14 jul 2026

Alcibiades González: “Me ayudaron mucho el periodismo y la memoria para relatar los hechos”

Escueto, afable, polémico, el flamante ganador del premio más importante con que se recompensa a los escritores confiesa sus aficiones, su opinión sobre la literatura y por qué escribe.

alcibiades gonzález delvalle 2

El escritor Alcibiades González Delvalle, ganador del Premio Nacional de Literatura (2013). Foto: Archivo ÚH.

Foto: Ultima Hora/archivo

Por Antonio V. Pecci | Periodista

apecci@uhora.com.py

Si bien es un periodista de raza, con más de 50 años de trayectoria profesional volcados en medios de prensa escritos, especialmente Abc, donde se labró una bien ganada fama que le significaron lauros y prisiones. Sus opiniones críticas vertidas semanalmente y sus notas de investigación periodística, que son piezas maestras del género en nuestro país, terminaron por granjearle una amplia popularidad. Muchas de ellas están reunidas en formato libro con el título Mi voto por el pueblo. Bajo la dictadura stronista (1954-1989) soportó prisiones en las celdas del lúgubre Departamento de Investigaciones, comisarías y en el penal de Tacumbú.

El teatro le debe una serie de obras de fuste, escritas con pasión y rigor profesional, como El grito del luisón y Procesados del 70, paseadas en festivales; pasión que se extendió a la zarzuela paraguaya con celebradas obras, con guiones escritos para ser musicalizados por el maestro Neneco Norton.

En un extenso diálogo con Antonio V. Pecci, el periodista, dramaturgo y narrador nos abre la puerta de su mundo para develar algunas de las claves del oficio de trabajar la palabra, los escritores que gusta leer, la motivación de escribir un libro duro como Un viento negro sobre las Ligas Agrarias. Y se abstiene de dar muchos consejos. A su vez, Toni Carmona, miembro del jurado, comenta sobre el fallo.

-¿Qué sentiste al saber que habías resultado ganador de este evento tan importante?

-Sorpresa y alegría. Sorpresa porque estaban en carrera 50 creaciones, muchas de las cuales de un alto nivel literario de conocidos y experimentados novelistas. El hecho de que Un viento negro estuviera, de algún modo, respaldada por el premio Lidia Guanes me daba una cierta esperanza, pero de ningún modo la certeza de que fuera a imponerse en la preferencia del jurado, cuyos componentes, eso sí, me daban la seguridad de que su elección, cualquiera que hubiera sido, sería el resultado de sus propias convicciones. También sentí mucha alegría porque la novela me demandó mucho tiempo, unos cinco o seis años, a veces con una prolongada pausa, pero siempre con la idea, con el esfuerzo, de concluirla. Mi problema principal era el lenguaje. Me costó desprenderme, creo que no del todo, de mi antiguo oficio de periodista que me llevaba hacia el reportaje. Además, el tema de la Pascua dolorosa –del que se nutre la novela– lo había tratado en la prensa.

- La tuya es una trayectoria de alguien que ha navegado en varios géneros y disciplinas: el periodismo, el ensayo, el teatro y la novela. ¿Sentís un apego hacia las reglas de cada una de ellas o te manejás sin darles demasiada importancia?

-En todos esos géneros el denominador común es la palabra. Naturalmente, cada género tiene su propio formato, sus normas, sus exigencias. En el periodismo es donde me muevo con mayor confianza y, en cierta manera, con más comodidad. Mi segundo oficio –por llamarlo de algún modo– es el teatro, al que tengo muy abandonado. De vez en vez me entra el deseo de retomarlo. Procuro saber por qué no lo hago. Temas hay y aprendí cómo se construyen, aunque no del todo. El ensayo me agrada y lo practico con frecuencia. La columna periodística es un ensayo en miniatura con las mismas exigencias del genero ensayístico. En cuanto a la novela, soy más lector, un empedernido lector. Un viento negro es mi segunda novela. La primera, Función patronal, del año 1980, con una temática y técnica totalmente distintas. Me ayudaron mucho el periodismo y la memoria para relatar hechos que los había vivido o escuchado en mi niñez. A fin de cuentas, la literatura es memoria y ficción, las mismas que me sirvieron para mi segunda novela, que espero no sea la última. Está en mis planes otra. Un viento negro trata de la dictadura de Stroessner; la que pienso escribir es del tiempo de la democracia, también con mucho material novelístico.

-¿Cómo ves la literatura paraguaya actual, sus fortalezas y debilidades?

-Creo que vive un gran momento. Hay autores y autoras que la prestigian cada día desde la poesía, la novela, el ensayo. De los muchos nombres, sin desmerecer a los demás, me permito mencionar uno en especial: Susana Gertopan, mención de honor Premio Nacional de Literatura 2013, junto con Lourdes Espínola, Francisco Pérez Maricevich y Carlos Colombino. Solo estos nombres, entre muchos otros, expresan el vigor de nuestra literatura. Podría agregar también a los ganadores del Premio Roque Gaona, como Irina Ráfols, aunque uruguaya, su producción enriquece nuestra creación literaria. Desde luego, hay muchos otros valores de primer nivel como Rubén Bareiro Saguier, Ramiro Domínguez, Augusto Casola, Chiquita Barreto, Jacobo Rauskin, Luis María Martínez, Renée Ferrer, Guido Rodríguez Alcalá, Maybel Lebrón, Bernardo Nery Farina, Susy Delgado, Osvaldo González Real, Juan Manuel Marcos, María Eugenia Garay, Nila López, Mario Rubén Álvarez, Victorio Suárez, Moncho Azuaga, entre muchos otros, que con la poesía, la narrativa, el ensayo, vigorizan nuestra literatura.

-¿Qué consejos darías a los escritores jóvenes que se inician?

-Muy poco: Estudio, disciplina y perseverancia. En este orden.

-¿Qué autores son aquellos a quienes lees con interés?

-A los que desde la ficción interpretan la realidad o se valen de ella para construir una gran pieza que nos ayude a conocer el pasado, lejano o reciente. Hay muchas muestras: el español Javier Cercas, Anatomía de un instante y Soldados de Salamina; Norman Mailer, La canción del verdugo y Los ejércitos de la noche; Ernest Hemingway, Por quién doblan las campanas; Thomas Keneally, La lista de Schindler; Frank Mc Court, Las cenizas de Ángela; José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis; Mario Vargas Llosa, La fiesta del Chivo, en fin, muchos otros novelistas a quienes leo con interés para descifrar mejor la realidad a partir de la imaginación.

-Sabrás que en el año que se inicia se conmemoran los 40 años de la aparición de Yo el Supremo y el centenario del nacimiento del escritor cubano Alejo Carpentier; ¿qué comentarios te merece la obra de ambos?

-Roa y Carpentier están unidos por estos hechos indisolubles: preceden el llamado boom de la narrativa hispanoamericana de los 60 y enriquecieron el conocimiento acerca de las dictaduras de nuestros países. El primero con Yo, el Supremo, y el segundo con El recurso de método. También musicólogo, la prosa de Carpentier se ilumina con elementos ornamentales y exóticos. Ahí tenemos El siglo de las luces, El reino de este mundo, Concierto barroco, La consagración de la primavera, entre otras obras que lo ubican entre los mejores escritores de lengua castellana.

Mario Benedetti los juntó, con García Márquez, en El recurso del supremo patriarca, en alusión a sus respectivas obras sobre las dictaduras. En Yo, el Supremo, encuentra Benedetti “un lenguaje sobrehumano”. En efecto, Roa cinceló, labró cada palabra para formar una frase y unirla a otra con una precisión que asombra, entusiasma y seduce.

La obra de Roa llega a los 40 años con su fama intacta, sin fisuras, justificada por esta opinión de Benedetti: “Aunque el juicio pueda parecer irreverente, estimo que, desde Pedro Páramo, la excelente narrativa latinoamericana no producía una obra tan original, tan inexpugnable como Yo, el Supremo”.

Un gran periodista, dramaturgo y narrador paraguayo

Nació en la ciudad de Ñemby, en 1936. Es periodista, dramaturgo y narrador. González Delvalle “explora en su obra elementos del folclore guaraní e incorpora en ella temas relacionados con la historia del Paraguay”, dice en su Breve diccionario de la literatura paraguaya.

De sus piezas teatrales sobresalen tres de inspiración folclórica: Perú Rimá (1987), Hay tiempo para llorar y El grito del luisón (1972).

En la corriente histórica se ubican otras tres piezas que giran en torno al tema de la Guerra del 70 (también conocida como Guerra de la Triple Alianza) y que son: Procesados del 70, Elisa (1986) y San Fernando (1989), obra prohibida más de una vez en vísperas de su estreno (1975, 1989).

También es autor de Nuestros años grises, pieza estrenada en 1985, y de Función Patronal (1980), una novela costumbrista.

En su Diccionario de la música en Paraguay, Luis Szarán da cuenta de la relación con la música de González Delvalle, que “se debe a las zarzuelas y comedias musicales: Resedá (1960), La leyenda del urutaú (1961), Naranjera (1962), Ribereña (1963), El delegado, cañaveral, La morena del trigal, La canción del amor y otras, todas con música de Neneco Norton.

Como periodista, es de destacar su largo trabajo en el diario ABC Color, y su lucidez analítica e investigativa, lo que le llevó a recibir el Premio Vladimir Herzog, otorgado por entidades ecuménicas que trabajan en el amplio campo de los derechos humanos en América Latina.

Entre la crónica y la ficción

Antonio Carmona | Periodista y escritor

tonicar@gmail.com

273116_embed

Portada de la novela “Un viento negro”, de Alcibiades González Delvalle. Foto: Archivo ÚH.

Creo que el balance del premio es muy positivo, lo que se refleja en la premiación: a más del Premio Nacional, se le otorgó un premio especial a la obra Atajo, una tremenda novela de Esteban Cabañas, un merecido reconocimiento y homenaje literario a Carlos Colombino, y se concedieron tres menciones. Si uno lee las cinco obras premiadas, va a apreciar que hay calidad literaria. Y hubo muchas otras cuya lectura yo recomendaría sin dudar.

En primer lugar, debo decir que en el jurado hubo más que nada armonía, es decir, que se trabajó en forma positiva y con buena voluntad de entendimiento, tanto entre los profesionales como con los legisladores que acompañaron el trabajo. Así que no hubo muchas dudas sobre los textos elegidos, en las sucesivas reuniones de trabajo; proponiendo cada quien los textos que iban siendo seleccionados y con un debate rico, volviendo una y otra vez a considerar y reconsiderar las propuestas de cada uno, con mucho respeto y altura.

Un viento negro, que creo que todos los miembros del jurado ya habíamos leído antes de ser convocados por el Congreso, estuvo desde el comienzo en consideración, tanto por el interés que despertó, por la dramática denuncia que representa para desenmascarar la triste y trágica historia de la dictadura y no olvidarla, como por la fuerte instalación del género que se mueve entre la crónica y la novela, entre la documentación y la ficción, de fuerte arraigo americano que nos viene desde los Cronistas de Indias.

Esta novela creo que abre un camino en nuestra literatura, así como el que marcó Rodolfo Walsh, en Argentina, con Operación masacre.

* Carmona formó parte del jurado que otorgó el galardón a la novela de Alcibíades González Delvalle.

Más contenido de esta sección
El escritor y director creativo argentino estuvo en Asunción promocionando sus libros Justo ayer y Despoblados, dos obras que abordan la memoria, la infancia y los imaginarios del interior bonaerense.
Quizás valga la pena preguntarse en este punto por qué las pinturas y las películas de Enrique Collar han tenido tanto éxito en las últimas décadas. ¿Se deberá ésto a una reacción, a una pulsión identitaria en la renovación del imaginario humano y físico del Paraguay mestizo?.
El escritor y profesor de Literatura Pedro Peña estuvo en Paraguay presentando cuatro de sus libros. Uno de ellos, adaptado al cine.
En la exposición Cosas naturales inaugurada en BGN/ ARTE se plantea un recorte de la producción artística de los últimos años del artista Gustavo Benítez Galeano (Asunción, 1959). La muestra cruza el arte con la ecología y la artesanía, encontrando en un mismo espacio y tiempo diferentes técnicas, materiales, texturas y colores, interactúando entre dos núcleos temáticos, uno cósmico y otro térreo.
La inteligencia artificial ya no es simplemente una conversación sobre algoritmos ni sobre si los robots reemplazarán determinados empleos. Se ha convertido en el principal campo de disputa por el poder económico, político y tecnológico del siglo XXI.
Esta noche, cuando Paraguay y Estados Unidos salten al césped del estadio de Los Ángeles —el SoFi de Inglewood, California— por la primera fecha del Grupo D del Mundial 2026, el grupo que completan Turquía y Australia, los relatores repasarán el historial deportivo: aquel 3-0 norteamericano en Montevideo, en el Mundial inaugural de 1930, o el 2-1 del amistoso de noviembre pasado. Pocos recordarán que el verdadero primer enfrentamiento entre ambas naciones no se jugó con pelota.