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¿Donde están?

 

Un viernes a las once de la mañana, Rogelio Goiburú charla con un periodista en un café céntrico. En medio de la entrevista, un hombre de mediana edad se le aproxima e interrumpe. Es hijo y nieto de exiliados de la dictadura. Luego de presentarse e intercambiar números, el hombre se despide: “Quería tener el honor de saludarle”. Para muchas víctimas y familiares de víctimas del stronismo, el doctor Goiburú representa una esperanza: La de algún día encontrar e identificar a las centenas de personas desaparecidas por el terrorismo de Estado de aquellos años.

La tarea emprendida por Goiburú fue titánica: Desde el hallazgo de los primeros restos óseos, hace más de una década, hoy la cantidad de cadáveres encontrados es de 37. Aún queda mucho por encontrar y luego identificar. La misión de este médico de profesión pudo haber comenzado como algo personal -su padre fue Agustín Goiburú, un histórico dirigente del Mopoco exiliado por la dictadura, secuestrado en el marco del Operativo Cóndor en Argentina en 1977 y nunca más encontrado- pero hoy se convirtió en un símbolo nacional de lucha contra el olvido y la barbarie.

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¿Por qué es tan importante la búsqueda de los desaparecidos? Porque en el desaparecido se configuran todos los abusos de la dictadura: Desde la delación y espionaje, hasta la tortura y el homicidio, pasando por la violación de los derechos políticos y cívicos, explica Goiburú.

El informe final de la Comisión Verdad y Justicia concluyó en el 2008 que unas 336 personas fueron desaparecidas por el régimen. Sin embargo, la búsqueda continuó. Más testimonios, documentos y denuncias recolectadas por la Dirección de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia, a cargo de Goiburú, la cifra de desaparecidos trepó a 459. Todos los casos fueron denunciados ante el Ministerio Público.

“Los paraguayos nunca vamos a poder decir un número exacto de cuántos desaparecidos hubo. Cuando estábamos en la comisión Verdad y Justicia recibimos a los líderes de comunidades indígenas que nos contaban las atrocidades que sufrieron ellos, masacres por ejemplo cuando entraron a sus tierras para cortar árboles y vender a extranjeros o cuando se hicieron tales rutas y ellos se revelaron contra las maquinas porque querían conservar su espacio y fueron masacrados”, recuerda Goiburú. El caso de los indígenas es paradigmático ya que por falta de documentos de identidad, muchas de aquellas víctimas ni siquiera pueden ser individualizados y luego buscados.

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