Solo días después de que Sebastián Marset denunciara a los fiscales que llevan su causa en Estados Unidos, salta a luz una ampliación no conocida de la acusación en su contra por narcoterrorismo, conspiración para poseer con intención de distribuir cocaína a bordo de una embarcación sujeta a la jurisdicción de los EEUU y lavado de dinero.
Según la acusación, revelada por el medio uruguayo Búsqueda, la organización que encabezaba Marset, el Primer Cartel Uruguayo, tuvo “actividades terroristas”.
Prosigue la misma que, entre el 2018 y el 13 de marzo de 2026, fecha en que fue detenido en Bolivia, Marset “se asoció, conspiró, confabuló y acordó con otras personas, conocidas y desconocidas”, “para cometer los delitos contra los Estados Unidos”.
“La organización de Marset también transportaba cocaína en embarcaciones sin pabellón; es decir, buques que carecían de bandera o nombre y que no tenían nacionalidad”, sostiene la acusación.
Todo esto generaba grandes movimientos de euros en efectivo, luego introducidos en el mercado financiero internacional, incluyendo bancos de Estados Unidos.
Actos de violencia. Según los fiscales estadounidenses, a Sebastián Marset se lo sindica de realizar amenazas a autoridades del Uruguay y cometer asesinatos de sus propios socios.
“Estas actividades violentas, que implicaron el uso de armas, artefactos peligrosos, armas de fuego y explosivos, para garantizar su propia libertad e intimidar a terceros para que se sometieran a su voluntad”.
Fue Marset el que habría ordenado lanzar una granada en el estacionamiento de la sede de la Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas de la Policía de Uruguay.
Luego de eso, habría mandado amenazar a la entonces fiscala antidrogas Mónica Ferrero, hoy fiscala de Corte y procuradora general de la Nación.
Incluso, la Fiscalía de EEUU atribuye a Marset haber asesinado en setiembre del 2020 a un miembro de su grupo por presunto complot.
Distribución de la droga. Marset, presunto líder de un esquema de tráfico internacional de drogas, supuestamente obtenía cocaína de Perú, Colombia y Bolivia, según describen los fiscales adjuntos Anthony T. Aminoff y Catherine Rosenberg.
Se estima que la droga era transportada desde los laboratorios de los países de origen a los puertos de Brasil, Paraguay y Uruguay.
De ahí salían los cargamentos en contenedores hacia diferentes países del mundo, principalmente a Europa Occidental, y en concreto a Portugal, España, los Países Bajos y Bélgica, para su distribución.