Nuestro país carece de un sistema de transporte público pensado en el bienestar de la población. Después de años se está hablando de una reforma del transporte, pero se desarrolla de manera muy lenta y además con limitaciones. Lamentablemente, el Gobierno no parece tener prisa por hallar la forma de resolver los cotidianos reclamos de los usuarios: Largas esperas, la impune regulada de los transportistas, el mal estado de las unidades y por encima de todo, el gran caos que se experimenta a diario en nuestras calles.
Los informes de organismos internacionales son claros respecto al hecho de que en las últimas décadas, ha mejorado nuestro Índice de Desarrollo Humano. Indicadores como la esperanza de vida al nacer, años de escolaridad, entre otros, así lo muestran. Hay dos aspectos, sin embargo, en los que no ven avances. Uno de ellos es la desigualdad y el otro el acceso a servicios básicos; ambos están vinculados.
El acceso de la población al agua potable y energía eléctrica son fundamentales. A diario reportamos a través de ÚH reclamos de comunidades alejadas que viven aisladas no solamente geográficamente, sino también por la falta de acceso a vías de comunicación, agua potable y energía eléctrica. Entre los servicios ineficientes hay uno que se lleva todos los palmarés: El transporte público.
“¡La reforma del transporte público está en marcha! Promulgué la ley de reforma del transporte público con la convicción de que cada paraguayo merece un sistema digno, moderno y eficiente. El transporte es mucho más que buses, es calidad de vida, es respeto a tu tiempo y es la seguridad de llegar a tu destino con comodidad. Buscamos que la distancia nunca más sea medida en sacrificio, sino en bienestar. Con este paso, el Estado asume su responsabilidad de elevar el estándar del sistema, asegurando que cada compatriota viaje con la seguridad y la comodidad que se merece”. Esto publicaba el presidente Santiago Peña en las redes sociales en enero al promulgar la Ley 7617 de Reforma de Transporte Público.
A pesar de reconocer que hacer reformas no es un hecho que se pueda realizar de un día para el otro, se debe señalar que la tan ansiada reforma del transporte en el Paraguay, desde la perspectiva de los usuarios, transcurre de manera excesivamente lenta. Recordemos que hace tres años, en la red social X se había generado una polémica tras una publicación de una turista que había señalado: “Puedo decir de primera mano que el transporte público de Paraguay es el PEOR de Latam”, le acompañaba una fotografía de un colectivo averiado siendo empujado por un grupo de pasajeros.
Desde entonces, poco ha mejorado el servicio. La novedad de la nueva ley de reforma no ha significado cambios sustanciales y significativos para los usuarios. Persisten las quejas y los reclamos a diario y la respuesta a dichos reclamos por parte de las autoridades es la misma: Total indiferencia.
Nuestro sistema de transporte no solamente es objeto de burlas y críticas al comparar con los de otros países de la región, sino que además es evidente que se encuentran en un estadio arcaico, además de ser ineficiente y caro, tanto para el usuario como para el Estado.
La ciudadanía tiene derecho a esperar eficiencia de las autoridades del Gobierno y la reforma, mientras avanza debe dar respuestas eficientes a los reclamos. Como expresaban recientemente los usuarios en un reportaje de ÚH, “La gente no está cansada de trabajar... o por laburar 12 a13 horas al día. Lo que cansa es salir y estar estresándose por la cuestión del transporte... una hora de espera... viene y no podés subirte porque está repleto o el chofer pasa de largo porque se le antojo no quedarse nomás”, reclamaba un usuario.
Es inhumano e indigno y las autoridades deben comprometerse más con el bienestar de los trabajadores que cada vez deben salir más temprano de sus casas para poder esperar llegar a tiempo a su trabajo. “Imposible viajar, ahora es peor, la gente tiene que madrugar y levantarse a las 04:00 de la mañana para cumplir sus horarios y de venida pasa lo mismo. Por favor, gente vean la necesidad del pueblo. Uno no puede pagar mucho pasaje, encima el sueldo ya no alcanza y la canasta básica está cara también”, comentaba una ciudadana.