Luis A. Boh tenía 17 años la primera vez que lo detuvieron. Protestaba contra la visita a Asunción del dictador argentino Juan Carlos Onganía cuando sintió una pistola en la nuca. Lo que recuerda, más de medio siglo después, no es solo el arma, sino que la mano del policía temblaba. De aquel policía no sabemos nada. Tal vez era tan joven como él.
Pienso en esa mano cada vez que alguien me dice que es hora de dejar el pasado en paz. El miedo de aquellos años no desapareció: Cambió de forma, y hoy vuelve en los discursos que reivindican el “orden” de la dictadura. Por eso, la apuesta por la memoria es una apuesta por la historia: Entender de dónde venimos para no aceptar como novedad lo que ya conocimos.
Lo digo desde un lugar concreto: Fui productora general de la muestra Combatir el miedo: 55 años de Frente, vocero del movimiento universitario. Frente fue un semanario estudiantil publicado entre 1971 y 1975, en plena dictadura stronista: Más de 70 números, cerca de 600 páginas. Durmió décadas en una caja del Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos (CPES) hasta que Paola Ferraro la abrió en agosto de 2021.
El primer aprendizaje: El olvido no es inocente.
Como escribe la curadora Vivian Genes, colectivamente “olvidamos que hubo gente que siempre luchó activamente contra la dictadura stronista”. Uno de los referentes nos confesó que, en cincuenta años, nadie le había preguntado por Frente. Cuando se borra a quienes resistieron, la dictadura parece inevitable, y en ese vacío prende la nostalgia autoritaria.
El segundo: El miedo ya se combatió. Cuando los números 18 y 27 sufrieron intentos de censura, se imprimieron en mimeógrafos particulares. Artistas como Carlos Colombino, Olga Blinder y Bruno Schachtner donaron obras para sus tapas, y los estudiantes siguieron organizando festivales, publicando poesía y disputando sus centros de estudiantes.
El tercero: Sus preguntas siguen abiertas. En 1973, Frente tituló “Los dos tratados”, poniendo a Itaipú en diálogo con las heridas de la Guerra Grande y denunció el limitacionismo que cerraba la universidad pública a las clases populares. En 2024, durante la toma de la UNA en defensa del Arancel Cero, estudiantes de hoy leyeron esas páginas y se reconocieron en ellas.
Sé que muchos van a decir que mirar atrás es inútil, pero la ultraderecha nunca renunció a la memoria. Construye la suya, cuidadosamente recortada: La de “con Stroessner se vivía mejor”, sin presos, sin exiliados, sin censura, sin la mano que temblaba sobre la nuca de un chico de 17 años. La discusión, entonces, nunca fue si recordar o no. Es qué recordamos y quién lo cuenta.
Hoy los ejemplares de Frente pueden descargarse libre y gratuitamente en el sitio web del CPES: Una decisión política frente a la tendencia de guardar los archivos bajo llave o convertirlos en mercancía. Ahí están, esperando lectores.
Descárguenlos. Llévenlos a clase, a la asamblea, a la mesa familiar. Pregúntenle a quienes vivieron esos años qué recuerdan, antes de que sea tarde. Aquellos estudiantes sabían que combatir el miedo es también combatir el silencio. Cincuenta y cinco años después, la tarea es la misma, y es nuestra.