Nervios digestivos. El estado emocional y lo que uno lleva a la boca, muchas veces van ligados, por lo que es importante conocer más sobre dicha situación.
El estrés, la ansiedad y los hábitos que la persona va teniendo a lo largo de su vida tienen directa incidencia en la manera en que consume los alimentos.
“Muchas veces comemos no por hambre real, sino como una forma de responder a emociones intensas como el estrés o la ansiedad”, explicó la doctora Dorys Brítez, nutrióloga de la Unidad de Nutrición del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS).
Agregó que en esos momentos, el cuerpo busca alivio rápido y suele inclinarse por alimentos ricos en azúcar o grasa, que generan placer momentáneo. Dicha conducta puede generar un círculo repetitivo, que representa un alivio pasajero para la persona.
Luego aparece nuevamente el malestar, lo que puede llevar a una ingesta impulsiva constante si no se identifican las causas emocionales de fondo”, puntualizó Brítez.
La nutrióloga no dejó de lado la observación hacia las dietas que tienen un carácter muy restrictivo.
“Cuando no están bien planificadas, pueden provocar irritabilidad, fatiga y dificultades en la concentración. El cuerpo necesita energía y nutrientes para funcionar correctamente, y la privación constante no solo afecta lo físico, sino también lo emocional”.
La profesional especificó que la relación con la comida empieza a construirse desde temprana edad.
“Desde la infancia, muchas veces asociamos los alimentos con premios, consuelo o afecto. Esto puede hacer que, en la vida adulta, recurramos a la comida como una forma de gestionar emociones, más allá de las necesidades fisiológicas”, observa.
Comprender esta relación permite abordar de forma más efectiva distintos problemas vinculados al bienestar físico y emocional.
Conocedora de las consecuencias de una alimentación sin control, la nutrióloga enfatizó la importancia de promover una actitud consciente. “Es fundamental aprender a reconocer las señales del cuerpo, diferenciar el hambre física del emocional y construir una relación equilibrada con la comida. Esto no solo mejora la salud nutricional, sino también el bienestar mental”.
Desde el Servicio de Nutrición del IPS Central, recomiendan adoptar hábitos alimentarios basados en el equilibrio, la flexibilidad y la educación nutricional.
Etiquetado. En paralelo, desde la Organización Panamericana de la Salud (OPS), recuerdan la importancia del etiquetado frontal de los alimentos. La organización señala que las enfermedades no transmisibles —como las cardiovasculares, la diabetes y algunos tipos de cáncer— son la principal causa de muerte en la región y están estrechamente vinculadas a dietas poco saludables.
Dichas dolencias también están ligadas al consumo elevado de productos ultraprocesados y procesados con altos niveles de azúcares, grasas y sodio. Por ello insisten para que los diferentes países promuevan el etiquetado frontal.