La definición del compañero de fórmula de Pedro Alliana se da en medio de la crisis de Honor Colorado y de una puja por el peso de la dirigencia política, la representación territorial y la futura gobernabilidad. Mientras una encuesta busca ordenar las preferencias, persisten las diferencias sobre el perfil que debe ocupar la Vicepresidencia.
En la crisis desatada en el seno del Partido Colorado, que derivó en una serie de hechos impensados e inesperados, todavía no se dilucidan todos los detalles y motivos de la ruptura dentro de Honor Colorado.
Varias idas y venidas se dieron ya antes de las internas coloradas para las municipales y se profundizaron en los días previos a las elecciones pasadas.
El renunciamiento de Juan Carlos Baruja a la carrera presidencial obligaron al líder colorado a anunciar que su movimiento no presentará candidaturas en las internas partidarias.
En paralelo, la candidatura presidencial de Pedro Alliana avanza hacia la conformación de una nueva estructura política, cuya identidad y composición todavía deben definirse.
Actualmente, el titular de Diputados, Raúl Latorre; el presidente del Consejo de Gobernadores, César Sosa, y el ministro de Industria y Comercio, Marco Riquelme, compiten en una encuesta donde 5.000 personas deben dar su preferencia sobre uno de ellos.
La elección del precandidato a vicepresidente del nuevo movimiento oficialista depende de esta encuesta, llevada adelante desde Mburuvicha Róga, con las fichas en el bolsillo del candidato de Peña, Marco Riquelme. Los resultados estarían este lunes.
PRESIÓN
Dirigentes políticos, entre ellos diputados, gobernadores departamentales, presidentes de seccionales, están expectantes de la decisión, pero no ven con buenos ojos a alguien que “no provenga de las bases”.
La Constitución Nacional es determinante en la función que debe cumplir un vicepresidente de la República. Básicamente, es un enlace con el Poder Legislativo y fundamental para el presidente, porque debe operar sobre leyes de gran importancia político-económicas-sociales, que sostendrán el plan de gobierno del elegido.
Desde la cúpula dirigencial, se considera una ventaja considerable conocer el engranaje legislativo y “modus operandi”, para facilitar la aprobación de la norma requerida. Además, de reemplazar al presidente en caso de enfermedad o viaje. “La cintura política en estos casos es innegociable”, señalan.
Por otro lado, desde el Consejo de Gobernadores se plantea la importancia de una representación genuina del interior del país.
La posibilidad de que un dirigente con experiencia territorial integre la chapa presidencial responde a la intención de dar mayor peso a los liderazgos departamentales y a quienes mantienen contacto directo con las distintas comunidades y sectores sociales.
La decisión puede fortalecer la cohesión del nuevo espacio político o profundizar las diferencias que ya se manifiestan en el coloradismo.
La elección del vicepresidente será una señal sobre cómo Alliana y Peña pretenden reorganizar sus respaldos dentro de la ANR.
Mientras tanto, Juan Carlos Baruja busca reencauzar su futuro político y apuntaría a volver al Senado.
La conformación de las listas para el Senado y la Cámara de Diputados también será uno de los principales desafíos en el proceso electoral. Al menos diez gobernadores departamentales aspiran a ocupar una banca en el Senado, a lo que se suma el interés de los actuales legisladores por competir nuevamente y asegurar su continuidad en el Congreso.
La distribución de candidaturas obligará a negociar espacios entre los liderazgos territoriales, los referentes parlamentarios y los distintos sectores que buscan posicionarse dentro del nuevo esquema político.
El telón de esta historia aún está lejos de caer, ya que la crisis instalada en el seno del Partido Colorado parece haber llegado para quedarse. La medición para la vicepresidencia puede ordenar los nombres, pero no necesariamente resolver la disputa política que existe detrás.