El sacerdote franciscano capuchino, el hermano Tomás Sosa, cuestionó este domingo las actitudes de egoísmo, competencia y rivalidad que, según afirmó, se naturalizaron en distintos ámbitos de la sociedad, y exhortó a reemplazarlas por una cultura de solidaridad y servicio durante la misa central celebrada en la Basílica Santuario de Caacupé.
En su homilía, el religioso sostuvo que el afán de sobresalir o impedir el crecimiento del prójimo es una de las expresiones más visibles del individualismo actual. “¿Cuántas veces tenemos algo y no queremos que el que está a mi lado también tenga esto?”, planteó ante los fieles durante la misa que contó con la presencia del monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé.
Como ejemplo mencionó situaciones que, según dijo, se repiten en la vida cotidiana.
“A nivel laboral, a veces no quiero que el que trabaja conmigo alcance el puesto que yo tengo; a nivel académico, yo quiero tener la mejor nota; entre vecinos, no quiero que el de al lado tenga una casa tan linda como la mía. Incluso puede suceder en la propia Iglesia”, expresó.
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Para Sosa, estas prácticas responden a una lógica egoísta que termina deteriorando la convivencia. “Estas son actitudes egoístas; ahí Dios no se revela porque yo quiero tenerlo todo de un modo egoísta”, afirmó, al tiempo de instar a compartir con generosidad los talentos y capacidades recibidos.
El sacerdote también advirtió sobre la falsa idea de que la plenitud depende exclusivamente de los bienes materiales.
“Qué triste debe ser un corazón que cree que ya tiene todo en relación a las cosas materiales… lo material solamente nunca puede llenar totalmente el corazón humano”, señaló.
En contrapartida, afirmó que la verdadera grandeza consiste en ponerse al servicio de los demás. “Ser grande ante los ojos de Dios es no tener miedo a hacernos pequeños, a ofrecerlo todo y a compartir nuestros dones con generosidad y sinceridad”, sostuvo.
Finalmente, llamó a abandonar la soberbia y la autosuficiencia para fortalecer los vínculos sociales. “Tratemos de despojarnos de todo tipo de soberbia, de sentirnos todopoderosos; dejemos la altanería a un lado porque en un corazón así Dios no puede entrar”, concluyó.