15 may. 2026

El canibalismo cartista que hace temblar a Peña

El pitazo inicial del segundo tiempo del Gobierno de Santiago Peña ha sido marcado por el anuncio de la “economía de guerra”, algo parecido al “no hay plata”, de Javier Milei, y como si todo esto fuera poco, la guerra por recursos y la carrera electoral con miras a las municipales y las propias generales del 2028 ya generaron una especie de canabilismo en el propio oficialismo.

La semana pasada se vio intensificado el internismo en el movimiento Honor Colorado con los fuertes cruces que hubo entre miembros del oficialismo, el cual sufre una suerte de “brote de indisciplina”, en un contexto en el que el líder del grupo, Horacio Cartes, aún se recupera de las convulsiones sufridas que lo llevaron a una internación y sigue presentando un delicado cuadro de salud.

Uno de estos duelos se dio entre el senador Silvio Beto Ovelar y los diputados Miguel Del Puerto y Hugo Meza, todos altos dirigentes del cartismo que tienen sus propios intereses territoriales. Los motivos fueron los recursos de Hambre Cero, que el primero quiere recortar a las gobernaciones de Concepción y Alto Paraná, mientras los demás defienden bajo la bandera de la “descentralización”.

Ovelar desafió a los diputados señalando que los senadores son el “mero mero” del Congreso y definen el Presupuesto General de la Nación (PGN), haciendo alusión a que allí podrían recortar los fondos nuevamente, a lo que los diputados respondieron que eso era un “trato apu´a”, en directa burla al senador, y exigiendo que los miembros del Senado dejen de “creerse superiores” y se “saquen estrellas del hombro”.

Los diputados del cartismo también fueron francotiradores de otros elementos internos del Gobierno, como el caso del ya hoy ex ministro de Economía Carlos Fernández Valdovinos, sobre todo después del fiasco de la reforma de la Caja Fiscal, donde la Cámara Baja quedó pegada a la versión impopular del proyecto.

De hecho, son varios los ministros del Ejecutivo que reciben furibundas críticas de legisladores y dirigentes del propio oficialismo, y no es casual que sean los ministros “no políticos”, como de Salud, de Obras Públicas y otros. Las pretensiones de los sectores dirigenciales del cartismo apuntan evidentemente a colocar alguna pieza política en estas carteras a fin de utilizar como recurso de prebendarismo, algo clave en tiempos electorales para el modelo colorado.

Pero las notas más controversiales vinieron de otros altos dirigentes del cartismo que no solamente se lanzaron contra ministros del Ejecutivo, sino también contra el propio presidente de la República, Santiago Peña, y su gestión de gobierno.

El caso de Gustavo Leite, por tratarse de un embajador (ante EEUU), es decir un funcionario del propio Gobierno, fue lo más llamativo, y sobre todo, por el fuerte tono de sus solapadas acusaciones, ya que habló de empresarios que se quejaban del Gobierno señalando que en la era de Horacio Cartes “no había ni olor a coima”, a diferencia de este.

Esto le valió un tirón de orejas por parte del canciller y tuvo que pedir disculpas públicas, no obstante, hasta el propio Peña justificó sus críticas, mostrando una terrible debilidad ante sus subalternos que se sienten más fuertes por ser del primer anillo de Horacio Cartes.

La misma línea siguió el senador y médico personal de HC Antonio Barrios, quien cuestionó la indisciplina en el Gobierno, y tiene como antecedente en su despacho la foto de Cartes como presidente, y no la de Peña. Nicanor Duarte Frutos es otro que salió a lanzar críticas y hasta amenazar a Peña con la frase: “La soberbia es la víspera de la caída”.

Alliana fue el único que salió públicamente a condenar estas actitudes y amenazar a los “indisciplinados”, que se sacan fotos con Cartes para blindarse.

El resquebrajamiento interno le puede costar muy caro a Peña, quien está dando señales de falta de liderazgo y no cuenta por ahora con la voz más firme de Horacio Cartes para poner orden en el gallinero.

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