21 oct 2026

Fernando Allen lleva a España el arte rupestre paraguayo con una muestra que invita a mirar y tocar

El fotógrafo paraguayo inauguró el pasado viernes la exposición La piedra y la luz en el Museo Nacional de Altamira, uno de los espacios más emblemáticos del arte prehistórico mundial. La propuesta reúne imágenes de grabados rupestres hallados en Amambay y busca acercar al público a una herencia cultural poco conocida fuera del país.

Os presentamos una visión muy especial del arte rupestre de Paraguay📍Las personas que poblaron  (1).jpg

El fotógrafo Fernando Allen presenta en el Museo Nacional de Altamira una muestra inspirada en los grabados rupestres hallados en Amambay.

Foto: Gentileza.

El arte prehistórico paraguayo encontró un lugar privilegiado en Europa. El fotógrafo Fernando Allen inaugura este viernes en el Museo Nacional de Altamira, en España, la exposición La piedra y la luz, una propuesta que acerca al público los grabados rupestres de Paraguay desde una perspectiva artística y sensorial.

La muestra se presenta en uno de los espacios más importantes dedicados al arte paleolítico. El Museo Nacional de Altamira fue creado en torno a la célebre cueva de Altamira, considerada una de las joyas del arte prehistórico mundial y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En ese escenario, las imágenes captadas por Allen establecen un diálogo entre dos territorios unidos por la expresión artística de sus antiguos habitantes.

Lejos de una mirada exclusivamente arqueológica, la exposición propone una experiencia basada en la emoción y la contemplación. El visitante descubre progresivamente que las imágenes corresponden a grabados rupestres paraguayos, ya que la muestra evita explicitarlo desde el primer momento. La intención es que la obra hable por sí misma y permita una conexión directa con la fuerza visual de los signos tallados hace siglos sobre la roca.

Para ello, Allen transformó pequeños grabados de apenas unos centímetros en grandes fotografías textiles que superan el metro y medio de tamaño. El recurso altera las escalas y resalta detalles que normalmente pasarían desapercibidos, revelando la potencia estética de figuras cuyo significado continúa siendo un misterio.

La elección de la tela como soporte también forma parte del concepto expositivo. El material aporta textura y volumen, evocando tanto la superficie de la piedra como la piel humana. De esta manera, la exposición invita no solo a observar, sino también a establecer una relación más cercana y tangible con las imágenes. De allí surge el espíritu de una muestra concebida para ser visual y táctil al mismo tiempo.

El título La piedra y la luz resume la esencia del proyecto. La piedra fue el soporte que conservó durante milenios los grabados realizados por antiguos pobladores de la región de Amambay, mientras que la luz permitió registrarlos y revelarlos a través de la fotografía. Para Allen, ambos elementos son protagonistas de un encuentro con el pasado que sigue transmitiendo emociones, espiritualidad y rastros de antiguos rituales.

La historia de esta exposición comenzó hace quince años, cuando el Museo de Altamira impulsó uno de los proyectos de investigación en los que Allen participó como fotógrafo y colaborador local. Durante meses trabajó junto a investigadores españoles encabezados por el entonces director del museo, José Antonio Lasheras, realizando tareas de documentación y prospección arqueológica. Paralelamente, desarrolló una búsqueda personal centrada en las posibilidades expresivas de la luz sobre las superficies rocosas.

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Por ello, presentar hoy la muestra en Altamira tiene para el artista un significado especial. Además de representar un reconocimiento internacional a su trabajo, supone un reencuentro con colegas y amigos vinculados a aquella experiencia. “Parecería que se cierra el círculo, pero en realidad continúa la dinámica”, expresó Allen al referirse a este nuevo capítulo de un proyecto iniciado años atrás.

Más allá de su valor artístico, la exposición adquiere una dimensión cultural significativa para Paraguay. Allen considera que constituye una oportunidad para visibilizar una herencia ancestral que muchas veces permanece relegada o poco conocida. A través de estas imágenes, el fotógrafo reivindica un pasado que antecede a la historia escrita y pone en valor las expresiones simbólicas de los antiguos habitantes del territorio paraguayo.

La muestra permanecerá abierta hasta finales de octubre, permitiendo que miles de visitantes descubran en Altamira una faceta poco difundida del patrimonio cultural paraguayo.

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