El monseñor Ignacio Gogorza habló de las virtudes de Jesucristo en busca del bien común a la hora de no guardarse nada para él y compartir con los demás, especialmente, con los enfermos y necesitados.
En ese sentido, señaló que el bien común es que todas las personas puedan tener la posibilidad de disfrutar del bienestar necesario para su desarrollo integral y que la aplicación del principio del uso común de los bienes es el punto de partida en todo ordenamiento ético o social.
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“En la presente coyuntura de nuestro país, la exigencia del destino universal de los bienes adquiere un relieve singular y dramático de las desigualdades que existen”, cuestionó.
El monseñor recalcó que la sociedad está configurada con un orden estructural, político, económico, jurídico, cultural, que debe estar al servicio del pueblo, buscando juntos la justicia y el bien común de todo el pueblo.
“Los gobernantes están sometidos a la realización permanente del bien común que constituye su tarea diaria y principal. Debes buscar los medios más adecuados para alcanzar ese objetivo. Exige de ellos honestidad en su actuar para ser creíbles junto con un profundo espíritu de servicio, muy particularmente a los más necesitados”, recalcó.
Sobre el punto, recalcó que corresponde, por tanto, a las autoridades el deber de preocuparse para asegurar mediante leyes justas que las personas en la búsqueda del bien particular, como las empresas e instituciones, sirvan también al bien común y así sean todos y seamos todos corresponsables de una vida digna de las personas y de toda la persona.
“Esto requiere, queridos hermanos, un proceso que permita superar el individualismo, el egoísmo, la soberbia, la ambición de aprovechar para tener o para tener poder y desarrollar las mejores cualidades de las personas, en particular su sentido de iniciativa, de solidaridad y de responsabilidad”, aseveró.
Además, definió como cualidades imprescindibles para buscar juntos ese bien común, más particularmente aquellos que tienen autoridad civil, político o bien privado.
“El bien común exige ser servido plenamente, sin visiones reduccionistas, subordinadas a las ventajas individuales que cada uno pueda obtener, sino con base en una lógica que asume en toda su amplitud la correlativa responsabilidad”, afirmó.
Sobre el punto, dijo que precisamente la correcta conciliación de los bienes particulares de grupos y personas es una de las funciones más delicadas de los poderes públicos.
“Aquellos a quienes compete la responsabilidad de un país están obligados a fomentar el bien común. De éste, no sólo según las orientaciones de las mayorías o de los allegados, sino dentro de la perspectiva del bien para todos los miembros de la sociedad civil, incluidas las minorías, para una vida digna”, detalla.
Así también, mencionó que promover el bien común para una vida digna en Paraguay implica, entre otras cosas, superar la corrupción, porque esa saca confianza y dignidad a la persona. “Una persona corrupta no es confiable. Una persona corrupta no ama a las personas, busca su interés”.
“Una persona corrupta destruye a la sociedad, una persona corrupta adormece a aquellos que están a su alrededor, porque los compra, porque saca confianza y dignidad fortalecer la educación para que sea de mayor calidad, con los medios apropiados para ello, crear empleos de calidad y asegurar lo necesario a los servicios básicos como salud y vivienda digna”, expresó.
El monseñor dijo que algo se ha hecho, pero aún falta mucho por hacer y que lograrlo depende de si se opta por verdaderamente amar a la patria y a los ciudadanos que en ella viven.
“Jesús multiplicó los cinco panes y los dos peces para todos, porque su amor lo llevó a la compasión y solidaridad y promovió el bien común para dignificar a las personas. Estas mismas actitudes se requieren hoy a nuestras autoridades políticas y privadas para construir un Paraguay más equitativo, más justo y más al servicio de todos, pero en particular de los más vulnerables, dejando de lado sus intereses personales o de grupos particulares”, aseveró.
Finalmente, pidió cambiar de mentalidad y también de corazón si es preciso, para buscar y desear el bien de cada una de las personas que viven en el país.