A lo largo de más de seis décadas se dedicó a la venta ambulante de café, oficio que comenzó cuando era apenas un adolescente.
En una entrevista concedida en 2024 recordaba que había pasado más de 60 vendiendo café. Su historia estuvo marcada por el trabajo desde muy pequeño, luego de haber llegado a la capital desde Arroyos y Esteros, cuando tenía solo siete años.
Según relataba, fue a los 13 años cuando empezó con la venta de café junto a un familiar y luego con un patrón que lo introdujo en el circuito de trabajadores del centro capitalino. Con el tiempo decidió independizarse y continuar por su cuenta.
“Con este trabajo me mantengo, le hice estudiar a mi familia, compré para mi casa… fui juntando con la venta de café”, contaba con orgullo al recordar cómo ese oficio le permitió sacar adelante a sus hijos y nietos.
Duarte se había ganado el cariño de quienes lo veían a diario. Él mismo relataba cómo nació su apodo. “Todos me conocen como Cachito. Creo que ese nombre me pusieron los taxistas que estaban sobre la avenida Colón. Ese ‘¡Cachitooo!’ es como una marca registrada”.
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A pesar de los problemas de salud que arrastraba, especialmente en las rodillas, siguió trabajando mientras pudo. “¿Pero qué voy a hacer si no recorro con eso, si es mi pan de cada día?”, decía.
La noticia de su fallecimiento entristeció a sus clientes habituales, quienes lo recuerdan como un trabajador incansable y siempre amable.
“No tengo ni un cliente que se queje de mí porque yo les trato bien”, había dicho en aquella entrevista.