27 sept 2026

Carcajadas

Dicen que las hienas sonríen cuando se lanzan contra sus presas y esa fue la sensación que tuvimos al inicio de este Gobierno que con su mayoría en el Congreso lograda con la compra de 5 liberales y otros tantos falsos opositores se mostraron capaces de controlar todos los poderes del Estado. Querían demostrar que su poder político era indetenible y como tal se lanzaron a devorar las instituciones que les eran funcionales. Para la Justicia era suficiente con controlar la puerta de entrada del Consejo de la Magistratura y la de salida con el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y con ese propósito querían enviar una señal clara y contundente a los jueces y fiscales.

Pusieron a Hernán Rivas que ya como senador seguía mintiendo sobre su título de abogado que era requerimiento constitucional para estar sentado en dicho lugar. No solo lo nombraron en mayoría sus socios del Senado, sino que lo hicieron presidente que fue cuando estalló el escándalo. No era capaz de leer una frase sin equivocarse. La que sí se equivocó para bien del país y desgracia suya fue la senadora Kattya Gonzalez, quien lo denunció abierta y públicamente.

Salió la orden desde el centro del poder, el quincho, que la sacaran del Congreso por atrevida e insolente y con 23 votos cuando se requerían 30, la desalojaron ilegalmente de su curul. Continuaron las carcajadas que resonaban en el quincho. Eran capaces de colocar a un jumento como juez de jueces para que el país aprenda quien mandaba y el lugar que la Justicia tenía en el Paraguay.

La valiente actitud de unos pocos, parte de la sociedad civil y la prensa que nunca dejó que el caso muriera hizo que finalmente Rivas fuera encontrado culpable y condenado a 8 años de prisión.

No se animó a rebuznar antes, durante ni después del juicio. Sus viejos socios que lo defendían pública y abiertamente se consideraron “estafados” y lamentaron haber sido tomados de tontos y pelotudos por un pollino que solo tenía las orejas largas como elemento distintivo. En realidad, todos ellos son culpables. Cada uno desde aquellos que ya lo colocaron en el JEM cuando era diputado y los que después como senadores no se dieron cuenta de que era incapaz de descifrar el sentido de una frase en un texto.

Culpables, la universidad que mintió durante todo el proceso, su rector y decano que firmaban lo que se les ponía enfrente sin saber que ello implicaba responsabilidades. Petta, que como ministro de Educación, avaló el falso título y negoció a cambio su cabeza ante el Congreso antes de que parar el escándalo que eso suponía a pesar de la recomendación de su encargado de lucha contra la corrupción Casañas Levi, quien le advirtió del impacto que esto tendría.

El desastre que esto implica es enorme. Con su voto en el JEM fueron sacados jueces y fiscales, quizás, inocentes, condenados por el voto de Rivas que como el locutor Número 2 estaba ahí rodeado por las hienas pestilentes que se encargaban de devorar las vísceras de todo adversario que se les oponía. “Cantero canta 50”, el juez funcional del cartismo, fue favorecido por el voto de Rivas y como él muchos que incluso pagaron con su muerte las decisiones operadas a distancia a este asno cuyos rebuznos han destrozado lo que se les puso enfrente. Rivas era el encargado de las patadas que destruían honras para que ahora las hienas nos vengan a decir que fueron tomadas por tontas por el pollino. ¡Vamos! Tiene razón el juez que pidió 14 años de prisión para Rivas cuando resumió su petición en que Rivas atentó contra la República.

Ahora es el tiempo de cargar contra todos los responsables de este desastre. Ir a por todos los que tienen títulos falsos de universidades iguales. Reponer a Kattya Gonzalez en el Senado previo pedido de disculpas porque su atrevimiento de denunciar a Rivas hizo que tronara la sentencia en contra suya desde el quincho.

Demasiadas carcajadas hemos tenido que soportar en este caso y en otros para que nos digan que fueron tomados por tontos por uno que fue puesto en el cargo con el solo propósito de reírse de nosotros y de la democracia.

Castigo para todos es lo que pide la ciudadanía.

Más contenido de esta sección