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Avances y deudas en la era poststronista

No se pueden poner en duda los avances en las últimas décadas. A partir de 1989 se reconfiguró el aparato estatal con la aprobación de una nueva Constitución, la ratificación de compromisos internacionales y la aprobación de leyes para garantizar la vigencia de un Estado de derecho.

Por Verónica Serafini Geoghegan (@veronica_serafi)
La mayor parte de la población no lograba avanzar más allá de 3 o 4 grados de educación primaria, solo 2 de cada 10 jóvenes accedía a la educación secundaria, la tasa de analfabetismo era más del doble que la registrada en el 2015. Estudiaba una minoría de niños y adolescentes: una de las razones por las cuales dejaban de asistir era por la falta de zapatos.
El boleto estudiantil, las canastas de útiles, el desayuno escolar o Tekoporã eran inexis-tentes. Las evaluaciones realizadas a estos programas y las estadísticas sobre gasto de bolsillo muestran que las exclusiones económicas y geográficas se redujeron, aunque persisten. El Estado invertía el 1,1% del PIB en educación, frente al 4,5% en la actualidad.

Esperanza de vida. En el ámbito de la salud, la esperanza de vida aumentó 6 años y la mortalidad infantil se redujo a menos de la mitad. Solo basta señalar que la inversión en salud era de alrededor de 3 dólares por persona al año.

La garantía de estos derechos estaba, además, concentrada en las áreas urbanas y en los quintiles más ricos de la población. Hoy, si bien el sector rural está casi 15 años por detrás del sector urbano en las coberturas de salud y educación, las brechas vienen cerrándose.

Estos avances beneficiaron particularmente a las mujeres, quienes lograron igualar a los hombres en matriculación, y algunos casos cambiar la distribución relativa de hombres y mujeres. Por ejemplo, la carrera de Medicina que era mayoritariamente masculina, actualmente tiene una proporción mayor de mujeres.

El aumento del nivel educativo y la expansión de los servicios públicos, especialmente de salud y educación, dieron paso a mayores oportunidades laborales para las mujeres, que si bien se concentraron en actividades feminizadas y que son extensión de sus roles tradicionales, permitieron aumentar su autonomía económica. La tasa de participación laboral femenina se duplicó en las últimas tres décadas.

El trabajo infantil, incluyendo el criadazgo, muestra retrocesos y, una parte de la sociedad, tiene claro que ambos fenómenos constituyen obstáculos para el desarrollo presente de la niñez y adolescencia y para la construcción de una trayectoria educativa y laboral óptima en la juventud y adultez. La connotación negativa constituye un avance, desde el enfoque de derechos y de una ética que pone al ser humano en el centro del desarrollo y no como instrumento de la economía.

La evolución de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) también refleja los pasos dados. Se redujeron los hogares con NBI en calidad de vivienda, infraestructura sanitaria y acceso a educación. La cantidad de hogares con al menos 1 NBI se redujo de 64,2% al 43,0%, a pesar de que el número total de hogares se duplicó en valores absolutos. La evaluación del desempeño económico como puente para el bienestar es menos auspiciosa. Si en el ámbito social, los privilegios y las exclusiones tuvieron más peso que los derechos, en la economía esto fue más evidente.

Pobreza. Cabe señalar que la pobreza tuvo un repunte al inicio del nuevo milenio, pero a partir del 2006 inició su descenso sin interrupción durante los siguientes 10 años, hasta que volvió a aumentar en el 2016. El Índice de Gini también se redujo, pero con mayor lentitud y volatilidad. Ambos indicadores son el reflejo de los niveles de ingresos y la estructura socioeconómica. Si consideramos que más del 85% de los ingresos provienen del trabajo actualmente, se concluye que la economía ha tenido un escaso efecto sobre el bienestar.

Al comparar el comportamiento microeconómico entre ambos periodos, se constata que la mayor deuda se concentra en este sector. El modelo de crecimiento sufrió pocos cambios, lo que incidió en que las condiciones de trabajo de los hogares no produjeran ingresos dignos ni que se incrementara significativamente la cobertura de la seguridad social (jubilaciones).

A diferencia de la política social que contó con planes y programas, así como recursos invertidos, hasta hoy no existe una política laboral integrada y de amplia cobertura. La política agropecuaria, fundamental para el ámbito rural, cuenta con recursos pero con escasa efectividad. A pesar de la relevancia que tiene el trabajo para la dignidad y el bienestar económico, el Ministerio del Trabajo fue creado hace pocos años y recién en el último empieza a mostrar dinamismo.

Algunos indicadores económicos señalan tendencias al retroceso como la distribución de la tierra, lo cual nos ubica como uno de los países más desiguales del mundo. Uno de los problemas de corrupción más graves del stronismo que fue la entrega indebida de tierras públicas, no solo persiste, sino que además permanecen impunes los delitos.

El acaparamiento de tierras es el origen de la conflictividad social, la migración hacia el sector urbano que no cuenta con respuestas apropiadas y el deterioro ambiental. Además de sus implicancias económicas en la pobreza rural, se asiste al desabastecimiento de alimentos propios de la cultura alimentaria y a la necesidad de importación de los mismos sin garantías de inocuidad.

La pérdida de soberanía alimentaria trae consigo inflación de alimentos, salida de divisas y entrada de productos agropecuarios con restos de plaguicidas por encima de los valores adecuados para la salud, tal como señalan los reportes oficiales.

La política tributaria, un componente fundamental para el financiamiento de las políticas y la reducción de las desigualdades, no generó cambios sustanciales acordes con los altos niveles de crecimiento económico y el imperativo ético de reducir la desigualdad.

Borda y Caballero señalan que el PIB per cápita nominal (PPA) en 1991 fue de USD 3.000, mientras que la presión tributaria fue de 7,8% del PIB. En el 2011 el PIB per cápita nominal (PPA) fue USD 5.390, mientras que la presión tributaria fue de 12,1% del PIB. El crecimiento del PIB per cápita nominal (PPA) en este periodo fue de 80%, mientras que el crecimiento de la presión tributaria fue de solo 55%.

Un sistema tributario que no recauda refleja la falta de compromiso y de reciprocidad de quienes se benefician con los recursos con que cuenta el país. Los impuestos son la fuente genuina de financiamiento del desarrollo.

Como se puede ver, los avances sociales logrados en el poststronismo fueron posibles gracias a un aumento de la presión tributaria; sin embargo, nos hubiera ido mejor si el esfuerzo también hubiera sido mayor, en coherencia con el alto incremento del producto interno bruto registrado en los últimos años.

En definitiva, nos fue mejor en lo social, se requieren cambios sustanciales en lo económico. Nos podría haber ido mejor, pero persisten obstáculos económicos enraizados en la dictadura.

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