El debate sobre el déficit fiscal en Paraguay tomó fuerza en las últimas semanas por un problema estructural que ha permanecido semioculto: La acumulación de deudas del Estado con proveedores, evidenciado luego de la pandemia y repetido nuevamente en 2025. Estas obligaciones se mantienen fuera del cálculo del déficit hasta que generan una crisis en el sector privado, distorsionando, además, la situación real de la salud fiscal del país.
En este contexto, algunos legisladores han propuesto elevar o flexibilizar el techo del déficit fiscal, lo que implicaría aumentar la deuda pública, acompañado de recortes en el Presupuesto General de la Nación (PGN). Sin embargo, el Poder Ejecutivo rechazó esta medida señalando que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) está avanzando en un plan de pagos para las empresas constructoras y farmacéuticas, sin la necesidad de flexibilizar ese déficit ni emitir nuevas deudas. Por otro lado, las causales señaladas en la ley no se dan.
El manejo de las finanzas públicas fue duramente criticado por analistas, ya que se ocultó la verdadera situación presentando una realidad fiscal más holgada de la que realmente tiene. Cuando el Gobierno firma contratos que no cuentan con presupuesto y luego retrasa los pagos se generan una deuda flotante, el resultado fiscal a corto plazo resulta ser ficticio. Por tanto, el déficit público real termina siendo superior al declarado.
La polémica iniciativa parlamentaria plantea modificar la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF) para elevar el límite del déficit estructural del actual 1,5% del PIB a un 2,5% del PIB. Este cambio permitiría al Gobierno endeudarse todavía más. La justificación oficial de los legisladores es que ese espacio fiscal extra permitiría pagar las deudas atrasadas con proveedores farmacéuticos y de la construcción. Además, con un discurso irresponsable porque no cuentan con bases serias que justifiquen sus promesas de reactivar el empleo y garantizar servicios básicos.
Como contrapartida, los legisladores sugieren recortes presupuestarios sin considerar que la experiencia histórica muestra que estos recortes suelen afectar desproporcionadamente a la inversión social y a obras de infraestructura, no a los rubros superfluos.
Desde el Poder Ejecutivo argumentan que la flexibilización de la regla fiscal incorporada en la Ley de Responsabilidad Fiscal fue clave para mantener la estabilidad macroeconómica, la credibilidad internacional y el grado de inversión otorgado por agencias como Moody’s y Standard & Poor’s. Elevar el déficit al 2,5% del PIB podría interpretarse como una señal de laxitud fiscal, incrementando el riesgo país y encareciendo el financiamiento externo. También señalaron, como en años anteriores, que lo que se debe hacer es apelar a una estricta ejecución presupuestaria y un mayor control y calidad del gasto, promesa nunca cumplida y demostrada con la mala gestión de los pagos a proveedores.
Paraguay tiene uno de los presupuestos más rígidos de la región, con altos porcentajes destinados a salarios, déficit de la Caja Fiscal, pago de la deuda pública y transferencias a gobernaciones y municipios sin evaluación. Reducir el gasto en salud o educación para financiar el pago a proveedores farmacéuticos sería paradójico. Lo óptimo sería una reasignación de partidas improductivas hacia el pago de deudas atrasadas.
El problema del déficit público en Paraguay no puede entenderse sin visibilizar las deudas pendientes. Estas deudas representan un pasivo real que genera escasez de medicamentos, paralización de obras y pérdida de confianza en el Estado como socio comercial.
La propuesta legislativa, si bien conlleva riesgos en términos de credibilidad fiscal, pone sobre la mesa la necesidad de reconocer, cuantificar y transparentar esos pasivos. El objetivo debiera ser una reforma del gasto eliminando partidas que no generan beneficio y evaluando gastos, incluyendo tributarios y márgenes de preferencia, de dudoso valor público.
El MEF y el Parlamento deben hacer los cambios necesarios en el manejo de las cuentas públicas a fin de que esta situación no se repita por tercera vez en el futuro. Es totalmente incomprensible que luego de la experiencia de la pandemia, pocos años después el descontrol se repita y en mayor magnitud