30 abr. 2026

Cuando los reyes hacen magia

La celebración de los Reyes Magos trae consigo ilusión, alegrías y flamantes regalos. En ocasiones, cumplir con pedidos de lo más insólitos, les acarrea más de un dolor de cabeza.

Reyes

Revista Vida

Por Carlos ElboMorales / Foto: Javier Valdez

El extinto periodista Sergio Araújo recordaba en uno de sus programas, previo al Día de Reyes, una anécdota de su niñez. Contaba que siempre recibía como presente del 6 de enero, lápices y otros útiles escolares. Hubiese dejado pasar tal hecho de no ser por la diferencia que veía con los presentes de sus vecinitos: “Yo vivía con mis tías y siempre me llegaban cuadernos. En cambio, los veía pasar a ellos a toda bala en sus nuevos triciclos que les traían los Reyes”. Más allá de ese recuerdo anecdótico, hay otros regalos que sí llaman la atención, no por sus diferencias con otros, sino por ser insólitos. Pedidos que ponen los pelos de punta al más pintado rey mago.
Un poni, papi
Un animalito siempre es un buen regalo para los niños, dejándolos más que contentos y con un hermoso recuerdo de su infancia. Pero muchas veces no es un perrito, gatito o conejito el pedido de los más pequeños, sino que va más allá. Y he aquí cuando los padres se ven en figurillas cuando leen las cartas de sus hijos. Claro, si están dispuestos a que sus deseos se hagan realidad. De esta situación pueden dar plena fe los padres de Gabriela García, quienes no sabían qué responder cuando la niña, hoy toda una mujer, pedía que los magos del Oriente le dejaran en sus zapatitos un poni. Pero no uno de juguete, sino de carne y hueso.
Con la intención de hacer buenas migas, Gaby no solamente se dedicaba a dejarles agua y pasto a los Reyes, sino también milanesas que preparaba la noche de la víspera. “No solo los camellos, los Reyes también tienen hambre”, le explicaba a su familia. “Cada año, creo que desde los cuatro hasta los ocho, dejaba bien en claro en la cartita que les hacía a los Reyes que quería un poni. Me gustaban esos animales porque siempre los veía en la tevé, en la serie Mi pequeño pony. También les hacía saber que no quería ropas sino juguetes. Hacía una larga lista y terminaban trayendo la mitad por ahí”, evoca.
Cuando despertaba la mañana del 6 de enero y presurosa salía a buscar al caballito, al no encontrarse con su soñado animal, la niña recibía las explicaciones de sus padres del porqué los Reyes no habían cumplido con su pedido. “Me decían que, como venían en camellos, no podían traer con ellos otros animales. Igual yo insistía siempre. Ahora, cuando recordamos ese pedido que hacía, nos reímos con mis padres”, rememora Gaby, quien entre sus buenos recuerdos de esta fecha menciona cuando los Reyes le trajeron una casita de Barbie. “Fui muy feliz esa vez”, dice con una expresión que le ilumina el rostro.
De bote y tortuga
Gabriela Bareiro, no la del poni sino otra, hace una pausa en su arduo trabajo para contar su recuerdo de pedido insólito a los Reyes Magos. En su caso, fue un bote. La idea quedó fijada en ella luego de un paseo que hizo con sus padres en el río, donde pudo ver las embarcaciones que navegaban orondamente en las calmadas aguas.
“No sé cómo se me ocurrió, pero sí o sí quería un bote. Eso le pedí a los Reyes uno de esos años. Mis padres pudieron cumplir conmigo y me compraron un botecito que tenía incluso un remo. Lo llegué a usar en arroyitos y piletas”, señala Gabriela, quien actualmente es madre de tres niñas. Justamente dos de sus hijas también fueron protagonistas de pedidos exóticos para los tres responsables de la alegría infantil en cada inicio de año.
“Cuando era más chica, la segunda de mis hijas pidió a los Reyes una tortuga. Nos pasamos buscando el animal, pues no se comercializaba por leyes ambientales. Cuando pensamos que ya no ibamos a conseguirla, mi amiga Miriam nos regaló su tortuga”, cuenta la madre al hablar de cómo fue posible hacer realidad el pedido de la niña. Dentro de todas las peripecias que pasaron para conseguir la mascota, al menos pudieron cumplir con su hija. Requirió mucho menos esfuerzo que el otro pedido de su hija mayor, quien al ver el programa de la diva argentina Susana Giménez pidió apenas 1.000.000 de dólares para el 6 de enero.
En busca de Shakespeare
Muchas veces, el presente no puede estar motivado solo por lo material. Esto es lo que ocurrió con Mía Quintana, hija de la investigadora e historiadora Noelia Quintana Villasboa. Hace unos años, la niña pidió ir a Inglaterra para conocer personalmente a William Shakespeare. Pero antes de abordar este tema, nos adentramos en la propia historia de Noelia. Cuando era pequeña no pidió ni muñecas ni juegos de té: ella quería un auto Ferrari. Y los Reyes fueron buenos con ella y se lo trajeron...pero uno a control remoto.
La investigadora cuenta que cuando su nena tenía ocho años, le leyó Romeo y Julieta. Desde ese momento la pequeña quedó prendida a la pluma del bardo inmortal. “Yo no le había contado que él ya no estaba vivo. En una de sus cartas manifestó el deseo de ir a Inglaterra para conocer personalmente a Shakespeare. Ella pensaba que ir a ese país con los camellos no representaría ningún problema. También decía que le hubiese gustado ser su amiga. Por obvias razones no se pudo cumplir el pedido. Ahora tiene una colección de varias obras suyas y le explico que leerlo es una forma de acercarse a aquel pedido y que algún día podrá viajar al país del escritor”, indica.
Lo último de lo último
La fantasía por los magos del Oriente no está solo presente en estas latitudes. Del otro lado del océano, la periodista española Mónica Martin corrobora que en la carta para el 6 de enero también aparece lo más moderno. Mónica es madre de tres niños y comenta que la del medio, que cumplió seis años recientemente, es una completa nativa digital. Lo único que quiere son juguetes electrónicos, pero lo que más ilusión le da es tener un dron que maneje con el movimiento de sus manos.
“Este año, en el cole ha coincidido que tiene un profesor que fomenta mucho las habilidades digitales y suponemos que por ahí viene la petición. Pero dudamos que se lo traigan, al menos este año. En España está prohibido usar drones en las ciudades. Está restringido a las zonas no habitadas o a los recintos de aeromodelismo, y además necesitas un permiso. Seguramente los Reyes han pensado que, para que solo pueda volarlo en casa, mejor esperarán a ver si cambia la normativa. O las dimensiones de nuestra casa”, detalla con gracia la española.
De pequeños y entretenidos juguetes hasta los más modernos aparatos, la lista de los Reyes es bien amplia. Ya en la bonita mañana de la epifanía se sabrá si los pedidos se tachan con un debe o un haber. Pero lo que no estará ausente cada año será esa espera mágica, que lleva a los adultos a esos inolvidables días de tierna fantasía.

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