Describiéndolo como “un pastor bueno, un padre cercano, humilde y misericordioso” y destacando su cercanía y humanidad, el cardenal Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción, recordó ayer el primer aniversario del fallecimiento del papa Francisco, quien supo ‘‘caminar con su pueblo y que amó profundamente al Paraguay y a los paraguayos’’.
“Hoy, 21 de abril, hacemos memoria agradecida del primer aniversario de la partida a la casa del Señor de nuestro querido Santo Padre”, expresó al destacar que su vida “ha sido ofrecida y recibida en Cristo Resucitado”.
El arzobispo recordó los últimos momentos del Papa, señaló que dejó un testimonio final marcado por la fe y la entrega “en vísperas de su Pascua definitiva”, hace un año cuando ofreció su bendición al mundo y transmitió “su palabra de paz y esperanza”, antes de unirse plenamente a Cristo Resucitado.
Asimismo, resaltó el llamado constante del Pontífice a la oración y a la confianza en Dios, citando en su insistencia constante: “Recen por mí”.
También recordó una de sus exhortaciones más repetidas: “No tengan miedo” porque ‘‘sabía bien que el miedo habita en el corazón humano, que nace del dolor, de la incertidumbre, de la enfermedad y, en lo más profundo, del temor a la muerte. Pero con la fuerza de la fe nos recordaba que Cristo ha vencido la muerte’’.
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Martínez destacó el legado pastoral de Francisco al señalar que fue “un testigo valiente del Evangelio” que impulsó una Iglesia en salida, cercana a los pobres y abierta al diálogo. Mencionó además sus principales documentos, como Evangelii Gaudium, Laudato Si’ y Fratelli Tutti, como guías para la renovación eclesial y social.
Recordó la visita a Paraguay en 2015, que dejó un recuerdo particularmente vivo guardado en el corazón de un pueblo.
“La mujer paraguaya es ‘la más gloriosa de América’”, citó una de las frases que dejó en Caacupé.
‘‘Gracias, querido papa Francisco, por tu vida entregada, por tu cercanía, por tu ternura de pastor, por enseñarnos a mirar a los demás con misericordia y a caminar como hermanos”.