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domingo 23 de octubre de 2016, 01:00

Se juegan las últimas cartas

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

El debate sobre la reelección presidencial es un espasmo que viene generando tensiones en todos los Gobiernos democráticos desde la caída de la dictadura en 1989. En 1992 la Convención Constituyente alumbró una nueva Carta Magna, el paraguas bajo el cual debía construirse la arquitectura legal del nuevo país. Con los miedos naturales después de una tiranía de 35 años legitimada con farsas eleccionarias cada quinquenio, los constituyentes echaron candado a los presidentes de la democracia estableciendo que "no podrán ser reelectos en ningún caso".

Como al general presidente Andrés Rodríguez le empezó a atacar la fiebre de la reelección, los constituyentes le cortaron las alas con la frase "se computará el actual periodo inclusive". De paso ampliaron la prohibición a su parentela.

Pero los presidentes de la democracia no lo entendieron así. Desde Wasmosy hasta Cartes, y puntualmente en el tercer año de mandato, todos empezaron a buscarle la vuelta a la traba constitucional para permanecer en el poder.

Enmienda o reforma era/es la cuestión. El debate constitucional se centraba en estos dos caminos, hasta que llegó la peculiar interpretación semántica de Fernando Lugo, quien decidió agregar más confusión planteando una tercera vía totalmente novedosa: que la prohibición constitucional afecta al presidente en ejercicio porque el verbo está en presente. Diseccionó el artículo y acomodó a su interés.

EL CRONOGRAMA CARTISTA. Como ya se sabe el plan oficialista camina sobre ruedas generando incertidumbre en el escenario político con fuertes efectos en todos los órdenes de la sociedad. El 29 se reúne la convención colorada y allí la mayoría oficialista aprobará la reelección de Cartes, e instará a los legisladores a aprobar la vía más conveniente.

En el guion cartista existen tres caminos: A) La enmienda, que es un tramo difícil porque no solo debe superar el escollo del Senado, sino el referéndum, con la polémica mediática sobre la ilegalidad porque la Cámara Alta ya se pronunció sobre el tema. Pero eso es asunto de números, como ya lo dijo el presidente. B) La reforma: esta tesis reflotó estos días, pero es la más compleja. Ya tienen saldado los requisitos: lo puede pedir el 25% de una cámara (para eso está Diputados) o 30.000 firmas (ya está el pedido en el TSJE gracias a la campaña del hijo fiscal del ministro Diógenes Martínez). Pero también el Senado es el escollo. La declaración de la reforma exige 30 votos. La oposición no tiene excusas para rechazar porque se adecua a su tesis de la vía de la reforma para la reelección, calcula ingenuamente el cartismo. Suponiendo que se apruebe, se deben hacer internas partidarias para elegir constituyentes y luego elecciones generales. Ningún partido que se oponga se embarcará en este costosísimo proyecto. Y, C) La tesis semántica de Lugo: si falla todo lo anterior, le queda la vía planteada del ex obispo presidente: Cartes renuncia y se pelea la interna. Y la izquierda no podrá decir ni mu porque su líder sostiene este argumento.

CONFUSIÓN EN LA OPOSICIÓN. La confesión pública de Cartes dejó sin resquicio de dudas sobre su intención, traicionando su posición repetida en numerosas ocasiones, en las que incluso calificó la reelección como inconstitucional.

Por ahora, los opositores ponen todas sus esperanzas en la Cámara de Diputados, donde empezó a gestarse otra multibancada para golpear a Cartes. La disidencia colorada logró convencer a 10 diputados. El plan es repetir la maniobra del Senado: presentar el pedido de reelección y rechazar, con lo cual cortan una pata al plan presidencial dejándolo sin la vía de la enmienda. Pero hay temor de que suceda lo contrario: que los oficialistas aprueben el proyecto antes de la convención.

"Diputados es como Normandía", pintó el cuadro de guerra un legislador. "Aquí ganamos todo o perdemos todo".

El tiempo es el peor enemigo para la disidencia, porque la guerra prolongada cansa y carcome lealtades. En Senado hay justo 23 votos. Solo uno debe escaparse para que se derribe la muralla. "Cada 24 horas estamos chequeando los votos", agregó en tono cansino otro opositor. Además empiezan los malestares en la alianza. Los liberales cuestionan a Lugo su tesis que entrega en bandeja a Cartes la reelección sin pasar por el tamiz del Congreso. Y a la izquierda le molesta la sobreactuación de Efraín Alegre y le culpan del fracaso de la negociación con los diputados. "Se embandera con el tema y eso ahuyenta a los colorados", confesó contrariado un izquierdista.

¿LA ÚLTIMA CARTA? A estas alturas, la oposición admite que frenar la reelección de Cartes es difícil, pero les queda un as bajo la manga: el presidente debe renunciar para competir. El artículo 202 de la Constitución en su inciso 16 señala que es atribución del Congreso "aceptar o rechazar la renuncia del presidente de la República y la del vicepresidente".

El freno a Cartes depende exclusivamente de la unidad de la disidencia.