Pretendemos esbozar una investigación “dogmática” con relación directa a la criminalidad organizada, lo cual, advierte una línea distinta de la empleada para los casos de delincuencia (común). Es que, a partir del debate ontológico, se percibe una estructura compleja que se orienta a ilicitudes transnacionales, por lo que, las investigaciones en tales casos reclaman una proactividad, integración y suficiente inteligencia estratégica.
Conforme a lo anterior, es imprescindible “reconstruir” el funcionamiento de la organización, y por supuesto, lograr identificar a cada integrante, con sus respectivos “roles”; pero también, es necesario determinar sus (fuentes) de financiamiento y, para ello, se debe perseguir a toda la circulación de las ganancias ilícitas. Entonces, lo proactivo certifica el hecho descubierto, a partir de “transferencias” sospechosas, o un fraude informático, integrándose la “inteligencia” estratégica para analizar cada información acerca de la “composición” y los (recursos) con los que cuenta la organización criminal.
Ahora bien, ocupa relevancia distinguir qué mercados ilícitos se explotan, así como qué relaciones existen con otras organizaciones, puesto que, todo se concatena en la visión de los delitos económicos, porque las organizaciones criminales funcionan como verdaderas empresas “ilícitas”. Es decir, se instalan a partir de un “capital”, congenian la división de roles, y poseen administradores, así como, mecanismos de reducción de riesgos.
Es así que, en casos de lavado de activos, corrupción o criminalidad informática patrimonial (entre otras cuestiones), persiste una estructura dedicada a tales injustos penales; y para ello, utilizan todos los mecanismos posibles para fragmentar transferencias o dificultar la identificación del beneficiario final. Ante ello, se ha tomado aprecio (en los últimos tiempos), de que la transformación “tecnológica”, por más beneficiosa que sea para la sociedad en general, también ha establecido una nueva dimensión de riesgo.
Conforme a lo dimensionado, se debe ponderar la situación actual que persiste ante la distinción entre la Deep Web, Dark Web y Darknets, pues bien, la Deep Web revela contenidos que no están “indexados” por los buscadores convencionales, como sucede con los correos electrónicos o las bases de datos, mientras que, la Dark Web, por el contrario, ocupa una “pequeña” parte del internet que se encuentra totalmente “oculta”, es decir, sólo puede accederse mediante algunos programas y/o configuraciones específicas. Por último, están las Darknets, que, podrían catalogarse como redes tecnológicas, tal como se percibe con Tor o I2P, y que permiten alojar y acceder a esos contenidos.
No debemos mal interpretar que toda “actividad” que se desarrolla en una darknet, sería ab initio criminal, pues bien, lo que ocurre es que estas herramientas buscan proteger la privacidad, pero, tal caracterización es lo que ha permitido (a su vez) el anonimato, que es potenciado por las organizaciones criminales para crear mercados “clandestinos” y ante ello, realizar ofrecimientos de bienes ilícitos o venta de datos sustraídos (ilícitamente), o la coordinación de operaciones transnacionales, como la trata de personas.
Es por tanto que, la Dark Web tiende a constituir un espacio deseado por las organizaciones delictivas, pues bien, les permite una infraestructura favorable para ocultar identidades, reduciendo en gran porcentaje aquella exposición de sus miembros.
Así, tenemos que los mercados clandestinos resultan el eje “negativo” en el ciberespacio, con posibilidad de ofrecimiento de productos y servicios irregulares.
En definitiva, todo ámbito de la criminalidad organizada se ha perfeccionado, hasta (inclusive) lo referente a la utilización de “criptoactivos” como instrumentos de pago por su rapidez y alcance internacional.
Por ello, cada investigación e inteligencia aplicada, debe combinar análisis financiero, trazabilidad digital, identificación de dispositivos, datos obtenidos de plataformas y la cooperación internacional, con el propósito de lograr alcanzar a los miembros de las organizaciones.
Sin duda, no es una tarea fácil ante los desafíos planteados, al decir de la distribución entre servidores de varios países y protegida mediante cifrado, pero se debe ampliar el perfeccionamiento de investigaciones inteligentes, a los efectos de evitar que las organizaciones criminales puedan seguir actuando en sitios específicos como la Dark Web.