14 jul 2026

Vivir enrejado no es la solución para combatir la inseguridad, dice experto

El arquitecto Jorge Rubiani mencionó que aunque las rejas sean utilizadas para mayor seguridad, “el ladrón no las teme, solo necesita tiempo para desmantelar todo lo que tenga enfrente”.

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Sensación. El enrejado en las viviendas brindan una sensación de seguridad y protección.

La inseguridad nos lleva a replegarnos al espacio privado, a huir a zonas supuestamente más tranquilas o tomar algunas medidas de seguridad como la colocación de enrejados, pero estos no son la solución e incluso agrava más el problema central.
La calidad de vida de la gente no puede depender de guetos custodiados por rejas, murallas, alarmas y cámaras.

Al respecto, el arquitecto, escritor e historiador Jorge Rubiani nos muestra que cuando uno se protege demasiado, se confía en la protección que uno se prodiga y se distiende de la alerta máxima que uno debe tener en estos tiempos y todo el tiempo. “La gente cree que cuando el ladrón ve rejas, dice bueno ‘ape ndaikatumohai aike’ (acá no voy a poder entrar); sin embargo, el ladrón piensa enseguida cómo puedo superar esa reja”, refirió.

Antes, las rejas eran instaladas para embellecer las viviendas, hoy son utilizadas para supuesta seguridad, aunque “el ladrón no muestra miedo a las rejas, solo necesita tiempo para desmantelar todo lo que tenga enfrente”.

Rubiani detalló que el enrejado o las murallas altas son casi una demostración de hostilidad al vecindario, a la calle, al conciudadano.

En este sentido, rememoró que mucho tiempo atrás, las casas estaban siempre abiertas. “Era una manifestación de desconfianza y hostilidad que la puerta de la calle de una casa estuviera cerrada”, indicó.

Luego aclaró que lo que tenían las viviendas al pasar el zaguán era una “puerta cancel”, que servía exclusivamente para evitar la visual al interior de la casa, no para impedir la entrada de la gente.

También explicó que las políticas de seguridad deben ser vistas como lo que sucede en el tránsito, donde “nadie está seguro si todos no estamos seguros”. Otro elemento que mencionó Rubiani es que el anonimato es la principal fuente de violencia y de delincuencia. “Cuando alguien va a cometer un hecho piensa que no le conoce a nadie y, por otra parte, cuando no le conocemos a nadie, la posibilidad de que nos ocurra cualquier cosa está abierta”, reflexionó.

Ejemplificó al vidrio polarizado, el cual está prohibido en nuestro país, pero todos lo usamos y nadie dice nada. “Tuve entrevistas con gente de la Cadam y todos los vehículos importados vienen con un polarizado legal, que es suficiente para filtrar el calor de afuera, pero para permitir ver lo que pasa afuera y lo que pasa adentro. Aquí ha habido violaciones en vehículos estacionados en el microcentro porque tenían vidrios polarizado negro”, apuntó el historiador.

Sobre el punto, la ley prevé la utilización de láminas polarizadas de una tonalidad de hasta cinco por ciento de transparencia en los vidrios laterales y trasero y hasta 35% de transparencia para el parabrisas delantero.

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Estética. La belleza de las rejas también cambiaron, ahora se instalan cercas con cuchillas.

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