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Especiales
domingo 13 de agosto de 2017, 11:27

¿Cómo hago que mis hijos coman verduras?

El consumo de alimentos saludables y, especialmente, de verduras puede volverse un problema para muchas familias, pues hay niños que las rechazan directamente o que se resisten a probar algunas de ellas. Sin embargo, estas son fundamentales para un buen desarrollo, ya que son fuente de nutrientes indispensables para la salud.

Por Karen Núñez – Twitter @karencitanunez

Una serie de recomendaciones para que los niños aprendan a consumir verduras brinda la nutricionista Nancy Duerksen de Lara, que compartimos a continuación. Estos conceptos serán de mucha utilidad para las familias que buscan lograr una alimentación más saludable.

Los padres deberían aprovechar cada oportunidad que se presente para enseñar a sus hijos a comer de manera saludable, afirma la profesional en su libro Más de 100 Ensaladas de Verduras Frescas y Saludables. Primeramente, los adultos deben enseñar con el ejemplo, es decir, alimentándose ellos mismos de manera saludable y conversando con los niños acerca de las propiedades de los alimentos que consumen.

Los niños deben saber por qué son buenas las verduras, es decir, saber que el cuerpo necesita vitaminas y que las verduras son ricas en ellas. Es importante explicar a los niños las propiedades de los alimentos que se sirven y repetirlo constantemente, porque "algunas cosas hay que escucharlas muchas veces para creerlas".

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No es recomendable ejercer demasiada presión ni forzar al niño a que coma. Se debe mantener la calma con aquellos niños que rechazan sistemáticamente las verduras.

Se debe evitar acostumbrarlos con alimentos chatarra o los famosos snacks envasados (galletitas, papas fritas, etc.), que contienen ingredientes químicos que intensifican el sabor, además de colorantes, conservantes y muchas calorías.

"Si desde temprana edad, un niño es alimentado con los alimentos comerciales, lógicamente, va a seguir requiriendo comidas con un sabor intenso, debido a que sus papilas gustativas se formaron acostumbradas a esa intensidad. Si un niño, por ejemplo, merienda galletitas comercializadas, que son una delicia o incluso un festín para sus papilas gustativas, no le atraerán las papas del almuerzo por parecerles insípidas".

Los alimentos envasados, por su presentación atractiva y sabores intensos, "tientan al niño a comer de más" y es fácil que confundan el apetito con hambre y rechacen alimentos con sabores menos intensos, como es el caso de las verduras.

Si un niño puede elegir entre una gran variedad de alimentos, probablemente va a decidirse por aquellos que le gustan más y no necesariamente serán los más alimenticios. Por ello, es fundamental que lo que abunde en las alacenas, en la heladera y en la mesa familiar sean alimentos saludables. "Los alimentos que no están en casa tampoco están disponibles para comerlos", advierte Duerksen.

Una estrategia podría ser invitar a los niños a cocinar y a comer junto con otros amigos, ya que los niños imitan a otros niños.

También podría ser útil tener un sistema de recompensa para premiar al niño cuando se anime a probar comidas nuevas. Los premios no tienen que ser cosas materiales, necesariamente, sino que pueden ser cosas como un paseo en bicicleta o una noche de lectura de una historia larga.

Por supuesto, el ejemplo es fundamental, por lo que los niños también deberían vernos probar alimentos nuevos. "En viajes o en el restaurante siempre se tendrá la oportunidad de probar ensaladas de verduras diferentes de las que se conocen en casa. Eso lo deberías aprovechar e inspirar a tu familia a hacer lo mismo. Podría ser el comienzo para vencer los prejuicios", recomienda la licenciada.

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La profesional explica que, por lo general, un niño tiene al menos una o dos verduras que son de su agrado, lo que debe tenerse en cuenta. "Esas verduras preferidas pueden servirse tres veces por semana, con las comidas principales", sugiere, pero "durante el resto de la semana se debería pedir al niño que coma al menos dos o tres cucharadas de las otras verduras, aún cuando no le guste".

En el caso de niños pequeños, las ensaladas no deben ser condimentadas con especies muy picantes, como pimienta, ajo o cebollas picantes.

Hay que tener en cuenta que es normal que durante ciertos periodos los niños sean muy selectivos con los alimentos. Mientras ello ocurre, hay que seguir ofreciéndoles platos saludables y variados, y tener paciencia.

La presentación también es importante. "Con algunos pequeños detalles se puede embellecer la ensalada" hacer que la comida se vea más atractiva.

Por último, no debemos cansarnos de ofrecer verduras a nuestros hijos. Aunque el esfuerzo lleve años, no debemos renunciar, porque el resultado vale la pena.

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