25 oct 2026

Falso

Sostener la opacidad del Estado es la llave que garantiza mantener y consolidar la corrupción. Nadie sabe qué hacen, qué conocimiento tienen ni qué función cumplen los más de 350 mil empleados públicos. Son la argamasa electoral más costosa que tenemos y por la que pagamos anualmente cuatro mil millones de dólares del Presupuesto. Ahí están los que proveen votos propios y remolcados y los que han convertido al Estado en un asilo de discapacitados mejor pagados del país. La Constitución les pide idoneidad y ellos se mofan y se ríen como Hernán Rivas de portaestandarte. El jefe del Ejecutivo los desprecia en público recordándoles que no son sus títulos colgados los que los han llevado a estar en Itaipú, sino su adscripción al Partido Colorado. Peña cuenta su propia historia en ese relato para concluir con aquello de que “no se hagan de los guapitos”. Este aluvión zoológico ahora comienza a emerger con unos informes muy parciales de la Contraloría que demuestran que los “guapitos yatebuses” son miles y nos cuestan miles de millones de dólares anuales.

Una gran mayoría carecen de títulos habilitantes, aunque han esgrimido que los tenían para acceder a cargos para los cuales –por supuesto– no tenían la idoneidad requerida. No solo no se contentaron con eso, cobraron un plus por el falso título que dijeron que tenían. El daño es enorme si solo hiciéramos el cálculo de los 1.090 de los encontrados en un informe parcial cuya requisitoria a varios entes públicos, ministerios, Congreso y Poder Judicial la hicieron con el pito catalán, ahí veremos el cuantioso daño patrimonial perpetrado en esta enorme estafa.

Responsables varios y en cadena. Los que habilitaron las universidades fabriles en elaboración de títulos falsos, los que no controlaron su funcionamiento, los que no las acreditaron para que funcionaran correctamente; el Ministerio de Educación que trabajó sin dormir para legalizar lo ilegal, la Secretaría de la Función Pública y el Ministerio de Economía que pagó de nuestros impuestos este robo descomunal.

Cada uno tiene su coartada y se culpan entre sí. El ministro de Educación dice que hay que cerrar el Cones y la Aneaes, pero estos afirman que el Ministerio es el problema y los tres complicados en el esquema afirman en coro que así ya no se puede continuar. No se animan a romper el esquema vicioso que domina la educación paraguaya y que ahora se ha cebado con nuestro dinero. Las sanciones a los 1.090 que pueden llegar con facilidad a 100 mil porque el dirigente sindical colorado, Piris, habla de que solo entre los maestros pueden ser fácilmente 25 mil y con ello, ya podemos darnos una idea de la falsedad en la que vivimos. No tenemos Estado y el Gobierno muestra una tolerancia a la estafa grandiosa tanto que el economista Rodríguez Silvero afirmó que el caso de ueno bank es un golpe de Estado, cometido desde el propio Estado.

Cada uno de los afectados por los títulos falsos debe ser obligado a devolver todo lo que cobraron sin haber tenido la idoneidad requerida para el ejercicio del cargo. No solo se debe contabilizar lo recibido por el plus de por título, sino también todo lo que percibieron como pago total por la estafa. La investigación karapé solo alcanzó del 2023 al 2026. Son 108 los apartados por el MEC, cuatro de la propia Contraloría, mientras la familia de Silvio Ovelar no para de crecer en toda la administración pública con una voracidad digna de los grandes yatebuses. A ellos no les importa ni el título ni la presencialidad aunque cobran por ambos. La estafa a la ciudadanía es enorme y tiene que acabar o, de lo contrario, ellos acabarán con nosotros. Defendieron a Hernán Rivas porque sabían lo que se les venía. Hay que reformar el Estado y establecer un ingreso competitivo a la función pública con transparencia y capacidad. Solo 150 de las instituciones públicas respondieron. Todavía quedan 200 sin respuesta. No podemos seguir con la falsedad de simular que tenemos algo que no existe. En medio de las complejidades del mundo actual que requiere de alta capacidad de gestión, tenemos un Gobierno mediocre, corrupto, permisivo y estafador. Si todo esto lleva a que tengamos un candidato a presidente que emula a Hernán Rivas, ya nos habremos convertido en una Haití sin mar. Un Estado fallido donde lo falso se convirtió en verdad.

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