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Opinión
domingo 9 de julio de 2017, 01:00

Institución, institución, institución

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

Durante la semana pasada, la mayoría de los programas de radio y de televisión dedicaron gran parte de su tiempo al análisis del informe de gestión presentado al Congreso Nacional por el presidente de la República, Horacio Cartes.

En casi todos estos análisis hubo consenso de que entre los aspectos positivos de la gestión de Cartes puede resaltarse la inversión en infraestructura y en viviendas y la implementación de la ley de acceso ciudadano a la información pública y transparencia gubernamental.

En los aspectos negativos hubo menos consensos, porque algunos resaltaron la inseguridad, otros la falta de empleo y no pocos los graves problemas en educación y en salud.

Suscribo gran parte de las conclusiones mencionadas anteriormente, pero en este breve espacio disponible quiero llamar la atención sobre un tema que ha salido en forma aislada en los diferentes programas, pero que a mi criterio no con la importancia que la misma se merece: las instituciones.

Siempre que analizamos al Paraguay tenemos que tener presente que como consecuencia de nuestra trágica historia y de los malos gobiernos que casi siempre hemos tenido, hoy el Paraguay se encuentra todavía en el nada honroso lugar de ser una de las naciones con menor desarrollo de América Latina.

Recordemos que con nuestro PIB per cápita de apenas USD 4.386 estamos muy lejos de los USD 16.709 de otro país pequeño como el Uruguay y destacando que solamente Bolivia –el país más pobre de Sudamérica– con USD 2.737 se encuentra por debajo nuestro.

Esta situación no es para deprimirnos sino para obligarnos a crecer más aceleradamente.

Y para crecer hoy existe un gran consenso entre los estudiosos del desarrollo de que la base son las instituciones fuertes y estables.

En un país democrático las instituciones son la Constitución y las leyes, que ordenan la conducta de la gente. Pero también son instituciones aquellas organizaciones que crean las leyes (el Legislativo), que la hacen cumplir (el Ejecutivo) y que sancionan a quienes no las cumplen (el Judicial).

Todos los países que se han desarrollado son países donde las leyes estimulan a invertir, innovar y crecer, pero donde al mismo tiempo existe un sistema de control y de sanción para aquellas personas que las violan.

Si observamos lo que ha ocurrido en el Paraguay desde el año 1992 a la fecha, vemos un tremendo deterioro de las instituciones de nuestra democracia, lo que está dificultando el desarrollo económico y social de nuestro país.

Observando a nuestro actual Poder Legislativo, donde vemos a algunos congresistas imputados, a otros representando a narcotraficantes y a varios haciendo gala de su ignorancia, qué falta nos hacen congresistas de la primera hora como un Dr. Waldino Ramón Lovera o un Dr. Evelio Fernández Arévalo.

Viendo a nuestro actual Poder Judicial que se ha convertido en una maquinaria de chantaje y de extorsión, qué falta nos hacen juristas de la talla de un Dr. Óscar Paciello o de un Dr. Raúl Sapena Brugada.

En esta semana de análisis de la gestión del presidente Cartes, podemos decir que su mayor logro ha sido la implementación de la ley de transparencia gubernamental, pero su mayor aplazo ha sido la falta de reformas institucionales.

Porque si tuvo la fuerza política en el Congreso para impulsar una ilegal enmienda constitucional, es inexplicable e imperdonable que no haya impulsado una desesperadamente necesaria reforma del Poder Judicial, la primordial entre otras varias reformas institucionales que están en espera.

Muchos dicen que si queremos el desarrollo la clave es: educación, educación, educación.

Yo quiero sumar a esa frase la también clave: institución, institución, institución.