamos endurecidos. Y esto no se cura con la aplicación de más leyes. La hipocresía se nos ofrece como hedonista compañía o relajante autojustificativo legalista. Sin embargo, a muchos ya no nos alcanza para entender. Necesitamos referentes morales que nos permitan ir un poco más al fondo de la realidad y respirar un aire menos fétido.

Más contenido de esta sección
Este 14 de febrero, una reflexión sobre el amor propio como base de todo vínculo, la diferencia entre enamorarse y amar, y la importancia de construir relaciones libres en una cultura marcada por la superficialidad.