23 abr. 2026

Burla

No nos engañemos, Hernán Rivas es una burla completa a varias instituciones juntas. Una puesta en escena de un poder político cuyo único objetivo ha sido burlarse del Estado de derecho y de lo poco que queda de la democracia formal. Una persona que decide ser parte de este montaje en el que parlamentar le resulta absolutamente hostil ha llegado a ser diputado primero y senador después. Ha cometido el error de abrir el pico para exhibir sus grandes limitaciones que despertaron la curiosidad de sus colegas. Su lectura era de un niño que no había terminado la primaria y estaba sentado en un curul del Congreso como muchos que solo pueden levantar la mano.

Pero su osadía fue mayúscula. Se quiso disfrazar de abogado y no solo inventó un título, sino que fue juez de jueces. En el camino fue denunciado por la impertinente Kattya González cuya osadía la pagó con su expulsión ilegítima del Senado. Para que aprenda a no meterse con Rivas bramaron los cartistas. Pero la representación seguía en curso y esa era solo una parte de la burla a la que estaba siendo sometida la República.

Por algo de vergüenza le obligaron a dejar el cargo en el JEM, pero continuó en el Senado no abriendo, por lo menos, la boca. Mientras Chaqueñito y Yamy Nal, personajes menores y marginales como él ocupaban las marquesinas del circo decadente. Las denuncias de un abogado llegaron a la Fiscalía que se encontró con una papa caliente entre las manos.

Hicieron algo de investigación para guardar las formas, dejaron pasar el tiempo para que prescriba y aunque fue sancionado en primera instancia, en apelaciones logró su sobreseimiento definitivo creyendo que con eso ya era abogado, tenía título e incluso podría volver al Jurado de Enjuiciamiento que era lo que quizás temían los dos magistrados que firmaron el adefesio jurídico que también fue una burla al derecho.

Rivas, en sí mismo es un compendio burlesco completo, mandó amenazar a la fiscala quien había dicho que apelaría el fallo. Le recordó que no lo hiciera porque la echaría del cargo, su jefe, el fiscal general, se hizo del tonto. Negó que se nombrara a ella y que fuera amenazada hasta que se publicó la nota –con carácter reservado– y tuvo que admitir su cobardía. Una nueva burla. A todos, por vergüenza les toda admitir su complicidad y pagar sus consecuencias. Rivas solo sirvió para demostrar su pusilanimidad y cobardía.

La universidad, el MEC, las agencias estatales calificadores de los centros de altos estudios hicieron lo que siempre han hecho: Alinearse al mandato político que venía directamente del quincho donde protegían y doblegaban a todo aquel que se le pusiera enfrente al más querido de los delfines de Cartes. Nadie nunca pudo explicar el porqué de esa defensa ardorosa incluso entre aquellos que frecuentan el centro del poder. Un verdadero misterio.

Peña, acorralado por las críticas, incluso de sus amigos empresarios que condenaron su política económica, dijo solo que era una “persecución selectiva” y le ofreció un opíparo almuerzo de despedida con todos los honores en Mburuvicha Róga. Foto incluida, de tal manera de burlarse también del Ejecutivo que mucho no requiere de más muestra de ese tipo.

De ahí salió el pedido de permiso al igual que aquel que le concedieron al condenado por narcotráfico: Erico Galeano. Estos permisos solo se conceden legalmente cuando un legislador va de embajador o de ministro y Rivas contradiciendo conocimientos mínimos de Derecho dice que lo hará para “probar su inocencia” (!) con lo que delata que nunca estudió tan siquiera Introducción al Derecho.

Este es un caso bien montado para humillar a todos. Legisladores, jueces, fiscales, rectores, decanos y ciudadanía en general. Se hizo todo solo con la idea de demostrar la brutalidad de un poder político de la forma más burda, grosera y pornográfica posibles. La intención era mostrar el burdel de la Justicia y de la legislatura, pero a cielo abierto y con farol rojo colgado al cuello. Rivas es solo, finalmente, la política en forma de meretriz.

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