Una semana atrás teníamos la idea de que la mayoría de los jóvenes universitarios estaban dominados por la apatía. Nuestra percepción era que continuarían indiferentes ante la corrupción institucionalizada en la Universidad Nacional de Asunción (UNA), puesta al descubierto por la prensa.
Pensábamos que, salvo algunos comunicados de ciertos centros de estudiantes, nada pasaría a mayores, por muchas razones: por temor a represalias, por la impunidad imperante, por el descrédito del sistema de justicia y del Ministerio Público y, porque en realidad, normalmente los que incurren en latrocinio pocas veces terminan en la cárcel y nunca devuelven lo robado.
En fin, seguramente hay muchas otras razones de fondo, pero la verdad, qué pocas esperanzas alentábamos de que pudiera darse, por fin, una primavera como la que estamos viviendo hoy en el ámbito de la universidad pública, y por acción de los jóvenes, a los que creíamos anestesiados e indiferentes hacia su propio entorno.
¡Pero qué bueno constatar que estábamos equivocados!
Los alumnos de la UNA, apoyados por estudiantes de otras universidades públicas y privadas, nos muestran desde hace más de una semana, que ese otro país, ese que está latente y se manifiesta en forma espasmódica, es posible.
Con el campus de San Lorenzo como epicentro, los universitarios nos están demostrando una extraordinaria organización, disciplina, nivel de debate, capacidad de articulación, de orden, de limpieza y de solidaridad en sus jornadas de resistencia. Algo pocas veces vista en el país (Marzo Paraguayo, celebración del bicentenario, visita del Papa).
Ellos y quienes se suman a la lucha que iniciaron quedan impactados al solo pensar que si todo el dinero público se administrara con honestidad, y se destinara a sus fines genuinos, el Paraguay tendría la mejor universidad pública, el mejor servicio de salud, el mejor servicio de transporte público, carreteras, escuelas equipadas, servicios de agua potable, docentes formados y ningún indígena mendigo, ni campesinos pobre.
Los alumnos de la UNA, y todos los que se suman a la causa de depuración total de la centenaria institución, despertaron la conciencia ciudadana y la esperanza de muchos compatriotas que hace tiempo vienen mirando con asco y desazón cómo unos pocos personajes inescrupulosos, voraces, antipatriotas y autoritarios devoran todo a su paso por las instituciones públicas, condenando al país al atraso.
Esta primavera que se está viviendo de mano de los jóvenes será plena si trasciende los límites del campus y se extiende como un viento fresco a toda la sociedad. Solo entonces, ese país posible podría emerger con toda su fuerza contenida.