05 sept 2026

La diplomacia cultural

Bandera

Bandera flameando

En la Cancillería Nacional tuvo lugar recientemente una exposición por parte de los ministros Salvador Meden, Manuel Tornato y otros. Entre los presentes: Aníbal Saucedo Rodas y Ana Martini, quienes manifestaron, en sólidas y muy buenas exposiciones, los valores que tendría para el Estado paraguayo a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores ejercitar una política de propagar por medio de nuestras representaciones diplomáticas nacionales, una propagación activa, dinámica y programada de valores del Paraguay, en todas sus formas expresivas; arte, literatura, cerámica, etc., entre los bienes materiales y los inmateriales, y entre lo que se refiere a sus valores inmateriales, como ser su gente, costumbres y geografía. Realmente, fueron varias ponencias que hacían pensar en un repensar de exteriorizar también nuestra consolidación económica, cultural y moral, y exponer al mundo a un país mediterráneo, ubicado en el centro de Sudamérica, de bienes muy considerables.

En ese relatorio, se señaló muy oportunamente, el valor de la regionalización y mundialización del país, en los puntos señalados.

Se expuso que grandes escritores nuestros, tales como Casaccia Bibolini, Roa Bastos, Campos Cervera, Elvio Romero etc. habían tenido su formación final o, por lo menos, poder adquirir los medios idóneos, de una gran ciudad como Buenos Aires para darle una mano de alta proyección a toda la obra de los citados, entre otros muchos, que conocieron al mismo tiempo ese interesante fenómeno.

En el debate que siguió, me permití exponer que la exteriorización de nuestros valores culturales, preferentemente los materiales (literatura, arte, historia y otros) obliga a aceptar un problema, y carencia básica en el Paraguay.

La educación nacional ha caído en unos treinta años a un nivel alarmante y decadente, que no había sido la constante anterior, los maestros y los textos escolares campeaban y competían en altura didáctica y que de allí salieron los grandes escritores que hicieron más internacional a nuestra obra autoral y que en el caso citado, de Buenos Aires, como “pila bautismal de la cultura paraguaya”, como lo dijera Roque Vallejos. (1968)

Expresé, que la educación nacional, a razón de nuestro mal manejado bilingüismo, que al ser real, pero mal entendido, apunta y retarda a las dos lenguas nacionales. Varios países manejan varios idiomas como punto de expresión, rica y valiosa, en cada una de ellas, pero ello favorece, en el factor educativo bien usado en estos. Pero en nuestro caso, el bilingüismo por la mala educación, pero en un óbice de la expresión genuina y clara en nuestro país, por usar “una tercera lengua” (Josefina Plá) el jopara, como una forma de salvar el manejo acordado, a su tiempo de cada una de ellas, es el factor retardatario en nuestro caso.

Decía que pasando por una suerte de “nacionalismo” mal entendido, vamos empleando al español como lengua de entendimiento social y oficial, creando la confusión de ser un país, que renuncia al hecho nacional, de tener dos idiomas en equilibrio y uno de ellos, el castellano es con valor comunicativo de impronta internacional.

En los años 20 del siglo XX, se creó la Academia Paraguaya de la Lengua Española, cuyo primer presidente fue el Prof. Dr. Luis de Gásperi, quien, amén de hablar con excelencia el español, lo hacía también con el francés, el italiano y el guaraní, lo que le llevó a escribir, en 1950, un glosario de la poesía guaraní, de alto valor testimonial. La lengua oficial era entonces el español, que se enseñaba en los colegios con propiedad, obra del Dr. Ramón I. Cardozo, educativo de entonces, y ¿por qué no?, de los lingüistas Delfín Chamorro y los hermanos Lezcano: (Luis A., Gustavo y Aida) que le dieron vigor en textos al estudio –y uso– de ese idioma.

En los cambios constitucionales, 1967, 1992, vino, y se cita mal, el añadido del guaraní, con valor nacional y respaldo jurídico. Pero la situación empeoró, con la ley de lenguas como también oficial, hija de aquel, que dio marco al guaraní, como también oficial, pero con menoscabo de las otras lenguas originarias, y que incluso, se protege a los idiomas foráneos como el brasileño y el alemán, con el riesgo y penetración de esos idiomas foráneos.

Se creó hace años la Academia de la Lengua y Cultura Guaraní, hija de grandes lingüistas guaraníes como Decoud Larroza, Bareiro Velázquez, y Lino Trinidad Sanabria, solo por citar a algunos de esos ricos estudiosos. Muchos escritores de nuestro tiempo; Susy Delgado, Moncho Azuaga, Mario Rubén Alvárez y Saucedo Rodas, se manejan con propiedad en redacciones en ese idioma. Entre los políticos, cito a Juan Carlos Galaverna, y entre los periodistas cito a Óscar Acosta.

Pero el empobrecimiento de nuestra duplica lingüística, preferentemente, pero no exclusivamente, un hecho del todo injusto y perjudicial. La Academia de la Lengua Guaraní tiene desde hace lustros, provisión de fondos cuantiosos, del Presupuesto General de Gastos de la Nación. A su vez, la Academia Paraguaya de la Lengua Española no posee ningún apoyo económico para su labor valiosa, en textos y estudios, adecuados a nuestra realidad. En donde los doctores Juan E. Aguiar, Moreno Ruffinelli, Julio Lezcano, Leni Pane, entre muchos otros sobresalen, por la ubicación del idioma español, a nuestra realidad, a su internacionalismo, y al manejo del español, como un compromiso y expresión en nuestro mundo educativo y cultural.

El Estado paraguayo no comprende, que mucho de la falta de diálogo nacional y el debate a nivel elevado, proviene de la cada vez más pobre adecuación al español, como en el valor expresivos del guaraní comprendido por la población, en general, y en saber manejar con propiedad en ambos idiomas. Sin ello, seremos hermanos separados, más que unidos por los idiomas.

Mientras no se enriquezca el valor expresivo de ambos idiomas, seremos parlantes de una tercera lengua –el jopara– y seremos de expresión empobrecida y carentes de comunicación comunitaria entre nosotros y con terceros.

La educación nacional ha caído en unos treinta años, a un nivel alarmante y decadente, que no había sido la constante anterior, los maestros y los textos escolares campeaban y competían en altura didáctica y de allí salieron grandes escritores.

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