Texto y Foto: EFE|Sábado|26|JULIO|2008
La peculiar conmemoración comienza con la confección artesanal de los disfraces adornados con miles de plumas y las máscaras de trapos que son utilizados por los creyentes del santo en la misa ofrecida cada 24 de julio en el distrito de Minas de Emboscada, a 65 kilómetros al norte de la capital.
La principal atracción de esa celebración son los “guaicurú ñemondé”, como se denomina a las personas que visten esos atuendos, atribuidos tanto a los indios como a los antiguos pobladores de origen africano de esa región.
Hermenegildo Zárate, de 45 años, dijo a Efe que se disfraza desde hace varios años en honor al santo patrono, a quien se encomendó cuando padecía una grave afección.
Detalló que le lleva un mes tener listo su disfraz, cubierto de miles de plumas de gallinas y de otras aves de corral recogidas especialmente para la ocasión.
“Me siento muy bien, San Francisco Solano nos protege, por eso le ofrecemos esta fiesta”, expresó Zárate.
La misa en honor al fraile español incluye una breve procesión, acompañada con música y bombas de estruendo, en los alrededores de la capilla erigida al santo.
La ceremonia, que comienza con una serenata en la madrugada del 24 de julio, concluye con una danza en grupo de los “guaicurú ñemondé” al ritmo de los instrumentos de percusión y de viento, seguida de una comilona en torno a una romería instalada en los alrededores del templo.
El cura párroco de Emboscada, Modesto Martínez, quien ofició la misa, consideró que “la devoción ha crecido bastante en los últimos años en Minas”, cuya principal actividad productiva es la extracción de rocas al igual que en los demás distritos de la región.
“Esta tradición es inculcada a los niños, incluso, las madres traen disfrazados a sus bebés a la iglesia”, indicó Martínez.
Martínez comentó que el uso de las plumas en los disfraces se le atribuye al amor que sentía por las aves San Francisco Solano, quien se desempeñó como evangelizador de los indios en la región.
Por su parte, Patrocinio Filippini, docente y poblador de la zona, sostuvo que esa tradición imita las retretas que realizaban antiguamente los afroamericanos de esa localidad, que se disfrazaban con plumas y danzaban al ritmo del tambor para representar al “añá” (diablo, en guaraní).
Filippini explicó que con ese ritual los pobladores buscaban ahuyentar a los temibles “guaicurúes”, caracterizados por su hostilidad y por los constantes ataques a los indios de otras comunidades que eran asistidas por los evangelizadores.
Mencionó además que el 24 de julio regía como festivo nacional a mediados del siglo XIX, ya que coincidía con la fecha de nacimiento del mariscal Francisco Solano López, presidente paraguayo en la segunda mitad de ese siglo y protagonista de la guerra de la Triple Alianza (1865-70), librada por Paraguay contra Argentina, Brasil y Uruguay.
San Francisco Solano (1549-1610), canonizado en 1726, 116 años después de su muerte, también se había entregado a defender y a adoctrinar a los esclavos africanos traídos en barco a América, según indicaron otro pobladores de Minas.
Agregaron que el santo, que ejerció su sacerdocio en Lima durante más de 20 años antes de otra misión en Argentina, llegó incluso a Sudamérica en un barco que también transportaba esclavos.