ÉCÔNE / VATICANO
La Fraternidad San Pío X consagró ayer miércoles por su cuenta a cuatro nuevos obispos, un acto “cismático” según el papa León XIV, que pidió a esta comunidad tradicionalista que renunciara a su proyecto.
En una ceremonia en la pradera suiza de Écône, adonde asistieron miles de fieles de todo el mundo, la comunidad consagró a cuatro obispos: dos franceses, un estadounidense y un suizo.
El superior general de la comunidad, el sacerdote Davide Pagliarani, dijo en su homilía que se trataba de un día “histórico”.
Al seguir adelante sin la aprobación del Pontífice, los dos obispos con que contaba la comunidad y los cuatro obispos consagrados en la jornadas quedan de hecho excomulgados de la Iglesia Católica Romana.
Sin embargo, al inicio de la ceremonia, el secretario general de la sociedad, Foucault Leroux, dijo que ellos consideraban “que todas las penas y censuras (...) son nulas y sin efecto”.
600.000 FIELES. La comunidad, fundada en 1970 por el obispo francés Marcel Lefebvre (1905-1991), agrupa a unos 600.000 fieles, según estimaciones, que se rigen por una interpretación estricta de la tradición doctrinal y litúrgica. Rechaza en su conjunto los avances de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II (en la década de 1960), defiende un modelo de sociedad patriarcal y un ideal de Estado teocrático.
“Para mantener la fe, ¿acaso estamos rompiendo con la Iglesia? Este dilema es falso. Pertenecemos a la Iglesia, en primer lugar por la fe, por la profesión integral de la fe de la Iglesia”, afirmó Pagliarani.
“Es un día histórico. Está ocurriendo algo muy importante ahora; esto no va a detenerse aquí”, declaró a la AFP Jean-Pierre Stauffer, de 79 años, quien viajó desde Ginebra para asistir a la ceremonia.
Para el Vaticano, consagrar a un obispo sin el acuerdo del Papa es un acto de insubordinación directa que conlleva la excomunión automática de los obispos y constituye un “acto cismático”.
“Les suplico desde el fondo de mi corazón: ¡reconsideren su decisión!”, escribió recientemente León XIV en una carta dirigida a Pagliarani, superior general de la Fraternidad.