Raúl Ramírez Bogado
@Raulramirezpy
Eugenio Raúl Zaffaroni, ex miembro de la Corte Suprema de Justicia Argentina, y ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, visitó nuestro país para ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad Nacional de Asunción. Es profesor de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de varias universidades de Latinoamérica. En el Paraguay, litigó como querellante en el juicio por el secuestro de María Edith Bordón, pero tuvo que abandonar el caso al ser nombrado para la Corte Suprema de su país. Por eso se inhibió en el juicio de Arrom y Martí contra el Paraguay en la Corte IDH. Habla del sistema interamericano, de la ley procesal paraguaya, de los desafíos para los abogados y jueces, entre otras cosas.
–Como ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ¿cómo ve el cumplimiento de las sentencias que se dictan por parte de los países afectados?
–Bueno, la Corte Interamericana tiene un procedimiento de seguimiento, pero a veces funciona y a veces no funciona muy bien. En líneas generales, sí, los países afectados lo cumplen, sobre todo si se trata de reparaciones pecuniarias.
–¿Y respecto a los cambios que se dan porque, normalmente, en las sentencias de la Corte hay medidas de no repetición?
–La eficacia de la Corte, a mi juicio, es muy relativa. Le baja línea a los tribunales supremos de la región, pero, en principio, hay una demora enorme entre la denuncia y la sentencia porque la víctima tiene que pasar por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de Washington, después de un procedimiento bastante complicado en la Comisión; no complicado, pero sí bastante extenso. Si usted se fija cada una de las sentencias de la Corte que comienza; esta sentencia, no obstante, tiene 10 años, 12 años, etcétera. Se le exige el tiempo racional a los países, pero el sistema interamericano no lo es. Nos llegaban las viudas. Entonces, en ese sentido, para resolver con eficacia casos particulares no sirve. Para bajar líneas, sí, pero es un poco relativo y, además, es un sistema endeble, débil. Piense que el presupuesto de la Corte Interamericana de Derechos Humanos es de 5 millones de dólares. Pero, parte de eso, los contribuía la cooperación danesa.
–¿Cinco millones?
–Sí. Esto que estoy relatando es histórico. Hubo un momento que los daneses decidieron llevarse su dinero a África y, bueno, nos generó un problema. Casi tenemos que despedir personal. Después, se arregló con la OEA, etcétera, más o menos. Bueno, es un sistema muy débil. No es el sistema europeo, donde la víctima acude directamente ante el tribunal. El procedimiento es más ágil. El nuestro es un sistema que tiene grandes debilidades pero, bueno, no es momento de modificar el tratado. No soplan buenos vientos en ese sentido.
–Justamente con eso, ¿usted ve que el garantismo ahora sufrió un retroceso? ¿Está en decadencia?
–Bueno, el garantismo no sé qué es exactamente. Las garantías, eso sí. Es decir, los límites al poder punitivo del Estado están siendo permanentemente amenazados. Hay todo un movimiento de punitivismo en toda la región sostenido por algunos políticos inescrupulosos que no tienen otra forma de conseguir votos que haciendo charlatanismo por otros políticos temerosos que los siguen por no perder votos, por medios de comunicación que ven sensacionalismo, rating y dinero y eso es publicidad, naturalmente, y dinero. Y algo un poco más grave que creo que es una suerte de crisis civilizatoria que es el marco. Una crisis civilizatoria que hace que vivamos en un mundo de guerras. Tenemos hoy un mundo de guerras insensatas, guerras que el único objeto que tienen es enriquecer a la industria armamentista. Eso no lo dice Marx, sino que lo dice el Papa León XIV, en la encíclica. En fin, sí es cierto, hay un avance del ejercicio del poder punitivo. Una destrucción de códigos penales. El Código Penal argentino lo han demolido directamente en una pareja integrada por dos: Una mujer que fue ministra de Seguridad y un sujeto que fue ministro de Defensa, que ahora los dos son senadores. Han desarmado el poder. Desastre. Inconstitucionalmente, por supuesto, pero ¿quién va a declarar la inconstitucionalidad en la Argentina? Que tenemos en lugar de una Corte Suprema un triángulo de las Bermudas.
–Como abogado estuvo en Paraguay en un caso de secuestro. ¿Cómo ve usted el Código Procesal Penal nuestro?
–Sí, no terminé el caso en ese momento porque me nombraron juez de la Corte Suprema de la Argentina. Pero, verdaderamente, la audiencia en que estuve me satisfizo bastante. La jueza actuó muy objetivamente y conforme al código. Me parece que es un buen texto. Como todo, tendrá fallas. No hay nada que hacerle. Hay un problema que, en general, empezó cuando era director general del ILANUD (Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Crimen y el Tratamiento del Delincuente). La cooperación norteamericana empezó a financiar códigos acusatorios. Y se empezaron a hacer en todo el continente, en toda nuestra América, pero se hacían medio por correspondencia. Copiaba un código, venía otro. Y la verdad es que reformar el Código Penal es gratis. Uno puede poner cualquier idiotez adentro no cuesta un peso. Pero el Código Procesal no. Decime qué presupuesto tenés y te voy a decir qué código podés tener. Porque requiere una infraestructura. Requiere empleados. Requiere tribunales. Requiere salas de audiencias. Bueno, ¿qué pasa? Pasa lo mismo que en Estados Unidos, el código adversarial. Claro, pero como no hay infraestructura, entonces el 95% de los casos, en la mayoría de nuestros países, se va resolviendo por plea bargaining (juicio abreviado). En lugar de un plenario, hay un negocio que se hace. Un negocio de así, de boliche, de barrio. Bueno, te saco tanto, acéptame tanto. Me declaro culpable por tanto, etcétera, te descuento esto. Esa es la realidad y estamos cambiando preso sin condena por condenado sin juicio porque eso no es un juicio. Un acuerdo. Es un acuerdo comercial casi.
–¿Usted tiene alguna referencia de los fallos de nuestra Corte Suprema, que ahora sigue bastante la jurisprudencia de la Corte Interamericana?
–Buena hora. Sí, pero no tengo. No, no es que no quiera hablar, sino que no sé.
–Cambiando el tema, sobre los desafíos de los abogados y los magistrados con respecto a la inteligencia artificial. ¿Qué desafíos tenemos?
–El primer desafío que hay es ser honesto. Y no hacerle hacer sentencias a la inteligencia artificial o cosas por el estilo. Hay algunos ejemplos lamentables ya de eso. Hay que tener cuidado. La inteligencia artificial se va a perfeccionar, no cabe la menor duda, pero hoy día sí puede traer citas falsas a hacer cosas extrañas. Puede ayudar mucho. Es cierto. Para recoger datos, información, doctrina, jurisprudencia, puede ser útil, pero el que tiene que pensar es la inteligencia natural. Tenemos inconvenientes ya con los exámenes, con las pruebas. Darle una monografía hacer a los muchachos y monografía viene hecha por inteligencia artificial. Nos damos cuenta, claro. Pero va a llegar un momento en que se va a perfeccionar, porque es una cuestión técnica y no nos vamos a dar cuenta de la situación.
–Basado en lo que dijo, ¿cómo está la enseñanza universitaria a raíz de ello?
–Estamos teniendo un problema que vamos a tener que resolverlo con exámenes puramente orales. Pero, enseñanza con inteligencia artificial, bueno, no sé. Espero que los profesores mantengan su inteligencia natural. Ahora, los alumnos la están usando. Antes hacíamos, en lugar de exámenes, pedíamos una monografía. El inconveniente que tiene eso ahora es que las monografías las hacen con la inteligencia artificial. Y todavía nos damos cuenta porque algunos son suficientemente inteligentes naturales como para corregir lo que le escribió la inteligencia artificial, pero esos son tan brutos que nos largan la cosa tal cual la alargó la inteligencia artificial.
–¿Qué piensa del juicio de los jurados?
–Primero es muy caro. Hay que pagar estadía de los jurados, la comida, etcétera, trasladarlos si es en un pueblo, bueno, en fin. Todo eso es caro. En segundo término, los procesos nuestros duran mucho. Y no podemos tener a los jurados como en Estados Unidos, aislados. Uno no puede tener un mes encerrado en un hotel a todos los jurados porque se ponen todos histéricos y se matan entre ellos. Y tampoco los podemos soltar porque llegan a la esquina, se emborrachan, adelantan opinión y bueno, se anuló todo. Esto desde el punto de vista práctico, digo estas cosas. Desde el punto de vista doctrinario, teórico, eso del juicio de los pares, sí, es cierto, fulano le dio tres puñaladas a mengano. Si eso está o no probado, lo puedo decir yo o mi abuelita, si le funcionan bien las neuronas. Eso es cierto. Hasta ahí. Prueba de hecho, sí, el jurado puede expedirse con la misma capacidad de Francesco Carrara. Pero inmediatamente se le pregunta, ¿fue en legítima defensa? ¿Un jurado sabe qué es la legítima defensa? No. ¿Este señor es imputable? ¿Sabe el jurado qué es la imputabilidad? No. Bueno, qué sé yo. ¿Se lo va a explicar el juez en cinco minutos? No. Entonces ahí el jurado nos da razón, bueno, pues son legos, naturalmente. ¿Y cómo se hace el doble conforme? Yo no sé, es imposible hacer el doble conforme. No se puede apelar eso. Técnicamente, ese es el problema que le veo.
–¿Y la influenciabilidad que pueden tener los miembros del jurado en los casos en donde están?
–No, bueno, influenciables son algunos jueces también y demasiado. Yo soy más bien partidario del escabinado.
–¿Escabinado?
–Sí. Los tres jueces técnicos, con dos ciudadanos. Ciudadanos del padrón, que escuchan, vean lo que hacen los jueces, participan en la discusión. Los jueces tengan que convencerlos, explicarles, darles razones jurídicas. ¿Y por qué lo digo? Mi experiencia muchas veces de juicios orales de hace muchos años, ya no están mis colegas en este mundo, es que termina el juicio, se pasa a deliberar el técnico, el tribunal, y dicen: “A este hay que ponerle 20 años. No, ¿cómo 20 años le vas a poner? Le pateó la cabeza cuando estaba en el suelo. No, bueno, pero él se lo provocó, no más de ocho no le puedes poner, el mínimo. No, ¿cómo le vas a poner el mínimo? Y el tercero dice, le ponemos 13. Bueno, 13 y medio. Bueno, 13 y medio”.
–Un acuerdo
–Ese tipo de discusión con dos ciudadanos no puede haber, porque le tienen que explicar a los ciudadanos. Entonces, en ese sentido sí creo en el que dos ciudadanos controlando, viendo, sí eso es positivo.
Hay todo un movimiento de punitivismo en toda la región sostenido por algunos políticos inescrupulosos que no tienen otra forma de conseguir votos que haciendo charlatanismo...
Eugenio Zaffaroni
Fue ministro de la Corte Suprema Argentina (2002 a 2014), juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (2016-2022) y profesor titular de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires (UBA), además de ejercer la docencia en diversas universidades iberoamericanas y europeas. Antes fue convencional constituyente de la Argentina y de Buenos Aires, legislador de Buenos Aires, juez, procurador. Es especialista en Criminología y Ciencias Penales, entre otros.