Revista Vida

Cuando lo viejo se renueva

La moda es cíclica, va y vuelve, envejece y se renueva. Las tendencias marcan una época y cada tiempo se caracteriza por una forma de vestir. Nuestras prendas y estilos comunican, también transmiten mensajes, sentimientos y actitudes. Entre la globalización y el consumismo, surge una moda más consciente, buscando diferenciarse del resto y resignificar el valor de las ropas vintage, de segunda mano y usadas.

Por: Romina Aquino González | Fotos: Javier Valdez

Nos adentramos de a poquito, con miedo y desconfianza aún. Los percheros y las montañas de ropa se nos imponen como fieras a las que debemos cazar. ¿Por dónde empezar? Vamos removiendo cosas, probando alguna que otra prenda y desempolvando nuestro desconocimiento para descubrir qué universo se esconde en las tiendas de segunda mano.

En nuestro recorrido, nos acompaña Andrea Montanaro, blogger y cool hunter, amante del vestuario y de toda la parafernalia que eso implica. Ella es una cazadora con bastante experiencia, hace mucho rompió con sus prejuicios sobre las ropas vintage/de segunda mano, y a través de su blog, La Chinchilla Audaz, da a conocer tiendas donde las personas pueden encontrar atuendos diferentes sin demasiado presupuesto, pero sí con mucha historia.

“El porqué dejó de ser considerado un motivo de vergüenza usar ropas de segunda mano o vintage, tiene que ver con internet; vivimos en un mundo cada vez más conectado y podemos ver cómo en otras partes del mundo se hace exactamente lo mismo, incluso desde hace más tiempo. Otro motivo de popularidad también es el impacto ecológico, el concepto de reutilización es cada vez más amigo de las nuevas generaciones”, explica.

Ella asegura que actualmente estamos viviendo un furor de la década de los 80/90, y es en esa línea donde las ropas vintage adquieren mayor relevancia. Frente a esa tendencia, hay dos alternativas: “Adquirir ropa de los grandes negocios donde se fabrican en masa, o comprar en tiendas de segunda mano, donde te podés topar con algo de época, que tiene mayor autenticidad”.

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<p>Cada vez que Andrea Montanaro encuentra una prenda que le atrae, su cabeza ya empieza a armar conjuntos o ver qu&eacute; le puede agregar o cambiar.</p>

Cada vez que Andrea Montanaro encuentra una prenda que le atrae, su cabeza ya empieza a armar conjuntos o ver qué le puede agregar o cambiar.

Las tiendas de segunda mano pueden ser un paraíso, pero para poder aprovecharlas hay que saber observar, dice Montanaro. “Ir de cacería vintage es siempre una gratísima sorpresa. No tenés idea de lo que vas a encontrar, pero el paseo siempre es gratificante. A diferencia de los shoppings, donde si estás buscando algo de moda, vas a encontrarlo sin mucho esfuerzo”.

“Mis prendas más preciadas son de segunda mano, y en cada viaje que hago, es un recorrido obligatorio pasar por dichas tiendas. Tengo muy buena memoria; cuando me preguntan por lo que estoy vistiendo, siempre respondo el lugar de dónde lo adquirí y hasta el precio, con gran orgullo. La gente se queda en shock y enseguida me dice: '¡Yo también quiero ir!'”, comparte.

Según Andrea, hay cuatro características que hacen que la ropa sea especial: marcas (se pueden encontrar prendas de diseñador), tejidos (variedad y calidad impecables), modelos (piezas excéntricas que no se ven en otro lugar) y singularidad (son únicas). Además de que varias de ellas vienen con el plus de tener una historia detrás.

En sus recorridos por Asunción y alrededores, ella encontró camisas Moschino, suéteres Stella McCartney, pantalones Calvin Klein, polleras Ralph Lauren, abrigos Burberry y muchas otras prendas que aunque no son de marca, son atractivas y especiales, pero por sobre todo muy accesibles y económicas.

La paciencia y la constancia son compañeras imprescindibles de Andrea en todas sus búsquedas, ya que para encontrar tesoros, hay que husmear hasta en la bolsa más escondida. “Es clave hacerte amiga de todos los vendedores. Ir de seguido, sin expectativas, con el tiempo necesario y, por sobre todo, no esperar ningún milagro, pero sí ensuciarte mucho las manos. El arte de recorrer tiendas vintage viene sin presiones, sin buscar tal o cual cosa específica, ya que siempre es un misterio lo que uno va a encontrar. Personalmente, pienso que eso es lo mejor de todo”, afirma.

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<p>Laura Segal&eacute;s se inspira en las pel&iacute;culas y m&uacute;sicas de los a&ntilde;os 80 y 90 para la comunicaci&oacute;n en redes sociales de Garage Boutique.</p>

Laura Segalés se inspira en las películas y músicas de los años 80 y 90 para la comunicación en redes sociales de Garage Boutique.

Sumando años de vida útil

Los mercaditos de antigüedades y de ropa vintage no son ninguna novedad, existen hace años en todo el mundo y también en nuestro país. Sin embargo, hoy en día estamos experimentando un auge de este tipo de comercios, ya que el concepto sobre la reutilización de las prendas cambió.

Actualmente, se promueve el uso más consciente de las ropas, para alargar su vida útil. Muchas personas compran vestimentas, pero al final se dan cuenta de que no les gustan o las utilizan una sola vez y ya no saben qué hacer después. Entonces, para no seguir contribuyendo con el desecho masivo, surgen emprendimientos como Garage Boutique, un showroom que recibe, selecciona y cura tanto ropas como muebles, bazar en general y objetos coleccionables.

Laura Segalés es la emprendedora que lleva adelante este proyecto, luego de varios viajes en los que conoció tiendas parecidas y se enamoró del concepto: “Me gustan mucho las antigüedades, la moda de antes. Me emociona pensar en la historia que puede llegar a tener cada objeto”.

En Garage Boutique tienen ropas usadas y nuevas, que recolectan y también reciben a consignación, pero la mayoría de las prendas son vintage, de décadas como los 80 y 90. “Tenemos diseños antiguos con etiqueta, algunos quizás ni en su país de origen encuentres”, asegura.

Laura cuenta que las personas que quieren exhibir sus artículos le envían fotos al Whatsapp; allí seleccionan en una primera fase, y luego al recibirlas se aseguran de que estén en óptimas condiciones para revenderlas. Con el dueño o la dueña definen los precios y, de cada venta, comparten algún porcentaje.

“Quizás las personas tienen todavía cierto prejuicio por alguna mala experiencia. Pero nosotros tratamos de cuidar cada detalle del proceso de selección. Nos hacemos cargo de la curación, cuidado, lavado, planchado, etiquetado e inventario”, explica.

Para Laura, adquirir ropas vintage no solo es especial por su valor histórico, sino también porque puede ser divertido a la hora de comprar y vestir. “La mayoría de mis clientes tiene entre 30 y 40 años, y muchos me dicen que les hace acordar a su infancia o adolescencia”.

Los precios de los productos son variados, y dependen mucho de la prenda. Pero desde G. 10.000, 20.000, 30.000 hasta 100.000 o 200.000 se consiguen.

Lo particular de Garage Boutique es que ellos asumieron un compromiso para no desechar lo que no se lleva. “Lo que no logramos vender, lo donamos a alguna fundación o colocamos en cajas en ciertas zonas de Asunción, donde sabemos que pasan muchos trabajadores o niños que van a necesitar”.

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<p>Bel&eacute;n Piris dice que las ropas de segunda mano a veces tienen aver&iacute;as. En esos casos, en Belpia ellos devuelven el dinero o cambian por otra prenda del mismo valor.</p>

Belén Piris dice que las ropas de segunda mano a veces tienen averías. En esos casos, en Belpia ellos devuelven el dinero o cambian por otra prenda del mismo valor.

Belén Piris es otra aficionada de la ropa de segunda mano, que montó su pequeño negocio, primero de forma online y ahora ya cuenta con local físico. Se trata de Belpia, una tienda que ofrece prendas de décadas pasadas.

Piris cuenta que esta moda de las ropas de segunda mano surgió ya hace unos años en Estados Unidos, a través de las bloggers, pero que hace poco tiempo recién llegó a nuestro país, y como necesitaba una entrada económica que le permitiera estar en casa con sus hijos, decidió probar.

“Muchas tiendas compran ropas usadas por fardos, mandan traer de otros países, pero yo selecciono una a una mis prendas. Y la ventaja es que vas a tener una prenda que no va a estar repetida. Si te vas a un lugar, no vas a encontrar que otras personas tengan una igual”.

Según Piris, Belpia propone artículos que complementen la personalidad del cliente, porque la forma en que nos vestimos es una expresión de lo que somos. “Nosotros no incentivamos prendas de género. La prenda te tiene que quedar bien a vos, no importa si fue diseñada para hombre o mujer. Los jeans por ejemplo ya son unisex”.

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<p><em>Majo</em> Angulo empez&oacute; haciendo manualidades y tocados para desestresarse, por lo que considera que La P3rcha se fue dando de forma natural.</p>

Majo Angulo empezó haciendo manualidades y tocados para desestresarse, por lo que considera que La P3rcha se fue dando de forma natural.

Ponele onda a tu look

Siguiendo con nuestra expedición por el mundo salvaje de las ropas de segunda mano, nos topamos con una tienda que busca resignificar completamente el concepto de las prendas vintage.

Los comercios de fast fashion (grandes tiendas que cuentan con lo último en moda, pero a precios accesibles) renuevan cada 15 días su colección, fomentando también así el consumismo, descartando lo que ya no es tendencia y, sin darnos cuenta, favoreciendo una manera de vestir uniformada.

La P3rcha pretende ir a contracorriente de la industria y presenta un proyecto consciente, sustentable, armonioso con el medioambiente y original. “La P3rcha es la renovación de lo antiguo. Nos enfocamos en lo vintage y el customizado”, cuenta Majo Angulo, creadora y diseñadora de la iniciativa.

Majo dice que hace cuatro años viene impulsando este emprendimiento, y a pesar de que todavía la gente no ve o no comprende el concepto de customizar, arreglar o personalizar las prendas, cada vez está siendo más visible, a través de los modos de vida más responsables y comprometidos con el mundo.

“Hacemos que la ropa de antes tenga onda hoy en día. Levantamos y restauramos prendas para su reutilización. Muchas veces las personas dejan de usar su ropa porque se mancha o se rasga, y nosotros reconstruimos esa prenda con una pintura, con un corte, con un bordado.”

Y si antes mirábamos con desdén las ropas vintage o de segunda, lo cool ahora es usarlas. “Porque nadie tiene, o es de otra época o porque quizás tu mamá o tu tía vistieron en sus mejores noches, y te hace ser única y diferente”, agrega.

“El concepto de que la prenda es única es lo que está cambiando el prejuicio de que sea pelada usar ropa vintage. Estar uniformados es motivo de vergüenza hoy en día”, agrega Majo.

El trabajo manual

Como es arquitecta de profesión, ella lo ve todo como un plano que se debe ir armando; para Majo, cada ropa es un nuevo proyecto en el que hay que poner manos a la obra. Su inspiración es la vida misma, siempre está interesada y atenta a cada detalle, para aplicarlo luego a sus diseños.

Los procesos de selección y customización son como rituales, detalla Angulo. Cada paso es un acto de amor también para la prenda. “Reparar, teñir, dejar reposar, lavar, pintar, etcétera son parte de un largo proceso de mimarle también a la prenda, y que hace que el resultado final sea muy especial y único”.

A la hora de elegir una indumentaria, no es lo mismo una remera de algodón que una campera de jeans de los 70: “La prenda vintage te trae calidad, historia, exclusividad; el corte, los colores, la textura, una característica distintiva que nunca va a tener el mismo significado o sentimiento que otra”.

Las prendas customizadas de La P3rcha también impulsan otro estilo de vida y otra forma de pensar: el street style, la vida que llevamos en la calle día a día.

Lo que buscan con esta filosofía es que la gente se sienta cómoda con su indumentaria. “Si saliste a la mañana y tenés que ir a un almuerzo, después a una reunión y a la noche tenés una cena, entonces tu outfit te debe salvar todo el día, porque vos no llegas más a tu casa a cambiarte. Es un estilo que te mantiene en la calle para hacer todas las actividades que tenés planeadas”.

En La P3rcha cuentan con todo tipo de ropas customizadas (para mujeres y hombres) y también reciben pedidos de personalización. Los precios son accesibles, a partir de G. 30.000, ya que la idea es que la gente use, que fluya, para renovar otra vez el stock.

Las alternativas que ofrece el universo de las ropas de segunda mano, vintage y usadas son enormes. Es un safari en el que podés tener suerte y encontrar un gran tesoro. “Hay que romper el estigma. No se pongan trabas, espolvoreen esa prenda y póngansela. Siéntanse únicos y distinguidos, ¿quién les va a criticar? Al contrario”, reflexiona Majo.

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Uso consciente

La industria de la moda tiene una implicancia muy grande en el medioambiente y es considerada una de las tres más contaminantes del mundo. Millones de litros de agua cristalina son utilizadas para fabricar algodón y otras telas o teñidos. Según la WWF, una remera de algodón necesita para su producción 2.700 litros de agua, mientras que un jeans consume entre 10.000 a 17.000 litros. También el fast fashion, a través de su producción rápida y económica, sigue contribuyendo a la contaminación y degradación de los recursos naturales.

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¡A CAZAR!

La P3rcha. Cerro Corá 1.564. Más información, al (0981) 115 484.

Facharroca. Azara 759 y México. Lunes a viernes, de 8.00 a 19.00, y los sábados de 8.00 a 14.00.

Garage Sale. Brasil 919 casi Manuel Domínguez. Lunes a viernes, de 9.00 a 16.00.

Garage Boutique. Teniente César Velázquez casi Julio Correa. Más información, al (0984) 252-558.

Cruz Roja. José Berges casi Brasil. Lunes a viernes, de 8.00 a 15.30.

Tienda de Oportunidades. Nicanor Torales esq. Lillo. Lunes a sábados, de 9.00 a 19.30.

Bea: Tienda de Novedades. República Francesa c/ Teodoro Mongelós. Lunes a sábados, de 9.00 a 19.00.

Belpia. Ana Díaz 1.334 casi Capitán Figari. Lunes a jueves, de 11.00 a 17.00, y viernes a sábados, de 11.00 a 20.00.

Harder. Pacheco 4.353 casi McArthur. Martes a sábados, de 8.00 a 12.00.

Azara Ropas. Azara c/ Estados Unidos. Lunes a viernes, de 8.00 a 17.00, y los sábados hasta las 12.00.

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