Entre el colorido de los lapachos, las huellas que deja el descuido y la dejadez de autoridades culpables de la más absoluta negligencia, y promesas de campaña, la otrora Madre de Ciudades y capital del Paraguay cumple hoy 489 años. Sus habitantes y los visitantes merecen mucho más; por eso, en su cumpleaños le deseamos a Asunción que pueda recuperar lustre y dignidad.
Hoy cumple años y ningún maquillaje logrará ocultar las huellas de tantos años de abandono. Asunción, la otrora Madre de Ciudades desde donde partieron tantas expediciones para fundar ciudades, cumple 489 años.
Faltando poco más de una década para su 500 aniversario, el ciudadano ya no le pide aromas de azahares y jazmines, ni la selva aromada que fue alguna vez su Plaza Uruguaya; su tranvía y sus viejas casonas, hoy el ciudadano se conformaría con que pasen a retirar la basura, con no perder tantas horas en el caos del tránsito o no tropezar en alguna vereda rota.
Vecinos de diversos barrios reclaman que ya llevan casi un año sin transporte público; otros reclaman el arreglo de los baches y pozos que abundan en calles y avenidas, y otro grupo está preocupado por las reformas que van a introducir en una de las pocas plazas arboladas de la ciudad: la Plaza Uruguaya. En otro sector sigue la preocupación por el avance lento de las obras del desagüe pluvial, el cual le ha costado una millonaria deuda a la ciudad y escasos resultados para los sufridos vecinos; y quienes frecuentan el centro de la ciudad sufren a diario la visión del abandono y la suciedad que ganaron espacio en el antiguo Centro Histórico. Asunción tiene muy pocos espacios verdes, espacios públicos de recreación para el disfrute de las familias pero tiene –lamentablemente– una superpoblación de estaciones de servicio.
En este nuevo aniversario de Asunción valdría la pena recordar el análisis de algunos expertos en urbanismo y su opinión sobre el presente de la ciudad. Uno de ellos, el arquitecto Gonzalo Garay, precisamente uno de quienes había coordinado el Plan Maestro de la Franja Costera, en 1993, decía que Asunción está “superplanificada”, pero que le falta gestión; porque hay una diferencia, explica, entre planificación urbana y gestión urbana. Y señala que la solución para rescatar Asunción reside en un cambio estructural: “La obra prioritaria para Asunción no se hace con ladrillo ni con cemento. La obra prioritaria es la modernización y reforma de la administración”. Y agrega que con este proceso se puede garantizar que el crecimiento de la ciudad responda a las necesidades de la ciudadanía.
Otra visión, sobre el plan regulador, es la del concejal Pablo Callizo, que ha sufrido –afirma– “alrededor de 200 cambios desde el año 94 (...) sin un criterio técnico”, y respondiendo a “intereses particulares”. Enfatiza que desde el año 94 no hay una actualización general de la ordenanza y la ciudad cambió mucho en 30 años. Reclama que se fueron dando modificaciones o mutaciones de la ordenanza, “sin un criterio técnico, sin un razonamiento urbanístico, (...) muchas zonas de la ciudad fueron modificándose con base en las inversiones privadas que se hacían, muchas violando el plan regulador o modificando al antojo del privado”.
Y, sobre el tráfico, ese caos que roba tantas horas al ciudadano, el ingeniero Luis Pereira señalaba que la capital padece una crisis de movilidad, y describe el día a día de los asuncenos y de quienes circulan por Asunción, diciendo que el congestionamiento vial dejó de ser un fenómeno limitado a horas pico para transformarse en una constante diaria que resulta un sufrimiento interminable para el ciudadano. “El problema principal que tiene Asunción en cuanto al tránsito es la falta de espacio vial. Nos encontramos con un atraso tremendo en cuanto al transporte público masivo de pasajeros, lo que hace que hoy en día la gente pueda atender a la demanda de viajes y casi exclusivamente con el transporte privado, (...) lo que hace que nuestras calles se saturen”.
Asunción necesita un plan de acción y mejores administradores que sepan cómo gestionar los problemas; por sobre todo, debemos entender que una gestión mediocre, la falta de compromiso de las autoridades municipales con las necesidades de los vecinos, la corrupción y la impunidad, empobrecen la calidad de vida del ciudadano.
Asunción merece mucho más. Por eso, y porque la ciudad es el lugar donde nos encontramos, es responsabilidad de todos, y una de las primeras obligaciones del ciudadano es elegir bien a quienes la van a administrar.