29 abr. 2026

El trust del Quincho

Aun cuando, de alguna manera, existe en Paraguay eso que llamamos “verdad jurídica”, es decir, una mínima responsabilidad ante los demás por nuestros propios actos y nuestro propio entendimiento y sus consecuencias (“contrato social” que le llaman); existe también, y sobre todo, una “verdad ficticia” que se desarrolla con sus propias leyes en el mundo de la política, un mundo de máscaras y de ficción, pero que tiene mucho también del mundo de la familia paraguaya, con sus dobleces siempre tan dislocantes que inspiraron las novelas de Gabriel Casaccia, los cuentos de Josefina Plá o las obras de teatro de Carlos Garcete. Esta “manera de ser” social y política se puede argumentar que no es exclusiva del Paraguay, por supuesto, pero los rasgos son evidentemente nacionales.

Mi ejemplo preferido de estos rasgos está resumido, de manera casi pictórica (al “estilo renacentista”), en aquella escena de una obra de teatro que, el 23 de octubre de 2023, se representó frente a la oficina del presidente del Congreso, Basilio Núñez: Una escena de La resistible ascención de HC tal vez, con guion de un Bertolt Brecht paraguayito, pero no menos satírico y adaptado al folclore del siglo XXI nacional. En La resistible ascensión de Arturo Ui (1941), el Brecht alemancito original escenifica un “espectáculo gansteril” en donde un cartel de fruteros contrata los servicios de un matón para sofocar a la competencia por medio de la violencia.

En la escena paraguaya están frente a los micrófonos de los canales de televisión y de las radios, de izquierda a derecha: El propio Núñez, con cara de recién despierto, los ojos hinchados como si hubiera acabado de llorar, pero impasible como un general; Juan Carlos Galaverna hijo, aparentando toda la seguridad de sí, con el brazo izquierdo rodeando el cuello y la mano posada mayestáticamente en el hombro de otro senador: Hernán Rivas hijo (porque en esta obra, como en la saga Ricardo III de William Shakespeare, abundan los linajes y las dinastías), el Acusado al que los demás defienden, con ensayada estatura moral; Zenaida Delgado, la siempre infaltable colaboracionista de todo régimen “fascista constitucionalista” (parafraseando la jerga negacionista del nuevo filósofo de Coronel Oviedo, José Duarte Penayo); y Silvio Ovelar, ex presidente del Parlamento y Primer Filósofo de Coronel Oviedo, porque al parecer el coloradismo ovetense es pródigo en filosofía política.

Aquella vez todos hablaron de la “verdad”, es decir, de la legalidad del título de abogado de Rivas, un protegido de la “Familia Cartista”, es decir, del Quincho de la Avenida España. El asesinado diputado por las fuerzas de seguridad antidrogas, Eulalio Gómez, también fue un protegido del Quincho... hasta que ya no lo fue: pasó del otro lado de la verdad. Rivas, a quien esta semana le concedió un permiso inconstitucional el carto-liberalismo, sigue ubicado “de este lado” de la verdad, según el oficialismo colorado.

La columnista de este diario, Estela Ruiz Díaz, se preguntó en X (y nos preguntamos con ella) qué es lo que tanto sabe Rivas que ante las abrumadoras evidencias del carácter apócrifo de su título, es decir, de un posible acto delictivo, todavía es defendido corporativamente, dos años después de la escena teatral frente a la oficina de Bachi Núñez, como se defiende solamente a los compadres de la mafia.

Este compradazgo vernáculo se llama, muy simpáticamente, en la obra original de Brecht “el trust de la coliflor”, o sea, un “cartel monopolista”. ¿En este caso paraguayo sería entonces “el trust de los cigarrillos”? ¿O sería “el trust de las universidades” para el lavado de dinero? ¿O sería “el trust de los bancos”, las financieras y las casas de cambio haciendo este trabajo sucio que tanto buenos dividendos les deja? ¿O sería “el trust de los mandos medios del Estado”, en muchos casos elementos de asociaciones ilícitas de algún tipo, por no hablar de los simples oficiales de los aparatos de seguridad en el terreno diario, profesionales de la extorsión? Por ahora, solo en el Quincho se sabe qué es lo que sabe Rivas.

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