10 ene. 2026

El transporte público debe ser un factor del desarrollo del país

Un buen sistema de transporte público es clave y, sin duda, incide en la vida de las personas y en la organización de las ciudades. Esto se hace muy evidente, cuando aparecen los problemas porque precisamente se carece de un sistema de movilidad adecuado, moderno y planificado para acompañar el crecimiento de las ciudades. El caos, los embotellamientos y las horas pérdidas en el tráfico son algunos de los síntomas de la carencia de un buen sistema de transporte que pueda acompañar el desarrollo de un país.

Las ocasionales huelgas de choferes, las amenazas de paro por parte de los empresarios del transporte público, el reclamo por falta de pago del millonario subsidio y una reforma del transporte que existe solo en los discursos y en un proyecto de ley desconocido por los ciudadanos forman parte de nuestro panorama nacional. Lamentablemente, y de la misma manera lo son el mal servicio que reciben los usuarios, las reguladas prácticamente normalizadas, las largas esperas y el excesivo tiempo que pasan las personas movilizándose a través de ciudades con tráfico colapsado.

Nos hemos acostumbrado a encarar y analizar cada uno de estos componentes por separado y por eso, se ha perdido la perspectiva de que cada uno de esos elementos forma parte de un todo que casi nunca ni las autoridades ni los funcionarios los consideran en su conjunto.

No se trata solamente de que necesitamos con urgencia resolver el problema del transporte público; lo que realmente necesitamos como país es un sistema de transporte y movilidad moderno, pensado y planificado para el Paraguay moderno y desarrollado, aquel que recibe inversiones, turistas y grandes eventos musicales y deportivos.

Con frecuencia el presidente nos muestra su orgullo cuando se anuncian grandes eventos; recordemos los proyectos referentes al Mundial 2030, para el cual Paraguay podría albergar uno o más partidos de fútbol. Pero resulta que esos proyectos se ven como brillantes castillos en el aire cuando observamos la realidad cotidiana. El caos del tránsito y la ausencia de un sistema de transporte.

Para los usuarios, movilizarse es un cotidiano vía crucis, las frecuencias en que circulan las unidades están reguladas al antojo de los empresarios cada vez que quieren protestar porque el Gobierno no paga el subsidio y el permanente castigo a los pasajeros que deben aguardar horas enteras. Sumando a esto las condiciones en las que se encuentran las unidades del transporte, unidades que, cuando no son una chatarra, necesitan mantenimiento e higiene, sin mencionar que no están refrigeradas adecuadamente para el intenso calor característico del país.

Además de que es arcaico, nuestro actual sistema apenas sería útil para que se puedan movilizar grandes multitudes.

Una encuesta de movilidad del Instituto Nacional de Estadísticas señala que en Asunción y su área metropolitana, el 20% de las personas utilizan el transporte público para movilizarse, y calculan que son unas 200.000 personas quienes usan a diario el transporte público.

Resulta inadmisible que las personas pierdan tanto tiempo para moverse de un lugar a otro en nuestras ciudades porque no solamente se están perdiendo horas laborales, sino que eso afecta en el rendimiento, sin duda, al constituir obstáculos en el desempeño diario. Es inadmisible que dirigirse al lugar de trabajo deba ser una odisea cotidiana.

Debemos pensar, cómo vamos a sostener, como país, un sector de servicios en crecimiento y que será vital para aquellos futuros anunciados eventos, si quienes trabajarán en esos servicios (hoteles, centros comerciales, restaurantes etc.), tienen tantas dificultades para movilizarse hasta sus lugares de trabajo, en horas nocturnas y diurnas, con total comodidad y seguridad.

Es hora de que se piense en invertir de manera planificada e inteligente en construir un sistema de transporte y movilidad para el país porque quienes gobiernan deben entender que el transporte y la movilidad de sus ciudadanos no son solamente derechos, sino también que promueve el desarrollo. Es hora pues de dejar las soluciones parches y plantear una política pública para el sector.

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