29 may. 2026

Cosmos: Templo del cine asunceno que sucumbió ante auge de shoppings

Inactivo. Fachada del lugar delata olvido del microcentro.

Inaugurado alrededor de 1978, el Cine Cosmos fue un espacio moderno y exitoso que formaba parte del circuito de cines que atraían al público del centro de la capital.

Carlos Biedermann, director de Cinematográfica Internacional del Paraguay (hoy denominada Starmovie), recuerda que el éxito se basó en una inversión en publicidad televisiva a través de Canal 9, pero también del boca a boca que se daba entre quienes acudían a la sala.

Su hermano, Hansel Biedermann, director de Media Group, relata que el Cosmos se inauguró con Viaje al fin del mundo (1976), de Jacques Cousteau, pero la explosión real llegó con Subí que te llevo” (1978), película argentina protagonizada por Sandro y María Valenzuela. Biedermann recuerda que en esta época se observaban filas de varias cuadras para acceder al lugar.

El Cosmos era una sala con capacidad para 1.100 espectadores, divididos entre platea y un área tipo pullman vip con asientos de pana acolchados. Fue pionero en introducir el sonido estereofónico y las lámparas de xenón, un avance que eliminaba el humo tóxico de los antiguos proyectores de carbón, según Biedermann.

Hansel rememora que el estreno de las películas exigía una logística especial: con una sola copia de 35mm, los rollos viajaban hacia lugares como al Cine Gloria de Luque, mientras se proyectaba la otra mitad en el centro para que la función no se detuviera.

“La particularidad de las películas que venían a Paraguay, es que venía una sola copia de 35 milímetros y esa copia se usaba para varios cines a la vez”, detalla el empresario.

En los 80, con la llegada del VHS y la piratería, más allá del Cosmos, hubo cines que resistieron con promociones de una entrada por varias películas, lo que permitió que se dieran “maratones” desde la mañana hasta la medianoche.

Un evento importante dentro del Cosmos ocurrió en la Navidad de 1992. Con el estreno de Mi Pobre Angelito 2, el cine habilitó sus dos niveles como salas independientes y en un día logró meter a unas 3.500 personas.

“Se había estrenado en una de las salas y en la otra había otra película, y el éxito fue tal que hubo que habilitar la otra sala, y cada una hora empezaba la película. Eso es el algo que después se ve en los shoppings, pero en esa época era inédito”, recuerda Biedermann.

El Cosmos vivió la decáda de los 80 y mediados de los noventa con buena salud, pero el cambio del modelo de negocio, con la migración hacia los shoppings durante la década del noventa, y el fin del contrato de alquiler, marcaron el fin definitivo. El Cosmos, como indicó Hansel, cerró sus puertas en enero de 1997 con la película Día de la Independencia (1996).

¿Lo podrán resucitar? Carlos asegura que revivirlo como cine es hoy “imposible” por los costos de mantenimiento y la falta de estacionamiento en un centro histórico que perdió su brillo.

Para los Biedermann, el modelo de las grandes salas de 1.000 personas sucumbió ante los multicines de los shoppings. Se dejó atrás una época donde ir al cine era una experiencia social apreciada por las familias asuncenas, marcada por el encuentro de los niños en las matiné y el de los más grandes en los bares, tras el final de las funciones.

  • Sin apoyo externo fuera del sector privado, esos espacios hoy en día no son viables para que tengan una ganancia. Hansel Biedermann, director de Media Group.
  • Es gran inversión (restaurar el lugar), pero el negocio tiene que estar en función al amor al cine para que eso funcione. Sergio Ferreira, periodista.

    Deterioro del local dista de su pasado dinámico y popular

Pese a su deterioro, el lugar es fuertemente custodiado por sensores de movimiento y alarmas. Edwards, quien alquila el local desde 2020, según recuerda, describe que el edificio presenta cables colgando, restos de muebles viejos y grafitis en su fachada, donde además se acumulan basuras y hasta suelen verse personas recostándose.

En 2023, aprovechando que unos obreros dejaron la puerta abierta, personas extrañas ingresaron y extrajeron objetos del lugar.

Edwards admite que el sitio es “hermoso pero caro de cuidar”, pero que está abierto a recibir propuestas de proyectos, en el caso de que los hubiere, para desarrollar una restauración.

Esta oscuridad actual contrasta con las anécdotas del periodista Sergio Ferreira, quien resalta el dinamismo que generaba el lugar.

“El Cosmos era una de las salas principales. Tenía mucha promoción en la televisión, mucha publicidad. Se pasaban siempre los trailers de las películas que estaban en estrenos y entonces eso significaba que el cine tenía mucho movimiento”, rememora.

“Ir al cine era una salida. Con toda la familia nos íbamos a ver lo que sea. Era una experiencia. Vos te ibas al cine y después salías y te ibas al bar de la esquina. Siempre había una confitería, un café cerca del cine, a una cuadra o enfrente. Eso era clásico”.

Tras el cierre del cine, el local albergó boliches como Coco Bongo y Hollywood, una etapa recordada por sus plataformas de baile que cambiaron el objetivo original de los espacios.

Para Sergio Ferreira, el Cosmos podría funcionar hoy como un centro cultural a través del cual se rescate la estructura de su deterioro y de la marginalidad que hoy la afectan.

“Es un trabajo de mucha inversión. Pero si se hace bien, yo creo que puede funcionar. Más allá del negocio, tiene que estar en función al amor al cine para que eso funcione”, expresa.

Hansel Biedermann, por su parte, asegura que quienes trabajan en cine “solamente trabajan por amor”. “Pero sin un apoyo externo fuera del sector privado, esos espacios hoy día no son viables para que tengan una ganancia. Pero si hablamos solo de mantener los edificios, estoy de acuerdo en la restauración”, observa.

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