13 may. 2026

Voto preferente: La reforma que fortaleció el statu quo

Con las elecciones municipales en el horizonte, conviene reflexionar sobre las reglas electorales y su vínculo con la representación. En el pasado reciente, el voto preferente se instaló como la “bala de plata” que eliminaría a los “indeseables” de nuestra representación. Esta reforma, alimentada por la promesa de democratizar la elección y permitir al electorado –cual mercado perfecto– seleccionar a los mejores de cada lista, recibió un amplio apoyo como pocas veces se ha visto. Pero este apoyo genuino fue ingenuo.

Durante más de una década, fue el leitmotiv de varios sectores que incluían a partidos hidropónicos y organizaciones de la sociedad civil. Muchos esperaban que este cambio debilitase a los partidos tradicionales y, especialmente, la preeminencia colorada. Décadas de malos gobiernos, escándalos de corrupción y baja calidad de representación presionaron para que se realizara un cambio en la arquitectura institucional y la realidad política se transformara. En ese marco se apostó por los presupuestos normativos del voto preferente. Pero, como diría Hegel, si la teoría no se adapta a la realidad, “peor para la realidad”.

La ciencia política nos enseña que las instituciones no operan en el vacío; están mediadas por un contexto, por actores que buscan adaptarse y por instituciones informales que le dan sentido a las formales. Paraguay cuenta con dos partidos altamente arraigados a la sociedad –partidos rizomáticos– permitiéndoles reservar y distribuir recursos sobreviviendo a situaciones complejas. No hay soluciones mágicas; cualquier cambio encontrará a estos partidos del cretácico con la genética necesaria para adaptarse.

Los datos estadísticos de las últimas municipales no dejan dudas. La ANR fue el partido que mayor ventaja sacó a la reforma y aumentó su rendimiento en cerca de veinte puntos con relación a los partidos menores e independientes, y trece respecto al PLRA. Asimismo, a nivel de la votación preferencial, sus candidatos tienen casi tres veces más votos que los sectores minoritarios. El PLRA, con su histórica resiliencia, supo mantener su caudal electoral casi en la misma proporción. Por el contrario, los que más perdieron fueron precisamente las agrupaciones menores.

¿Por qué pasó esto? Porque el voto preferente modificó la forma de competir intra y extrapartidaria haciéndola más individualista. Esto obligó a que cada candidato desarrollara su propia máquina electoral: Operadores, punteros, logística, mesarios y recursos para la asistencia directa, encareciendo y personalizando la campaña. Asimismo, la competencia con los compañeros de lista fortaleció el mecanismo de vinculación clientelar, focalizando la oferta en los territorios dominados. La ANR, al ser dominante en el territorio, con sus seccionales y organización a nivel nacional, absorbió las nuevas reglas con mayor eficiencia. El PLRA, que también cuenta con organización de base, logró resistir. En concreto, los partidos tradicionales simplemente se adaptaron para capitalizar los nuevos incentivos. Los demás, al carecer de estructura de base, quedaron indefensos ante la maquinaria territorial.

Jugar a los dados institucionales es una afición peligrosa cuando se descuida el contexto. La baja valoración de las ciencias sociales hace que a menudo se ignore a los politólogos, sociólogos e historiadores al diseñar estas soluciones, prefiriendo la fe en la ingeniería legal. Así, la reforma no cumplió con las promesas de sus impulsores y reafirmó el dominio de aquellos que ya controlaban el juego.

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