La justicia para Domingo Rolón tardó, pero llegó al fin. Casi 50 años después, el Tribunal de Sentencia condenó a sus torturadores Eusebio Torres, Fortunato Laspina y Manuel Alcaraz, tres ex policías stronistas, culpables de someterlo a torturas físicas y psicológicas entre los años 1976 y 1978. Tras la dictadura, Paraguay ha conquistado derechos civiles y políticos, y recuperó libertades, pero todavía necesita construir y reforzar la memoria, pues solo con la verdad y la justicia se podrá evitar repetir los horrores del pasado.
Aunque hayan pasado ya cinco décadas, es un hecho histórico que los policías stronistas Eusebio Torres, Fortunato Laspina y Manuel Alcaraz hayan enfrentado en un juicio oral y público la acusación de someter a torturas físicas y psicológicas a un preso político, entre los años 1976 y 1978. Es una victoria para nuestra democracia y para la construcción del gran memorial de los horrores cometidos durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).
Eusebio Torres Romero, Manuel Crescencio Alcaraz y Fortunato Lorenzo Laspina estuvieron en el banquillo de los acusados por cometer delitos de lesa humanidad. Este ha sido un juicio histórico y una gran prueba para la Justicia, para que después de 50 años podamos celebrar una victoria sobre la impunidad de un régimen que violó los derechos humanos de miles de compatriotas.
Eusebio Torres Romero, Manuel Crescencio Alcaraz y Fortunato Lorenzo Laspina fueron hallados culpables de tortura contra el dirigente Domingo Guzmán Rolón Centurión, en el Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital, entre los años 1976 y 1978, y por ello recibieron penas de 20 y 25 años, aunque con arresto domiciliario debido a la avanzada edad de los policías.
Domingo Rolón tenía 19 años cuando fue torturado en el año 1976; integraba las Ligas Agrarias, movimiento campesino perseguido por el régimen stronista, y tuvo que buscar refugio en Argentina, donde fue detenido poco después por la Gendarmería, fue trasladado en el baúl de un automóvil hasta el Departamento de Investigaciones, en el marco del Plan Cóndor. Él falleció en el 2024 sin haber podido escuchar la condena a sus torturadores.
Según los jueces, quedó demostrada la participación de los tres acusados, en las sesiones de tortura con el fin de obtener información y su participación, no solo en las Ligas Agrarias, sino en otro movimiento, supuestamente subversivo. Para quienes juzgaron el caso, quedó absolutamente comprobado que Domingo Rolón ingresó al Departamento de Investigaciones, el 2 de diciembre de 1976, proveniente de Formosa, Argentina, como parte del Plan Cóndor. En Formosa fue sometido a tortura y trasladado a Asunción en el baúl de un vehículo.
En Investigaciones estuvo en carácter de detenido político desde 1976 a 1977, cuando fue remitido a la Penitenciaría de Emboscada, donde estuvo hasta 1978, cuando obtuvo su libertad, libertad a medias, porque todos los días debía presentarse a la comisaría jurisdiccional para demostrar que seguía vivo, supuestamente.
Durante su detención lo mantuvieron aislado y fue sometido a torturas: golpes con garrote y látigos, entre otros métodos, con el fin de arrancarle información sobre las Ligas Agrarias. Rolón padeció también el denominado tormento de la pileta, que consistía en sumergirlo en una tina llena de agua sucia. Además, sufrió otros vejámenes, como la prohibición de usar el baño –debía hacer sus necesidades en el mismo lugar– y la obligación de alimentarse con comida en estado de putrefacción. A ello se sumó la tortura psicológica, mediante amenazas de muerte contra su familia.
La Justicia no siempre estuvo a la altura en estos 37 años de democracia: detenciones arbitrarias, secuestros, torturas y desapariciones todavía quedan impunes, y mantenemos una deuda con los 425 desaparecidos, con los detenidos ilegal y arbitrariamente y los miles de exiliados. Por eso, esta condena es un gran esfuerzo para no repetir el pasado, para no volver a ser un país que vive bajo las sombras del autoritarismo, donde las violaciones a los derechos humanos estén normalizadas y se persigue a quien piensa diferente.