En 1885 la apacible sociedad paraguaya se vio exaltada por el proceso impulsado por la Cámara de Diputados contra el director del periódico El Heraldo y los principales redactores. El director era el español Domingo Jiménez Martín, quien junto a Manuel Curuchet, Fabio Queirolo y el joven paraguayo José de la Cruz Ayala, alias Alón, fueron los responsables de este combativo órgano de prensa que a través de una serie de artículos periodísticos comenzó a cuestionar algunas decisiones adoptadas por el Congreso y el Gobierno del general Bernardino Caballero.
Las críticas encendidas de El Heraldo iban enardeciendo los ánimos de los diputados quienes iniciaron un proceso contra el director Domingo Jiménez Martín y los demás redactores del periódico. La Cámara de Diputados ordenó el arresto de los acusados, ante lo cual los abogados presentaron una solicitud de hábeas corpus. El Superior Tribunal de Justicia concedió el pedido y ordenó la libertad de los acusados. La respuesta de la Cámara de Diputados no se hizo esperar, inició un juicio político contra dos de los tres miembros del Tribunal Superior de Justicia: Alejandro Audibert y Mateo Collar.
Con la mediación del presidente de la República, la Cámara de Diputados se comprometió a retirar la acusación toda vez que la máxima instancia judicial reconociera a dicha institución el derecho de ordenar arrestos por desacatos de la prensa. Obviamente, los jueces se ratificaron en que el órgano legislativo no tenía esas atribuciones, la acusación continuó su curso normal, pero la Cámara de Senadores absolvió a los jueces enjuiciados políticamente.
Por su parte, los periodistas no tuvieron la misma suerte que los magistrados, Domingo Jiménez fue separado de su cátedra de Historia en el Colegio Nacional, a José de la Cruz Ayala lo enviaron reclutado a prestar el servicio militar en la Guarnición de Villa Hayes y Curuchet se marchó del país. El Heraldo se publicó un año más, pero sin auspicios se hizo cuesta arriba la publicación.
Lo acontecido con El Heraldo es uno de los tantos capítulos oscuros que pueblan la historia política paraguaya, que permiten ver cómo el poder ve a la prensa libre como un obstáculo, como un contrapeso odioso que no le permite gobernar. Periódicos y otros medios de prensa clausurados, periodistas arrestados o exiliados son episodios de una saga por la defensa de la libertad de prensa.
Los principios de libertad ideológica y de expresión declarados por los textos constitucionales paraguayos fueron varias veces olvidados o abiertamente ignorados por los que ejercieron el poder.
La prensa libre es necesaria para el fortalecimiento de las instituciones. La libertad de expresión es uno de los principios angulares de una República democrática. La crítica y el debate público deben hacerse con tolerancia y transparencia para lograr que el principio enarbolado por el célebre filósofo Voltaire sea una realidad: “Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo”.
“Principios de libertad de expresión fueron varias veces abiertamente ignorados por los que ejercieron el poder”.