Opinión

La desatinada admiración que condena a Marito

Susana Oviedo Por Susana Oviedo

Ya no tiene remedio: Mario Abdo Benítez lleva las de ganar a quien lo precedió en el cargo –Horacio Cartes– en cuanto a la facilidad de decir disparates, expresarse con exabruptos y demostrar desatino. Aunque falta año y medio para que fenezca su mandato y se tenga el balance final, todo apunta a que en estas cuestiones Marito será el indiscutible vencedor.

El lunes se mandó esta frase, en el Chaco: “Después del general Stroessner, que ha hecho mucho por el Chaco paraguayo, inclusive en su condición de combatiente, este Gobierno es el que más ha hecho, en homenaje justamente a esa sangre derramada en los tiempos difíciles por los buenos hijos de nuestro país”.

Una vez más reivindicó a su admirado general, al benefactor de su familia, y de quien él tiene una versión almibarada de lo que realmente fue y representó el dictador. Tiempo ha tenido para enterarse mejor y conocer las verdades históricas del stronismo. Pero evidentemente se empeña en conservar solo lo que él y pocos niños y jóvenes privilegiados por ese régimen habrán conocido de alguien que gobernó en base al terrorismo de Estado.

De todos modos, es un despropósito que a esta altura de la historia del Paraguay siga resaltando a alguien así, por más que su padre haya sido el secretario privado del déspota Stroessner. Se supone que Mario Abdo Benítez es un gobernante de la época democrática y que como tal gobierna para todos los habitantes del país.

Por lo tanto, no puede estar ensalzando, cada vez que puede, la figura de alguien que está asociado al dolor, a los horrores de la tortura, a las detenciones ilegales, al exilio y a la desaparición de algún ser querido de cientos de familias. Muchos de ellos, hasta el presente, no se sabe dónde fueron sepultados, por lo tanto, no han pido recibir siquiera las exequias por parte de sus seres queridos.

Con Stroessner, de quien también se conoce su tendencia a la pedofilia, miles de compatriotas sufrieron injusticias y hasta les robaron la vida solo por pensar diferente, defender los derechos humanos o reclamar libertad. Esa libertad que sobrevino en el 89 y gracias a la cual Abdo Benítez, aún siendo hijo del secretario privado de Stroessner, llegó a la presidencia.

Por eso, con expresiones como las del lunes lo que hace es demostrar que no aprendió que en su condición de mandatario se debe a todos los paraguayos. Por tanto, debe respetar a los que no estuvieron, como él, dentro del pequeño círculo de privilegiados y protegidos por el régimen que subyugó al país durante 35 años.

Por otra parte, tampoco fue muy lúcido al decir que desde Stroessner su gobierno es el que más ha hecho por el Chaco, si consideramos el atraso en que se hallaba esta mitad del país en la época de Stroessner, incluyendo las colonias menonitas. Además, si ese es su punto de referencia, qué poco han hecho los sucesivos gobiernos colorados post-Stroessner, incluyendo el de Abdo Benítez, por los habitantes del Chaco. De ello pueden testimoniar las comunidades indígenas que sobreviven en medio de la miseria en esa parte del territorio nacional. Algunas ni siquiera pueden acceder a agua potable. El desatino sube en escala al resaltar el acueducto y la ruta Bioceánica como las obras trofeo de su gestión gubernamental en el Chaco. Y es que en realidad estas son obras que se diseñaron y encaminaron en gobiernos anteriores, muchos años atrás, y cuya realización se debe en gran medida al impulso de la cooperación extranjera, como en el caso del acueducto. Si un jefe de Estado responde: “¡Qué querés que haga!” a una persona que acababa de perder a otro miembro de su familia a manos del crimen organizado y reclamaba mayor acción del Estado, tal como contestó Abdo Benítez al gobernador de Amambay, qué más se puede esperar de él. Respuestas como esa y otras muchas de ese tenor, y su admiración a Stroessner, conforman los rasgos resaltantes que quedarán en la historia de este presidente.

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