El programa Chau Chespi fue una de las promesas que hizo Santiago Peña durante la campaña electoral. Lamentablemente, en estos dos años no se han visto avances, y por el contrario, no solo Paraguay se ha posicionado como país de tránsito en el tráfico de drogas a Europa, sino que además ha permitido crecer el microtráfico. A tal punto llega la situación, que Asunción y 12 ciudades de Central tienen muy alta concentración de puntos de microtráfico y la capital no tiene un solo barrio de “baja” o “mediana” presencia de tráfico.
Un dato de hace dos años señalaba que el 82% de los crímenes cometidos en el país son realizados por usuarios a algún tipo de estupefaciente. De hecho, este mismo dato fue utilizado por Santiago Peña durante su campaña proselitista como promesa para combatir la inseguridad dentro de un proyecto denominado Chau Chespi. Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente y es poco lo que se ha avanzado en cuanto a políticas públicas de prevención de las adicciones.
Esto se puede afirmar incluso con una observación superficial en ciertas zonas de la capital y otras del área metropolitana y el Departamento Central. En el centro de la capital se ve a diario el rostro más descarnado de la miseria humana y del abandono del Estado.
La crisis está a la vista, personas con adicciones y otras con alguna enfermedad mental, de todas las edades, deambulando. Consumidores de drogas, especialmente crac o chespi, deambulan por las calles o se refugian en los edificios y casonas abandonadas, viviendo en medio de grandes precariedades.
Recordemos que en 2023, autoridades de distintos ministerios participaron de una mesa de trabajo interinstitucional para trabajar en el plan Chau Chespi del nuevo Gobierno, anunciando el objetivo de articular medidas preventivas y acciones para enfrentar el consumo de drogas y brindar seguridad a la ciudadanía.
En aquella ocasión una de las autoridades declaró que se estimaba en 90.000 las personas que sufren adicciones, y que el 50% tiene menos de 25 años. Dos años después continúa la misma narrativa, Chau Chespi cambió dos veces de denominación y no hubo avances.
Para el psiquiatra Manuel Fresco, ex director del antiguo Centro Nacional de Adicciones, el dato de los 90 mil (adictos en Central) “es un divague que comenzó con Chau Chespi”. Fresco recordó que en un programa de televisión le había preguntado a la ministra de Salud, María Teresa Barán, de dónde había salido esa cifra y no supo responder, “porque, en realidad, no hay datos”.
Mientras tanto seguimos sumando trágicas historias de personas atrapadas en el mundo de la adicción, particularmente jóvenes. Este diario había publicado una serie de reportajes con familiares de personas adictas y en los desgarradores testimonios resalta la manera en la que este flagelo se adueña de la vida de estas personas, y los recursos para la rehabilitación de parte del Estado son escasos.
Datos del tercer Censo Nacional en Centros de Tratamiento realizado por la Secretaría Nacional Antidrogas indican que hay 113 centros que brindan atención a personas con problemas derivados del consumo de alcohol y otras drogas en todo el territorio nacional, y hay un dato muy significativo: La mayoría de los servicios de tratamiento son proporcionados por el sector privado no por el Estado.
Con frecuencia las autoridades explican el problema de la inseguridad con el crecimiento del microtráfico, que se ha expandido en Asunción, Central y Alto Paraná y con el consumo de sustancias como la marihuana y la cocaína, que induciría a la delincuencia juvenil, como puerta al mundo delictual.
Sobre esto se debe ser contundente. Las instituciones del Estado no han avanzado en formular políticas públicas de prevención de adicciones y el combate tanto al tráfico como al microtráfico, y de la misma manera, Paraguay sigue siendo un país que no ofrece oportunidades ni a la niñez ni a la juventud.
Sin salud, educación y empleo digno, ningún país puede desarrollar todo su potencial.