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Opinión
sábado 3 de junio de 2017, 02:00

Diestros en el oficio de fingir

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

Pocas cosas les salen tan bien a los políticos paraguayos como la práctica del ñembotavy. Maestros en el arte de hacerse los desentendidos cuando el tema es poco conveniente para sus intereses, despliegan prodigiosas técnicas para eludirlo. Cuando se les habla del desbloqueo de listas su primer gesto es ponerse el útil lente hû.

La primera vez que se planteó la necesidad de modificar el sistema electoral para permitir que el elector pueda abrir el cepo de las listas sábana fue en 2002. Durante quince años hemos escuchado las más variadas objeciones a las distintas propuestas. Ha pasado tanto tiempo que algunas de ellas quedaron desfasadas, aunque se siguen usando hasta hoy. Así, continúan sosteniendo que la población no va a entender el uso de los aparatos informáticos, pese a que ahora casi todos usan su celular hasta para enviar giros de dinero.

Hace una década y media que nos dicen que hay tiempo para hacer cambios, que no se presentó a tiempo el proyecto, que es muy complicado, que va a tardar mucho, entre otras excusas. Porque no son más que eso: meras excusas para no modificar un esquema que permite disimular a impresentables en medio de una lista cerrada.

Simplemente no quieren tratar la idea, la esquivan, la postergan para alguna próxima elección, jamás la que viene. Y llegan al colmo de transformar esa desfachatez en otra excusa. Así, los colorados sostienen seriamente que no pueden acompañar el desbloqueo de listas mientras su partido no tome una decisión institucional. Algo que nunca va a suceder si no llegan a tener un poco de miedo al enojo de la ciudadanía. Lo de siempre, ¿vio?

Todo este tiempo apostaron a que la gente se canse y se olvide del desbloqueo. Pero pasó demasiado tiempo y las excusas terminaron por agotarse. Las de ahora son francamente ridículas. Dicen que la Justicia Electoral no podrá cumplir con los plazos para implementar los cambios en las internas de diciembre. Curiosamente sí podía organizar las elecciones del referéndum sobre la enmienda en tiempo récord. Dicen que el costo de la tecnología necesaria es superior a los cincuenta millones de dólares, cuando según el estudio de los alumnos de la Facultad Politécnica de la UNA costaría diez veces menos y brindaría mayor seguridad.

Sería bueno que estos artistas del disimulo se percaten de la impaciencia colectiva y se resignen a hacer los cambios. El elector quiere mayor poder de decisión y se está cansando de reclamarlo por las buenas. Alguna vez los parlamentarios deberían brindarnos la sorpresa de votar lo que pide el pueblo sin necesidad de llegar al insulto, las protestas y los escraches. Cuando eso suceda, podremos empezar a pensar en otro objetivo pendiente: la ley de financiamiento político. Ya le llegará el turno. Por ahora llevamos quince años luchando por la del desbloqueo.