12 abr. 2026

Apuesta fuerte a la tecnocracia

“Podré sin dudas cometer errores, pero les prometo mi más grande esfuerzo de instaurar el imperio de la ley, la seguridad, el desarrollo económico, con justicia social, en democracia y con libertad”. Esta frase extraída del discurso inaugural como presidente de la República define los rasgos más importantes del perfil de Horacio Cartes en función de gobierno.

Foto: UH Edicion Impresa

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El 15 de agosto marcó el primer día de los 1.825 que gobernará el país si no se le cruza en el camino algún juicio político.

primer examen. Sin dudas la elección del Gabinete era la noticia más esperada, tanto dentro como fuera del Partido Colorado. Cartes presentó un Gabinete puramente técnico. Incluso un ministro liberal que causa escozor en filas republicanas. Dio un paso que ningún otro presidente colorado elegido por los votos se animó a hacer. Este paso gigantesco en términos políticos muestra que tiene poder y lo ejerce. Está por verse su capacidad de liderazgo, esa habilidad gerencial y carismática que necesitará para nadar en las turbulentas aguas políticas de la burocracia estatal y el partido cuyo sello es el clientelismo y el prebendarismo. La ANR, que lo llevó al poder, con voces bajitas pero no por ello menos fuerte hizo saber su malestar. Algunos ya en voz más alta reclaman que es un error grave de Cartes haber usado al partido para ganar las elecciones pero para gobernar apela a los ejecutivos. En las bases dicen que por prudencia y por el momento popular se va a esperar un poco, pero si no hay una apertura (léase cargos) hacia el partido, perderá el apoyo. Esto es ingobernabilidad.

quién es quién. Si bien el equipo de Cartes se caracteriza por la formación académica, la mayoría de los elegidos tiene el carnet colorado, aunque a ninguno se le conoce militancia. Los principales líderes tienen sus cupos, aunque la evidencia demuestra que la exigencia técnica estuvo por encima de la conscripción partidaria.

En ese tren podemos decir que el ministro de Industria responde a Javier Zacarías Irún porque Gustavo Leite trabajó en el equipo técnico del ex candidato.

El canciller Eladio Loizaga tuvo como abogada defensora a la presidenta del partido, Lilian Samaniego y a la ex canciller Leila Rachid, la asesora en materia internacional.

El ministro de Defensa, general Bernardino Soto Estigarribia, fue premiado por su olfato político. Abandonó tempranamente su fantasmal candidatura para apoyar a Cartes.

El ministro de Salud, Antonio Barrios, ya fue un gris viceministro del área pero su padrino es nada menos que el presidente, del que es médico personal.

Las corporaciones han pesado en la decisión. Del mundo empresarial vienen Ramón Jiménez Gaona, que va al Ministerio de Obras, la cartera que más dinero tiene hoy. También el ministro de Agricultura, Jorge Gattini, asesor de las cooperativas de producción y la poderosa UGP, gremio que hoy está en guerra con el nuevo Gobierno por oponerse a pagar más impuestos. Aquí ya se piensa en eliminar el Indert, lo que revela que los sintierras no son la prioridad.

En menor medida, Sheila Abed viene de ese mundo, aunque su trabajo sea el medioambiente. Justicia y Trabajo no es un ministerio políticamente muy apetecido, pero le caerán con todo al primer error que cometa.

Germán Rojas se convirtió de asesor en jefe del Equipo Económico a fuerza de trabajo y compromiso que sedujo al presidente.

Marta Lafuente es una técnica conocida en educación, que trabajó con Blanca Ovelar.

La ministra de la Mujer, Ana Baiardi, fue elegida por su currículum pero sin dudas en su designación está la mano de Leila, ya que surge de la Cancillería.

La elección más compleja es sin dudas la del liberal Francisco de Vargas, ex fiscal antidrogas y ex jefe de la Senad. Es la apuesta fuerte y arriesgada de Cartes con la bendición de Estados Unidos.

Todos ellos exhiben sendos títulos académicos y trayectorias exitosas en el mundo privado y público. Tienen el conocimiento y las herramientas para hacer su trabajo, pero deben caminar a tientas porque más de un político espera su fracaso rotundo. La debilidad de este Gabinete es su carencia de apoyo político. Esta debilidad es la fortaleza de Cartes, que dirigirá un equipo a su medida y obediente a su mando.

Ahora viene la hora de la gestión. Se inicia una etapa con fuerte visión empresarial conservadora para resolver la pobreza y preocupante ausencia en el discurso de planes sociales. Cartes no debe olvidar que el país, “el tesoro mejor guardado de América”, tiene casi la mitad viviendo en la pobreza, que mientras espera la oportunidad laboral necesita asistencia del Estado para comer al menos 2 veces al día.

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