17 mar. 2026

Indígenas se organizan para defender “vida digna” de sus menores

La Articulación de Mujeres Indígenas del Paraguay (Mipy) se ha propuesto este 2020 delinear una agenda de trabajo propia, más allá de las políticas públicas, o por el olvido de estas, que defienda y cuide la “vida digna” de los menores de sus comunidades, expuestos a la violencia, el abuso sexual y las adicciones.

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En la Articulación de Mujeres Indígenas del Paraguay (Mipy) trabajan en el desarrollo de las mujeres indígenas desde hace varios años.

Foto: @mujeresindigenaspy

La elección de la niñez, la adolescencia y la juventud como el centro de esta lucha fue su respuesta a la dejadez que vieron por parte de la Justicia paraguaya ante un caso de abuso de una menor indígena, que apareció maniatada en un local abandonado del centro de Asunción.

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Sin embargo, ni ese suceso ni esa actuación por parte de la Justicia representan un hecho aislado para las comunidades indígenas, que ven cómo sus denuncias quedan postergadas.

Paulina Villanueva, del pueblo guaná e integrante de Mipy, conversó con Efe durante la celebración de un encuentro esta semana en Asunción y expresó su indignación ante la Justicia.

“El caso de los hermanos indígenas casi normalmente no se toma con rapidez y tampoco se da respuesta enseguida. Siempre tardan para dar respuesta a los temas indígenas”, lamentó Villanueva.

Las mujeres de Mipy pidieron esta semana una audiencia con la fiscal general del Estado, Sandra Quiñónez, pero hasta el momento siguen esperando su respuesta, según informaron a Efe desde la organización.

Hasta que Quiñónez se ponga en contacto con ellas, las indígenas han optado por las “acciones concretas” y “ver los casos judiciales por expediente, con abogados, por supuesto”, como dijo Villanueva.

Deporte y música para proteger a los menores

La líder Jacinta Pereira, del pueblo sanapaná, asumió el mando de la comunidad indígena de Redención, en el Departamento de Concepción, hace 13 años y desde entonces se ha preocupado por presentar el deporte y la música a los jóvenes de su comunidad como una alternativa “para dejar de lado los vicios”.

Pereira busca así alejarles de los peligros que conlleva vivir “en la zona urbana” y evitar que caigan en la drogadicción o que sean víctimas de violencia o abuso.

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Como mujer se siente “mamá, amiga y compañera”, y como líder de su comunidad “asume la responsabilidad de tener muchos hijos, que no es solamente uno, sino todos y a todos les considera por igual”.

Ese sentimiento lo trasladó también al encuentro de Mipy, en el que se dio “preponderancia (...) a algo muy sensible, que es la vida de un niño o una niña”.

“Un niño o una niña tiene derecho a vivir esa vida digna (...). No sabe todavía cuál es la responsabilidad el día de mañana, pero es importante que esa persona, en la niñez, pueda vivir cada momento de su vida y que cada uno de nosotros, como papás y mamás, seamos responsables de que esa criatura pueda crecer normalmente y disfrutar esa vida que lleva hasta el día de mañana”, enfatizó Pereira.

Población invisibilizada

Tania Vera, una joven ava guaraní procedente de Curuguaty, en el Departamento de Canindeyú, comenzó a intervenir y participar en reuniones y organizaciones indígenas desde que tiene memoria.

Vera, a punto de terminar la carrera de Derecho, acudía a esos encuentros con sus padres y pronto supo cuáles eran las preocupaciones que le movían.

“Yo me identifico demasiado con la situación de la mujer, de los niños y adolescentes, porque somos los que más invisibilizados estamos”, expresó esta joven a Efe.

Sus primeras reivindicaciones empezaron en casa, cuando sus padres preferían que se quedara en casa en lugar de acudir a la cancha de fútbol para jugar.

“Yo decía: '¿Cómo vos estás activando por el derecho de las mujeres? Decís que está mal y, sin embargo, a mí me discriminás’. Así le decía a mi mamá”, recordó.

Consciente de esas restricciones del pasado, Vera consideró que la situación de la mujer indígena ha avanzado mucho y hoy afirma con rotundidad que son protagonistas a través de sus propias organizaciones.

No obstante, la violencia sigue lastrando esos progresos y, por eso, abogó por “apostar por una postura más activa” para “seguir en la lucha y llegar a la disminución de la violencia”.

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Vera representa esa juventud a la que las mujeres de Mipy, y ella misma, buscan dar un futuro mejor.

Esta estudiante del último curso de Derecho confesó a Efe que su sueño siempre fue “estudiar en una universidad nacional” y aunque sus experiencias fueron positivas también sufrió discriminación por ser indígena.

Ella sabía que “tenía que aguantar y meterle duro al estudio” y ahora, ya cumplido su primer sueño de acceder a la universidad, busca alcanzar el segundo.

“Yo sé que les gustaría escuchar que me voy a meter en tema social y todo eso, pero mi sueño es ocupar un espacio importante, ya sea como una fiscala, una jueza, o, ¿por qué no?, trabajar en una organización internacional como FAO o Naciones Unidas. Yo quiero hacer algo que todavía no se hizo”, anheló Vera, con la vista en el futuro.

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