Uno de los deberes del presidente, según la Constitución Nacional, es rendir cuentas de su gestión, cada año, al Congreso Nacional no ante la Junta de Gobierno de un partido político. El Partido Colorado es responsable de que Santiago Peña haya llegado a la presidencia, pero este le debe respeto a todo el pueblo paraguayo. El mensaje que lanza poco aporta a la democracia y la concordia nacional.
Por tercer año consecutivo, el presidente de la República acudió a presentar su informe de gestión ante la cúpula del Partido Colorado. Esta ha sido, como era de esperarse, una decisión controvertida y cuestionada.
El mensaje que envía Santiago Peña a la ciudadanía es bastante explícito, y es que él antepone al partido político que lo llevó a la Presidencia, y lo sostiene en el cargo, por encima de la institucionalidad de la República.
El artículo 238 de la Constitución Nacional, “De los deberes y de las atribuciones del Presidente de la República”, establece, entre otros, que el presidente representa al Estado y dirige la administración general del país; debe cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, participar en la formación de las leyes, dirigir el manejo de las relaciones exteriores de la República, y dar cuenta al Congreso, al inicio de cada periodo anual de sesiones, de las gestiones realizadas por el Poder Ejecutivo, así como informar de la situación general de la República y de los planes para el futuro.
Son conocidos los resultados de las elecciones generales de abril de 2023, una victoria sin precedentes de la Asociación Nacional Republicana (ANR) Partido Colorado con una diferencia de 15,26% de los votos. Con esta victoria los colorados incluso batieron su propio récord que fue el resultado de las primeras elecciones tras el fin de la dictadura de Alfredo Stroessner.
Con ese resultado y mayoría propia en la Cámara de Senadores y de Diputados se planteaba hace tres años un escenario político muy favorable para el presidente; Peña tuvo en sus manos una posibilidad que solo el general Rodríguez, quien había derrocado al dictador, había tenido antes.
Lamentablemente, ni los colorados, en el Parlamento, ni Santiago Peña, en la Presidencia de la República supieron aprovechar esta oportunidad para poner en marcha los planes para un país que sigue teniendo grandes problemas sin resolver.
Santiago Peña, en vez de cumplir primero con el rito que exige la democracia, rendir cuentas ante el Congreso de la Nación, decidió que la ANR y su presidente Horacio Cartes son más importantes, y están por encima de la representación popular.
El presidente acudió ante la Junta de Gobierno del Partido Colorado a presentar su informe de gestión, pero no se limitó solo a eso, sino que además dedicó parte de su intervención a cuestionar a los medios de comunicación, a grupos empresariales y a la oposición, diciendo: “Hay quienes la democracia no les viene bien en el Paraguay”, afirmando que existen “grupos económicos poderosos” y “conglomerados empresariales con intereses mezquinos” que buscan debilitar a los partidos políticos.
Aseguró que esos sectores “sueñan con el fin de los partidos políticos” para imponer “sus agendas empresariales y sus agendas mediáticas”.
También sostuvo que “en el Paraguay no hay democracia sin una ANR”. Y tras denostar contra la oposición, a quien acusó de carecer de participación democrática interna y de intentar desacreditar los logros de su Gobierno declaró que: “Somos el partido político más democrático de la República del Paraguay. No como otros que hacen elecciones entre cuatro paredes”. Todo esto lo dijo Santiago Peña, desde la sede del Partido Colorado, sostén de la que fuera la dictadura más antigua de Latinoamérica, sostenida por el Partido Colorado.
Santiago Peña no solo deja un mensaje que poco aporta a la democracia, sino que además utilizó una popular expresión que, sin dudas, habrá arrancado aplausos: “A los que odian, a los que quieren divisiones, les digo respetuosamente: a llorar a la llorería”. La fase expone su pobre capacidad argumentativa.
El pueblo paraguayo, que padece la falta de una salud pública universal y gratuita, que clama por servicios eficientes, por seguridad y empleo digno, no merece ser insultado por quien debería trabajar por construir el bienestar de todos.
Un presidente nunca debe olvidar que en la República del Paraguay, la soberanía reside en el pueblo, quien cede el gobierno a sus representantes, y es quien sostiene al país con sus impuestos.