Los pobladores hablan de un hostigamiento que no es nuevo, sino parte de un largo historial de atropellos a su territorio y a su dignidad.
Este viernes, los fiscales Néstor Narváez y Rodrigo Giandinotto se constituyeron en el lugar para ver con sus propios ojos lo que ya no puede seguir negándose: casquillos de balas esparcidos en la tierra, viviendas humildes marcadas por el miedo y familias enteras que sobreviven entre la incertidumbre y el temor.
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Los miembros de la comunidad entregaron a los representantes del Ministerio Público las evidencias recogidas, que dan cuenta de la gravedad de la situación.
La visita de los fiscales se dio luego de que, según denunciaron los pobladores, el comisario de la zona habría intentado minimizar lo ocurrido.
Sin embargo, el recorrido permitió constatar el estado de extrema vulnerabilidad en el que viven los indígenas, quienes aseguran haber sido víctimas de reiterados amedrentamientos y disparos realizados presuntamente por civiles armados.
“Lo único que pedimos es que el Estado nos mire y nos proteja. Somos los primeros habitantes de esta tierra y hoy tenemos miedo en nuestro propio hogar”, expresó uno de los líderes, con voz firme pero cansada por los años de reclamos no escuchados.
La comunidad exige que los extranjeros que operan en la zona se sometan a la Constitución Nacional, las leyes paraguayas y que se respeten los derechos de los pueblos originarios.
Tekoha Karapá no solo reclama justicia por lo ocurrido esta semana, sino también por todas las veces que el atropello fue silencio, por las noches en que los disparos cortaron el sueño de los niños y por los ancianos que ven cómo el territorio ancestral se va reduciendo.
La llegada de los fiscales representa para la comunidad indígena, un pequeño pero importante paso. La comunidad espera que no quede solo en una visita protocolar, sino que se traduzca en acciones reales del Estado, que detengan la violencia, investiguen a los responsables y garanticen el derecho a vivir en paz en la tierra que los vio nacer.