27 ene. 2026

Es la ciencia, idiota…

Hubo una época en la que la frase atribuida a James Carville, “¡es la economía, estúpido!”, era la piedra filosofal indiscutida. Luego, en el entendimiento de que la economía disfraza relaciones de poder y juicios de valor políticos, yo le agregué “es la política, boludo”, en tono más rioplatense, que puede ser una verdad también a considerar. Ahora le toca el turno a la ciencia. Más abajo, Richard Feynman me ayuda en este menester.
Definamos. Las ciencias son conjuntos de conocimientos metódicamente fundados, sistemáticamente organizados y etiológicamente demostrables. Es decir, pueden ver las cosas en sus causas. En países culturalmente primitivos es difícil conducir las políticas públicas sobre bases científicas. Se apela a explicar lo que se ve por medio de lo que no se ve. Es decir, por teologías, sean laicas o religiosas. O vilipendiando a aquel con quien no estamos de acuerdo. Incluso las competencias electorales se convierten en puras guerras santas, los herejes progresistas woke contra los fariseos legalistas y moralistas, donde lo más importante es el debate no binario. Es más prioritario el cuidado del ano, en los discursos, antes que el de la próstata, con inversiones en la medicina pública, por ejemplo, fundamentadas en la ciencia.

Todo deriva de la “teología política” (concepto de Carl Schmitt) del movimiento HC que gobierna el Paraguay, que tiene tres ejes bien integrados, ya escribí alguna vez en esta misma columna: El eje cultural de “Dios, Patria y Familia” (1), que es una falacia narrativa con la cual se ganan elecciones; el eje económico de Estado inexistente (2), corrupto y sin poder coercitivo, con la consigna mentirosa del “libre mercado” en modo capitalismo de secuaces con primitivismo productivo, lo que facilita el tercer eje; el eje estratégico, el de los mercados del crimen (3), el modelo de cómo se hace dinero en el Paraguay, facilitado desde el poder y a partir del Estado. De hecho, los indicadores WGI del Banco Mundial de calidad de gobernanza –que son utilizados y mencionados por las calificadoras que otorgaron la nota del grado de inversión al Paraguay– subrayan la preocupación de que el Estado de derecho (Rule of Law) y el control de la corrupción son los dos únicos key figures que vienen retrocediendo en forma consistente en el país. ¿Qué tal?

Todo lo anterior es importante, al considerar el nuevo escenario global, ya expuesto en anteriores artículos, de recesión geopolítica, fragmentación de mercados, proteccionismo, cambio climático, guerras y rumores de guerras, avances y riesgos de la IA, transición demográfica (nacemos menos y vivimos más), etcétera.

¿Cuáles serán las estrategias de respuesta del Paraguay ante esta policrisis globalizada en la perspectiva del 2028? Hay dos caminos posibles: Haciendo hurras en modo (1) bajo la consigna de “seguir a Cartes”, tal como dijo el Sr. Peña en Paraguarí el 20/6/25, cuando hizo un discurso sobre estrategia nacional y teología colorada. O buscar en la ciencia y la tecnología un nuevo enfoque para mejorar la productividad nacional con diversificación productiva en el nuevo escenario internacional. En el primer caso, si la consigna del seguimiento cartista es toda la estrategia de un posgraduado Ivy League de los Estados Unidos –secundada por un ministro de Economía que enseña en la Universidad de Chicago– le damos la razón el genio de R. Feynman, Premio Nobel 1965, el célebre profesor de física estadounidense, quien nos advierte de “no confundir conocimiento con inteligencia, uno puede tener diplomas de doctor, y seguir siendo un perfecto idiota”, dicen que dijo. En el segundo caso, me quiero permitir un FYI, comentándoles que el Uruguay acaba de lanzar un programa nacional en el que la respuesta a un mundo lleno de incertidumbres, con proteccionismo y desintegración de mercados es la ciencia y la tecnología.

En efecto, para el 2026 el país oriental se propone un choque de gestión pública, promoviendo en forma robusta la innovación, para mejorar la competitividad, fortalecer la competencia y el clima de negocios, todo a partir de la ciencia. Esto es lo que fue anunciado por el viceministro de Economía, Martín Vallcorba, justificando también una nueva política comercial como parte de la disputa internacional con mayor proteccionismo que, según dijo el funcionario, es un cambio estructural en el comercio internacional, que vino para quedarse, no como algo pasajero. La ciencia será la respuesta como una especie de nueva estrategia para un mundo sin viento de cola, dicen los uruguayos. En la perspectiva geopolítica, alejados de los paraguayos que se juegan hacia un único polo, decididos sólo hacia USA, Israel y Taiwán (y Argentina, queriendo desconocer al gigante Brasil, ya nos estrellamos al perder la secretaría de la OEA), los uruguayos proponen como país pequeño, ser cautos y prudentes, manteniendo equidistancia y equilibrio, con buenas relaciones con todos los bloques y países en momentos de polarización. Dicen que –siendo China el principal destino de sus exportaciones de commodities, Estados Unidos el principal destino de sus ventas no tradicionales y la UE la principal fuente de Inversión Externa Directa– el Uruguay no puede permitirse el lujo de perder a nadie en su red de contactos, menos aún debilitar su protagonismo de país pequeño, pero con autoridad moral por su calidad institucional; lo que le ha permitido ser líder en la diplomacia con excelencia en los procesos de negociación, tradicional de los uruguayos, que se llevaron a Montevideo toda la estructura del Tratado de Asunción, siendo sede del Mercosur.

Por el tamaño del mercado interno que es muy limitado, el Uruguay apuesta a reforzar el crecer hacia afuera vía exportaciones. Para eso, solo la innovación tecnológica puede hacer que eso ocurra, dicen. Pretenden integrar la ciencia, la tecnología, la innovación y la investigación para todos los objetivos nacionales. Sólo así se alcanzará la diversificación con mejora sustancial de la productividad, logrando una menor dependencia de los commodities y un mayor valor agregado. Todo requiere tiempo y fuertes inversiones en I + D, investigación y desarrollo, escala, financiamiento y acceso a mercados. El Uruguay dice que va a lograr porque confía en su estabilidad institucional, previsibilidad macroeconómica y reglas claras, imperio de la ley, aseguran sus voceros. No apuestan en seguir a ningún líder, alquimias ni teologías. Ofrecen seguridad jurídica, sólidas instituciones y reputación de país confiable, dicen en la presentación de la nueva estrategia de ciencia aplicada para un mundo incierto, cuyo responsable depende directamente de la presidencia de la República, se llama Bruno Gili, y comanda el nuevo “Programa Uruguay Innova”. Ya sin recordar que tienen investment grade desde el 2012, porque es un tema básico que se da por hecho.

Es por eso por lo que este país, que no se vanagloria y anda modestamente, alcanza 22 mil dólares de ingreso per cápita versus y por encima de los 14 mil USD de Argentina, 12 mil USD de Brasil y 7 mil USD de Paraguay. Quien viaja con frecuencia a ese país esquina con vista al mar, desde Paraguay pasando por la Argentina, puede comprobar el choque de calidad comparativa de sus rutas siempre funcionales y bien mantenidas, señalética renovada, controles de velocidad actualizados, bordes de carreteras sin yuyales con amplia visibilidad, y campiñas de excelencia al entrar al Uruguay, puede comprobar también la calidad y frugalidad de sus pueblos, la sencillez de sus líderes políticos y la elevada productividad de sus campos, industrias y estructura logística. Tienen sus problemas, pero están en otra.

El proteccionismo –al que Uruguay se prepara para enfrentar, y Paraguay no sabe aún cómo lo va a hacer– encarece todo, insumos y productos, vean la carne, interfiere en la integración de procesos productivos, reduce la competencia y la eficiencia productiva. Todo mal. Luego, dicen los uruguayos, solo Asia es un poco más aperturista a las exportaciones de las economías pequeñas. Los grandes levantan barreras y subsidian a sus industrias y redefinen las reglas de juego. El impacto se siente: exportar es más complejo, exige mejores relaciones bilaterales, y la inversión es más cautelosa, la planificación de largo plazo pierde visibilidad. Luego, el mundo busca lo que Uruguay tiene, previsibilidad y calidad institucional. Ahora tendrán innovación, ciencia y tecnología de clase mundial. “Uruguay Innova” dependiendo del presidente de la nación es el nuevo programa que conversará con los nuevos proyectos de inversión en puertos de alta tecnología, data centers, hidrógeno verde, etc.

El Paraguay podría emular este tipo de programas. Dejar las supersticiones y privilegiar a la ciencia. Al final de cuentas, ver las cosas en sus causas raíz puede hacernos abandonar los fanatismos alrededor de cualquier tema. Por ejemplo, el concepto de la Heladera Vacía que contesta el relato oficial del vamos a estar mejor, como símbolo de los elevados precios de la carne vacuna, que subieron más del 50 por ciento a partir del 2023, inicio del 2do. gobierno de HC, y de otros alimentos en general que se volvieron inalcanzables con 83 por ciento de inflación en los últimos 10 años y 4 por ciento negativo de evolución del poder de compra de los ingresos de trabajadores del sector privado, formal e informal, también en la última década. La actitud negacionista y agresiva del oficialismo hacia mi persona pretendía neutralizar al mensajero. Pero al llegar el fin de año al abrir la heladera la gente tuvo que recordar al predicador desértico que contestaba la propaganda del Gobierno de que ya estábamos mejor. Fui vilipendiado en todas las formas. Pero ya tienen mi perdón navideño. A partir del segundo semestre la realidad se impuso: “Los paraguayos ya no llegan a fin de mes, a pesar de la baja del dólar la carne no disminuye en sus precios”, fueron expresiones desesperadas incluso de Peña, de los ministros del MEF y del MIC e incluso del presidente del Congreso, el Dr. Núñez, bien recientes. Pidieron a los retailers que bajaran sus precios, desconfiando del mercado. Se vieron obligados a recurrir a la ciencia para buscar justificar el porqué de los altos precios de la carne. Ya no sirvieron los discursos de odio y las hurras con vaca’í.

Ahora, gracias a una investigación de la Comisión Nacional de la Competencia, el propio Gobierno reconoce la verdad desnuda en carne y hueso. El impacto de la Heladera Vacía tuvo sus resultados, movió las estanterías. La Conacom invirtió, investigó y halló las etiologías del elevado precio de la carne. Los hallazgos alcanzan a todos. En primer lugar, el libre mercado en materia de carne vacuna es imperfecto, y no es libre, es una conclusión que se puede sacar de este trabajo del propio Gobierno. En segundo lugar, presentan evidencias empíricas con datos duros en los que apenas el 1,2 % de los ganaderos concentra el 60 por ciento del hato bovino, y el 98,8 restante tiene el 40% del total del ganado. En tercer lugar, el 70 por ciento de la faena industrial se concentra en 3 empresas frigoríficas configurando un oligopsonio que paga los precios de compra que quiere y conforma un oligopolio en los precios de venta de carne. En cuarto lugar, el mercado internacional, empuja la demanda de carne paraguaya impulsada por mayor consumo de mercados asiáticos y caída en la producción de Estados Unidos desplazado por Brasil como líder mundial. El 90 por ciento de la carne faenada en Paraguay es para el exterior y solo el 10 por ciento es para el estómago de los paraguayos. Como dijo CFV, nuestra mayor victoria, la exportación creciente de carne, es nuestro principal fracaso. Está todo dicho. La Heladera Vacía fue reivindicada por la propia ciencia. ¡Saludos cordiales!

Subrayan la preocupación de que el Estado de derecho (Rule of Law) y el control de la corrupción son los dos únicos key figures que vienen retrocediendo (...) en el país.

El concepto de la Heladera Vacía que contesta el relato oficial del vamos a estar mejor, como símbolo de los elevados precios de la carne vacuna, que subieron más del 50 por ciento.

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