24 abr. 2026

Salud: El Gobierno debe atender los reclamos ciudadanos

Una vez más es necesario señalar que la situación de la salud pública en el Paraguay se encuentra en estado crítico. Faltan medicamentos, insumos e infraestructura. También se debe mencionar la necesidad de contar con más médicos, que accedan a buena formación y buenas condiciones de trabajo. Como reclaman las organizaciones sociales reunidas en la Plataforma por el Derecho a la Salud, la salud no es una mercancía ni privilegio y no puede depender del bolsillo, los contactos, favores ni de la caridad. La salud es un derecho.

En ocasión de la recordación del Día Mundial de la Salud, organizaciones sociales reunidas en la Plataforma por el Derecho a la Salud hicieron una presentación de la realidad que vive el sistema público.

Frente a la sede del Ministerio de Salud Pública dieron a conocer un manifiesto encabezado por la frase “No hay”. El pronunciamiento denuncia la crisis estructural del sistema público de salud y exige al Estado respuestas urgentes, integrales y sostenidas para garantizar este derecho humano fundamental.

“(...) Alzamos la voz para denunciar una realidad que en Paraguay se volvió demasiado habitual y demasiado cruel. Ante el dolor, la urgencia y la necesidad de atención, la respuesta que miles de personas reciben todos los días es una sola: ‘No hay’”. Afirman las organizaciones que dicha frase se ha convertido en la forma cotidiana de abandono y es la respuesta reiterada cuando la población va a los hospitales públicos y no encuentra medicamentos, estudios médicos, camas, más personal de salud o turnos para la atención.

Sostiene la Plataforma que cuando el Estado responde “no hay” las consecuencias son concretas y devastadoras; las familias pagan con su salud, con su tiempo, con sus ingresos y muchas veces con su dignidad; se endeudan, compran de su bolsillo lo que debería estar garantizado, peregrinan entre servicios, suspenden tratamientos, postergan diagnósticos y se ven empujadas a rifas, colectas, polladas y exposiciones públicas del sufrimiento. “¡Basta de mendigar por la salud!”.

Cuestionan que, mientras por un lado no hay medicamentos ni atención digna, por el otro sí hay “corrupción, clientelismo, prebendarismo, desorden administrativo, compras fraudulentas, conflictos de interés y decisiones sin control que convierten la necesidad en negocio”. Y denuncian que, mientras a la ciudadanía se le dice “no hay”, se desperdician recursos, se dejan vencer insumos, se vulneran controles y se alimentan circuitos que benefician a unos pocos a costa del sufrimiento de la mayoría.

El manifiesto recalca que la salud no es una mercancía ni privilegio y no puede depender del bolsillo, de los contactos, de favores ni de la caridad. Así también reafirma que la salud es un derecho humano y una responsabilidad indelegable del Estado. Por tal motivo, desde dicha Plataforma defienden un sistema público de salud como base del acceso universal, con calidad, calidez, eficiencia y trato digno para todas las personas.

Frente a las carencias y a las denuncias cotidianas que develan la crítica realidad, no bastan los discursos y las excusas. Recientemente se hizo pública una fotografía de la operación de un paciente en una camilla común y unas butacas para realizar el procedimiento; ocurrió en el Instituto de Medicina Tropical. Desde el Sindicato Nacional de Médicos señalaron que los directores realizaron las gestiones para contar con dicha cama, pero que no hubo respuesta del Ministerio de Salud. Se denunció al mismo tiempo la necesidad de apurar la adquisición de camas quirúrgicas a nivel país, además de luces para cirugías; generadores, medicamentos y más profesionales para los distintos hospitales del país.

En 2012, la entonces ministra de Salud, Esperanza Martínez, durante la presidencia de Fernando Lugo, había anunciado la gratuidad de los servicios de salud en los centros y hospitales dependientes del Ministerio, que incluía medicamentos básicos, análisis externos y ambulancia. “Todo lo que hay será gratis”, proclamaba. Lamentablemente, en vez de avanzar hacia la salud universal como política pública hemos retrocedido, y por eso hoy la única solución parece ser la solidaridad de las polladas.

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