14 abr. 2026

El potencial económico de las mujeres

Esta semana, en un evento, escuché una frase que se me quedó grabada: “Para que una mujer se postule a un cargo debe sentirse 150% preparada, mientras que un hombre lo hace con apenas el 50%”.

Otra frase fue incluso más provocadora: “Una mujer debe ser extraordinaria para sentarse en una mesa con hombres mediocres”.

Más allá de lo incómodo que pueda resultar escucharlo, muchas mujeres reconocen algo de verdad en esas palabras. En muchos espacios profesionales, sentimos que debemos demostrar más, prepararnos más y estar más seguras antes de dar un paso. Revisamos cada detalle antes de levantar la mano, mientras otros avanzan con menos dudas.

No es solo una percepción. También es una realidad que muestran los datos.

El estudio Gender Inequality in Latin America, elaborado por Inés Berniell, Raquel Fernández y Sonya Krutikova, señala que en América Latina las mujeres han logrado cerrar e incluso revertir la brecha educativa. En muchos países de la región, ellas superan a los hombres en años de escolaridad y en tasas de graduación universitaria, es decir, las mujeres estudian más.

Sin embargo, ese mayor nivel educativo no se traduce en igualdad económica. La participación laboral femenina ha aumentado en las últimas décadas, pero su crecimiento se ha desacelerado y la brecha salarial persiste.

En Paraguay, la situación refleja esa misma paradoja. Datos del INE muestran que más de 1,4 millones de mujeres están ocupadas, lo que representa cerca del 61% de la población femenina en edad de trabajar. No obstante, el ingreso promedio de las mujeres sigue siendo menor; ganan alrededor de 27% menos que los hombres.

La estructura del empleo también muestra desafíos. Más del 80% de las mujeres trabajan en el sector de servicios, principalmente en comercio, servicios personales y actividades sociales, sectores que suelen concentrar empleos con menor remuneración o mayor informalidad.

Al mismo tiempo, cerca de tres de cada diez mujeres ocupadas trabajan por cuenta propia, muchas veces como una estrategia para compatibilizar el trabajo con las responsabilidades de cuidado dentro del hogar.

Aquí aparece otro de los grandes factores que explican la desigualdad; la llamada penalización por maternidad.

Tener hijos suele implicar interrupciones laborales, menos horas trabajadas y menores ingresos para las mujeres. Y aunque no siempre se mencione, detrás de esa penalización hay algo muy concreto: Las tareas de cuidado siguen recayendo mayoritariamente sobre ellas.

La pregunta, entonces, no es solo sobre equidad. Es también económica. Las mujeres representan prácticamente la mitad de la población paraguaya, cerca del 50%. Pero su potencial productivo no se aprovecha plenamente.

Porque cuando el talento, la capacidad y la preparación de la mitad de la población no se traducen en las mismas oportunidades económicas, el país entero termina creciendo por debajo de lo que podría.

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